Serena Williams desafía al tiempo
La campeona que cambió el tenis regresa a los 44 años, cuatro después de su último partido, para medirse a una generación que creció admirándola en la televisión y se forjó bajo su influencia
El tenis femenino trataba de acostumbrarse a vivir una nueva era marcada por la jugadora que transformó los límites, la figura que establecía un antes y un después en la historia, la de su presencia en la competición. Pero desde la sombra y el silencio del foco mediático, se gestaba un regreso que pocos vieron venir. Cuatro años después de su despedida, aunque siempre fue prudente y jamás quiso emplear el término ‘retirada’,Serena Williams, posiblemente la mejor tenista de todos los tiempos, volverá al circuito profesional. La ganadora de 23 títulos de Grand Slam regresa a las pistas a los 44 años con una cuestión que invade la escena: ¿cuál es su objetivo?
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La noticia ha saltado con la fuerza con la golpeaba la pelota en sus mejores tiempos. Es el retorno de la mujer que cambió para siempre la manera de jugar, de entrenar y de entender el tenis femenino. La jugadora que construyó su imperio abrazada a la potencia, la ventaja decisiva frente a rivales que cimentaban sus carreras en la resistencia y la regularidad. Armada por una poderosa fachada, la misma que la condujo a ser la número 1 pero que también la flageló. “Fue difícil porque cuando jugaba, mi cuerpo era diferente: tenía pechos grandes y un trasero enorme”, evoca en una entrevista concedida a Net-A-Porter.
“Las otras eran superplanas, superdelgadas y hermosas, pero de una manera diferente. Y yo, como atleta, no entendía cómo lidiar con eso. Me pasó factura mentalmente. Crees que eres grande toda la vida y miras atrás y piensas: ‘Estaba en forma’. Sí, tenía músculos grandes. No me parecía a las otras chicas, pero no todas somos iguales”, recuerda. La gran diferencia era que ella dominaba el circuito.
Regreso en dobles, ¿el impulso para individuales?
Su irrupción en el cuadro de dobles del torneo de Queen’s, en Londres, junto a la canadiense Victoria Mboko, de 19 años, es el símbolo de la fractura generacional. Cuando Serena conquistó su primer Grand Slam en el Open de Estados Unidos de 1999 –el último fue en 2017, en Australia–, Mboko ni siquiera había nacido. La próxima semana compartirán pista en un circuito donde muchas de las rivales actuales crecieron viendo vídeos de la estrella estadounidense en YouTube o escuchando relatos sobre una heroína legendaria que parecía invencible.
Porque cuando Serena abandonó la práctica tras el US Open de 2022, detrás quedaron para la memoria sus 23 trofeos de Grand Slam, sus 73 títulos individuales y sus 319 semanas al frente de la clasificación mundial, además de una influencia que trascendió de las incomparables estadísticas. El legado quedó para quien la quisiera conocer, pero también para quien quisiera competir, porque el tenis femenino quedó transformado para siempre, y las siguientes generaciones están obligadas a rendir culto a la estadounidense con estilos más agresivos y potentes.
En los últimos meses fueron apareciendo señales. El portavoz de la Agencia Internacional de Integridad del Tenis, Adrian Bassett, aseguró para el New York Times que Serena había solicitado inscribirse en el organismo, un requisito imprescindible para poder competir en el circuito profesional al ser el que supervisa los controles antidopaje. “Quiere estar de vuelta en el sistema. No sé si esto quiere decir que va a volver o si quiere darse esa oportunidad. Lo único que puedo decir es que está de vuelta en el sistema y tendrá que registrar sus localizaciones”, reveló. Desde la inscripción deben transcurrir seis meses para poder competir. Su incorporación al sistema se produjo el 6 de octubre, por lo que desde abril de 2026 Williams podía volver a competir.
Negó que fuera a volver a competir
En paralelo, Serena ha llevado a cabo una transformación física. Según ha confesado, presenta 14 kilos menos que cuando colgó la raqueta. Se la ha podido ver entrenando con dureza. Sin embargo, insistía públicamente en que no pensaba volver. Negaba cualquier posibilidad. “Dios mío, no voy a volver, esto es una locura”, expresó tras las declaraciones de Bassett que dispararon los rumores. Como tantas veces a lo largo de su carrera, eligió controlar los tiempos hasta el último momento.
Ahora la incógnita es otra. Su regreso está confirmado. Estará en Queen’s y ha solicitado invitaciones para Berlín y Wimbledon. La capacidad competitiva de Serena está fuera de toda duda, pero las incógnitas se centran en el nivel que puede ofrecer a su edad y tras cuatro años apartada. También existe incertidumbre sobre la dimensión real de este nuevo proyecto.
En Londres llevará a cabo la primera prueba, de máxima expectación. Un examen particular ante la mirada del mundo. Un espectáculo público. La elección de competir en dobles se intuye como una prudente prueba para medir sus capacidades, lo que por otro lado puede dar a entender que no está segura de sus posibilidades en el cuadro individual. El dobles reduce la exigencia física, permite recuperar sensaciones y ofrece información valiosa antes de tomar decisiones mayores. Y es que el fondo de la cuestión no es si puede competir, que lo hará, sino si es capaz de ganar. Si lo es, si se siente bien, los dobles podrían ser el impulso para el salto al individualismo.
Para Patrick Mouratoglou, entrenador de la estadounidense a lo largo de una década, la respuesta es clara: jamás volvería a la competición para adoptar un papel secundario. “Cuando Serena desea algo y se entrega por completo, pocas cosas son imposibles. Así que supongo que, si piensa en su regreso, solo lo hará si cree que puede competir con las mejores; de lo contrario, no lo hará. Es su mentalidad”, pronunció el preparador para Express Sport. Desde sus inicios, Serena solo contempló dos caminos con una misma meta: ganar o seguir trabajando hasta ganar. No existen puntos intermedios en una trayectoria construida alrededor de la excelencia.
Un circuito moldeado por su influencia
No obstante, el escenario que encontrará será radicalmente distinto al que dejó. El tenis femenino vive una nueva etapa principalmente dominada por la potencia de Aryna Sabalenka, la consistencia de Iga Swiatek, la versatilidad de Elena Rybakina y la consolidación definitiva de Coco Gauff. Es un circuito más físico, profundo y competitivo. De ahí que nadie domine con la claridad con la que lo hizo ella. Paradójicamente, muchas de esas jugadoras son herederas directas de la propia Serena. La agresividad desde el fondo de pista, la búsqueda constante del golpe ganador y la preparación atlética forman parte del modelo que ella impuso. Y ahora deberá enfrentarse a una generación moldeada por su propia influencia.
El factor biológico será determinante. La referencia histórica más cercana es Martina Navratilova, que se retiró en 1994, regresó en el 2000 en dobles y en 2004 en individual, una vez superada la barrera de los cuarenta, y prolongó una carrera extraordinaria hasta los 48, cuando dijo adiós tras ganar el US Open de 2006 en dobles mixto.
Aun así, el reto que afronta Serena presenta una dificultad superior por la evolución física actual. Quizá por eso su regreso genera tanta fascinación. La posibilidad de observar hasta dónde puede llegar una deportista que durante años convirtió lo imposible en rutina resulta atractiva. “No estoy preocupada por cómo va a jugar. Suele jugar con frecuencia. La calidad de sus golpes aún sigue ahí”, avanzó Venus Williams en unas declaraciones a TNT Sports. Serena Williams competirá frente a rivales, pero también será un desafío contra el tiempo.