Las Vegas convirtió el dopaje en espectáculo. Bajo una estructura improvisada en el aparcamiento de un hotel casino, entre focos de neón, música electrónica y millones de dólares en premios, nacieron oficialmente los Juegos Mejorados, una competición diseñada por un grupo de multimillonarios ultraliberales que pretendía desafiar los límites del modelo tradicional del deporte mundial respaldados por el negocio de los fármacos. Los Enhanced Games prometían una lluvia de récords, artificiales por supuesto, ya que el dopaje se presentaba como el turbo para acelerar hacia nuevas plusmarcas alejadas de cualquier supervisión de los organismo tradicionales, las federaciones, el Comité Olímpico Internacional, la Agencia Mundial Antidopaje, etc. La misión, como apuntaban desde la organización, era la creación de una nueva generación de superhombres. Cócteles andantes de testosterona, hormona del crecimiento, péptidos y EPO. Las Vegas ofrecía barra libre.

El resultado, sin embargo, estuvo muy alejado del cartel promocional del evento, cuyo origen se remonta a dos años atrás, cuando se anunció la creación de los Juegos Mejorados de la mano de personas como Aron D’Souza, Christian Angermayer, Peter Thiel o Donald Trump Jr., inversores que promovían la eliminación de las regulaciones convencionales concediendo a la ciencia los límites de la capacidad del ser humano. Doce de los 42 deportistas participantes en los deportes de natación, atletismo o halterofilia lograron sus mejores marcas personales, pero el términos generales se puede hablar de fiasco tras la atención acaparada con eslóganes de promesas inalcanzadas. La cita dejó una conclusión incómoda: los récords limpios de sospechas resistieron. Solo cayó uno, que será reconocido oficialmente.

El único récord batido

La organización informó de los niveles de dopaje de los participantes. El 91% empleó testosterona, el 79% recurrió a la hormona del crecimiento, el 62% empleó Adderall y el 41% consumió EPO. Es decir, 36 de los 42 participantes compitieron dopados. Solo el griego Kristian Gkolomeev fue capaz de registrar un nuevo récord mundial al detener el cronómetro en 20,81 segundos en los 50 metros libre, rebajando el 20,88 que ostenta desde el pasado marzo el australiano Cameron McEvoy. Cabe apuntar que además de dopado, Gkolomeev también se vistió con un bañador de poliuretano que la natación internacional tiene vetado desde hace años al considerarse una forma de dopaje tecnológico. Por cierto, no se vieron marcas de ropa deportiva más allá del logotipo de los Enhanced Games, quizá porque ninguna quiso ser asociada a este proyecto.

Gkolomeev, autor del 87º mejor tiempo de la historia en condiciones legales, fue el único que se llevó el millón de dólares acordado para cada nueva plusmarca mundial. Los ganadores de las pruebas se embolsaron 250.000 euros. Cifras alejadas de los premios que entregan los organismos tradicionales; World Athletics, por ejemplo, concede 100.000 dólares por un nuevo récord mundial de atletismo. “No está nada mal. Esto va a cambiar mi vida para bien, sin duda. Es una gran ayuda para mí y mi familia. Y sí, voy a continuar el año que viene. Quizás lo vuelva a lograr”, celebró el nadador griego.

Deportistas sin dopaje ganan a dopados

Los Juegos Mejorados vendían una nueva era del rendimiento, pero algunos de los triunfos más simbólicos llegaron precisamente desde atletas que aseguraban competir limpios. El estadounidense Hunter Armstrong, campeón en Tokio 2020 y París 2024, ganó los 50 metros espalda sin doparse frente a rivales potenciados químicamente. Se quedó a 0,21 de la plusmarca alcanzada en 2023 por el ruso Kliment Kolesnikov. El evento necesitaba demostrar que el dopaje podía reescribir el deporte. Pero el experimento terminó evidenciando que el rendimiento extremo no depende únicamente de la química.

Uno de los momentos surrealistas llegó de la mano de Fred Kerley. El velocista estadounidense, campeón mundial de 2022, doble medallista olímpico, pero suspendido por incumplir protocolos antidopaje, aseguró que se presentaba sin haberse dopado. Lo cual resulta contradictorio. El caso es que la organización promocionó el evento con un mensaje que hacía pensar que alguien estaría en condición de batir a Usain Bolt. “Es el hombre más rápido del mundo. Ha batido el récord de Usain Bolt en los 100 metros. Pero el mundo no está preparado para él. Los Juegos Olímpicos lo odian. Ha sido vilipendiado. Será reivindicado. Ven a verlo competir en los Juegos Olímpicos Mejorados”. Kerley, que proclamó “el récord del mundo va a ser destrozado”, completó el hectómetro en 9,98, lejísimos de los 9,58 que Bolt protagonizó en 2009 y también de los 9,76 que es su marca personal. Si bien, se impuso a otros velocistas dopados al ganar la carrera.

En la prueba de los 100 metros lisos femenina, la barbadense Tristan Evelyn también venció sin sustancias dopantes ante sus oponentes. Aunque detuvo el crono con un tiempo de 11,25, muy distanciada de la élite mundial, que está fijada desde 1988 por los 10,49 de la estadounidense Florence Griffith-Joyner.

La halterófila dominicana Beatriz Pirón, presentada como uno de los grandes reclamos, falló en sus intentos de levantar 100 kilos en arrancada. La colombiana Leidy Solís tampoco se acercó a registros históricos. El islandés Hafthor Björnsson, célebre por interpretar a La Montaña en la serie Juego de Tronos, fracasó en su intento de levantar 515 kilos en peso muerto, que era su mejor marca y a la vez el récord mundial.

Ni el dinero, ni la farmacología, ni el marketing consiguieron fabricar la avalancha de récords que prometían. Tampoco lograron atraer una audiencia masiva. La retransmisión apenas reunió a decenas de miles de espectadores en plataformas digitales pese a la enorme campaña promocional llevada a cabo.

Las instalaciones donde se desarrollaron los Juegos Mejorados, situadas en el aparcamiento de un hotel-casino de Las Vegas. Enhanced Games

"Tenemos muchos más años por delante para romper récords"

El millonario alemán Christian Angermayer dio la cara sin aceptar una derrota. Al contrario: avanzó nuevas ediciones de los Juegos Mejorados. “Sé que algunas personas esperaban que rompiéramos muchos más récords mundiales. Pero como siempre en la ciencia, la línea base importa. Tenemos muchos más años por delante para romper récords mundiales, uno por uno, y lo haremos. Apenas estamos comenzando. Pero los récords mundiales ni siquiera son mi parte favorita; lo que más me inspira es el impulso humano por convertirse en la mejor versión de nosotros mismos”, proclamó.

Y es que bajo la idea de los Juegos Mejorados subyace la industria farmacológica. El certamen no dejó de ser un escaparate para el supermercado, un instrumento comercial. De hecho, se muestran cuasimesiánicos: “No es solo un evento deportivo. Es un movimiento. Un movimiento para ayudar a cada ser humano a convertirse en la mejor versión de sí mismo”.

Los Enhanced Games nacieron para desafiar el orden establecido y probablemente lo hayan conseguido. No han cambiado el deporte en términos competitivos, pero han instaurado el debate con una competición que se antojaba inverosímil hace no tanto al tratarse de una promoción del dopaje. En Las Vegas prometieron construir atletas del futuro, “superhombres”, pero de momento solo han dejado un récord sin validez y la sensación de fracaso en esa búsqueda de los límites del ser humano.