El Deportivo Alavés femenino continúa saboreando su histórico ascenso a Liga F. En esta ocasión, lo hizo desde la palabra. La Sala VIP de Mendizorrotza acogió el coloquio “De reto a realidad: el ascenso a Liga F”, un encuentro en el que la entrenadora Andrea Esteban y las jugadoras Itziar Gastearena, Inés Altamira y Sofía Fuente desgranaron ante la afición albiazul las claves de una temporada que ya forma parte de la historia del club.
Con un tono cercano pero sin perder el rigor competitivo, las protagonistas coincidieron en una idea: el ascenso es la consecuencia de un proceso largo y sostenido. “No es algo puntual. Es trabajo de mucho tiempo, de creer en lo que se hace y mantener una línea”, explicó Andrea Esteban, pieza fundamental en la consolidación del proyecto.
Fuerza del grupo
El vestuario, como no podía ser de otra manera, centró buena parte del discurso. Itziar Gastearena puso el acento en la fortaleza del grupo: “Hemos sido un equipo en todos los sentidos. Cada una ha entendido su papel y eso ha marcado la diferencia”. Una idea que resume el ADN de un bloque que ha sabido competir desde la cohesión.
Inés Altamira, por su parte, destacó uno de los equilibrios clave del equipo: la convivencia entre juventud y experiencia. “La mezcla ha sido muy positiva. Había momentos en los que hacía falta calma y otros en los que la energía de las más jóvenes empujaba al equipo”, señaló, poniendo en valor la complementariedad dentro de la plantilla.
“Cada una ha entendido su rol dentro del equipo ayudando a mejorar el vestuario”
Gestión emocional
En el plano emocional, Sofía Fuente no escondió la exigencia vivida durante el tramo decisivo del curso. “Había nervios, pero también mucha confianza. Sabíamos que dependía de nosotras”, apuntó. Esa capacidad para gestionar la presión fue, a su juicio, uno de los factores diferenciales en la consecución del objetivo.
El relato del día del ascenso puso el broche emocional al coloquio. Nervios en la previa, tensión durante el partido y una explosión de alegría al final. “Fue una liberación. Un momento de orgullo después de todo el trabajo”, resumió Fuente. Gastearena, en la misma línea, habló de recompensa colectiva: “Te acuerdas de todo lo que has pasado para llegar ahí”.
Desde el banquillo, Andrea Esteban quiso subrayar la madurez competitiva de sus jugadoras. “Han demostrado personalidad en momentos de máxima presión. Eso no se entrena de un día para otro”, afirmó, destacando la evolución del equipo a lo largo de la temporada.
Más allá de los resultados, las Gloriosas han construido su éxito sobre una base reconocible: compañerismo, esfuerzo y ambición. Valores que, como insistieron las protagonistas, deberán mantenerse en la nueva etapa que se abre de cara al año siguiente en la máxima categoría.
“El ascenso fue una liberación y un momento de orgullo para todas nosotras”
Porque el foco ya está en Liga F. El reto será mayúsculo, pero el discurso es claro. “Queremos seguir creciendo, competir y no perder nuestra identidad”, aseguró Esteban. Un mensaje que comparte el vestuario, consciente de que el salto de nivel exigirá dar un paso más en todos los sentidos.
La afición, que respondió a la cita llenando la Sala VIP de Mendizorrotza, pudo así poner rostro y voz a un logro que trasciende lo deportivo. El ascenso de las Gloriosas no es solo un éxito puntual, sino el reflejo de un proyecto sólido que ha sabido crecer desde la base.
El balón ya apunta a la élite. Y el Alavés femenino, con las ideas claras y el grupo como bandera, se prepara para competir entre los mejores.
El coloquio también dejó espacio para la cercanía con los aficionados, que pudieron trasladar sus preguntas y compartir impresiones con las protagonistas. En un ambiente distendido, se reforzó el vínculo entre equipo y grada, un aspecto que desde dentro consideran clave para afrontar la nueva etapa.
“Teníamos claro nuestro objetivo y no nos desviamos del camino hasta cumplirlo”
El reto deportivo es exigente, pero el mensaje que dejó Mendizorrotza es claro: este equipo no entiende de límites cuando compite desde la unión y la convicción. Una base sólida para mirar al futuro con ambición.
El camino no termina aquí y el vestuario es consciente de que lo más difícil está por venir, pero también de que la identidad construida será su mayor fortaleza en la élite.