- La Itzulia de 2022 no es la primera ni la segunda que Ion Izagirre (Ormaiztegi, 1989) prepara en las faldas del Teide canario. El ciclista guipuzcoano atiende la llamada de este periódico recién aterrizado de Tenerife, mirando con ilusión a la carrera de casa después de un invierno que ha implicado cambio de equipo para él. El azul turquesa del Astana pasa a mejor vida en beneficio del maillot rojiblanco del Cofidis, escuadra con la que Izagirre ya se ha plantado en la salida de tres pruebas por etapas: Algarve, Galicia (O Gran Camiño) y París-Niza. Poco a poco, su rendimiento va creciendo, dentro de un camino no exento de dificultades.

Veo que ha optado de nuevo por una concentración en altura.

-He viajado a Canarias estos últimos años en las fechas actuales, y pienso que siempre me ha venido bien. Me encanta entrenar por allí: hay buenas carreteras, el tiempo acompaña, tenemos varios puertos y subidas para probarnos... Es una zona idílica para el ciclista.

¿Y luego su cuerpo responde cuando ‘baja’ a la altura del mar? A muchos corredores les cuesta.

-Cada metabolismo es un mundo. No todos los ciclistas respondemos igual a los mismos estímulos de entrenamiento. En mi caso, no suelo tener problema al volver de la altura. Pero por si acaso sí que me gusta competir en el Gran Premio Miguel Indurain (mañana sábado), dos días antes de la Itzulia, para quemar un poco de carbonilla y adquirir ritmo de competición. Hay que tener en cuenta que desde el final de la París-Niza hasta la primera etapa de País Vasco hay tres semanas enteras, mucho tiempo sin correr. Históricamente, me ha funcionado lo de volver de Canarias el miércoles o jueves previo a la Itzulia y disputar en medio la prueba de Lizarra.

Rebobino unos meses en el tiempo y le pregunto por su cambio a Cofidis. ¿Cómo se dio?

-Cuando a uno se le acaba el contrato, como me pasaba a mí en el Astana, el mercado comienza a moverse y van surgiendo ofertas y opciones. Recibí la del Cofidis, me interesó y pregunté a los compañeros y amigos que tenía dentro del equipo: los hermanos Herrada, Rubén Fernández, el técnico Bingen Fernández... El proyecto del que me hablaron fue de mi agrado y aquí estamos ahora.

Los principales responsables del equipo defendían que necesitaban otro líder.

-Sí, es lo que me comentó a mí Cédric (Vasseur, el mánager general). El Cofidis venía jugando siempre las cartas de Guillaume Martin y de Jesús Herrada, y me dijo el propio Cédric que les hacía falta otro líder para las carreras por etapas de una semana. Confiaron en mí para ello y de momento ya he jugado ese papel en las pruebas que he corrido.

¿Qué tal ha sido el aterrizaje en la nueva estructura? Recala en un equipo francés desde una escuadra más internacional como el Astana.

-Hombre, es cierto que, cuando uno escucha Cofidis, piensa automáticamente en un equipo francés, como tú dices. Pero el ciclismo está muy globalizado ya. Tengo compañeros de nacionalidades muy diversas, y además el espónsor cuenta también con intereses comerciales en España. Mira el dinero que Cofidis invierte en la Vuelta o en la selección. Es posible que esto también haya influido en mi fichaje. ¿Que cómo he aterrizado? Bien, bien. Pese a lo que te explicaba ahora, también estoy aprendiendo algo de francés, porque hay un núcleo de corredores y técnicos locales, y así puedo integrarme mejor.

¿Les insisten los directores en el asunto de los puntos UCI y de las licencias World Tour?

-Cuando comenzó la temporada, hablamos sobre la renovación de esas licencias al final de 2022 y también sobre la situación del Cofidis. No andamos sobrados de puntos, y terminar el año entre los 18 mejores del mundo para seguir en el World Tour significa un gran objetivo. Pero, una vez que han arrancado ya las competiciones, no comentamos tanto la situación: tenemos claro cuál es nuestra meta y qué necesitamos para conseguirla.

Quería repasar con usted su inicio de curso, comenzando por Algarve. Abandonó tras verse involucrado en una caída durante la segunda etapa.

-Hubo una montonera en el pelotón. Tampoco es que fuéramos muy rápido, pero puse la mano para protegerme de la caída y la metí en la rueda del ciclista que tenía delante. Me hice cortes bastante profundos y aparatosos en los dedos, y me asusté por cómo podían quedarme los tendones y la movilidad de la mano. Al fin y al cabo, tienes que llevarla apoyada en el manillar durante muchos kilómetros y por eso optamos por abandonar, pero no sufrí lesiones importantes. Solo una semana después, ya estaba compitiendo con normalidad en Galicia.

Donde fue de menos a más...

-La segunda etapa terminaba en el Mirador de Ézaro. Se trata de un final explosivo, con pendientes muy fuertes, que no se adapta del todo a mis características. Y además, después de abandonar en Algarve, puede decirse que fue mi primer calentón serio de la temporada. Llegué bastante atrás (29º a más de un minuto de Michael Woods), pero tanto en el día siguiente de montaña como en la contrarreloj final fui a más y terminé en buena forma para encarar luego la París-Niza.

¿Qué balance hace de su participación en la prueba gala?

-Es una carrera tensa, de las más difíciles de correr de todo el año. Se va muy rápido desde el principio y siempre hay motivos para que surjan los nervios. Si no es por el viento, termina siendo por otra cosa. Ya te digo que llegaba en buena forma, pero durante este inicio de temporada circulan virus por el pelotón, con resfriados, bronquitis, anemias... En el equipo ya tuvimos casos de compañeros que abandonaron la carrera. Y yo empecé a notar, en las últimas etapas, que iba con el pecho cerrado. Opté por tomar antibiótico y terminé como pude, lo más adelante posible. Habiendo acabado así de justo, y visto el nivel de los Jumbo Visma, intratables, creo que una séptima plaza en la general es para estar contento.

¿Se les puede meter mano a Roglic y a Pogacar?

-Es que mira qué bloque llevó a la París-Niza el propio Jumbo Visma, prácticamente el equipo del Tour. Durante los primeros días de carrera se repartían las etapas. Luego pudimos ver que Roglic es humano, porque vivió momentos de flaqueza. Pogacar, en cambio, se está mostrando casi insuperable en todos los terrenos.

A este no le tendrá enfrente en la Itzulia.

-Bueno, ya, pero hablamos de una prueba del World Tour a la que vienen los mejores equipos, con muchos líderes importantes. El mismo Roglic puede fallarte un día, pero ha demostrado también que sabe solventar esos malos momentos. Es el gran favorito de la Itzulia, porque ha quedado claro que tiene un punto más y además dispone de la contrarreloj. Por mi parte, quiero intentar disputar alguna etapa, como hice el año pasado, y si puedo pelear el podio pues mejor que mejor.

¿Qué le pasó en la crono inicial de Bilbao? Perdió todas sus opciones de revalidar título.

-Pasó que me salió fatal. No sé por qué. Ha pasado un año ya y todavía no sé explicarte aquello. El primer día perdí prácticamente todas mis opciones (cedió 1:09 respecto a Roglic), y además sufrí una especie de mazazo a nivel psicológico. Afortunadamente, supe superarlo y ver que mi estado de forma era bueno. Seguí adelante y gané la etapa de Hondarribia, después de que Alex (Aranburu) lo hiciera en Sestao. Entre los dos pudimos darle la vuelta al balance del equipo (el Astana).

¿Se parece en algo la contrarreloj de Hondarribia a la que abrió la pasada edición?

-Esta es más corta. No la he visto aún pero parece bastante técnica. A ver si puedo meterme en la pomada desde el primer día.

En los cinco siguientes no habrá tregua posible.

-En el ciclismo todo el mundo sabe que la Itzulia no depara etapas sencillas. Todos los días tienen algo: un repecho, una carretera estrecha... Son cosas que no se aprecian en los perfiles, pero que los equipos dominan y que te obligan a permanecer siempre atento. A esto, además, añádele el clima. Si hace mal tiempo, la carrera se complica aún más. País Vasco es otra prueba muy difícil de gestionar.

¿Podemos hablar de rivales que no vistan el amarillo y negro del Jumbo Visma?

-Corren Roglic y Vingegaard. Con esos nombres, está claro que les toca a ellos ejercer de puntas de lanza y llevar el peso de la carrera. Pero, como te decía antes, seguro que hay más gente. Los bloques del Ineos, del UAE y del Bahrain también serán muy potentes, por ejemplo.

¿Qué me dice del Quick-Step de Alaphilippe y Evenepoel?

-Que son dos ciclistas más a los que habrá que tener en cuenta. No sé con qué intención llega Alaphilippe, si con la de disputar la carrera o pensando más en las clásicas. Y Remco seguro que está preparando la Itzulia con mimo. Me lo he cruzado estos días por las carreteras canarias.

¿Cuál será su calendario tras la Itzulia?

-Estaré en las clásicas de las Ardenas y terminaré la primera parte de la temporada en Romandía. Después de un paréntesis, volveré a arrancar en la Vuelta a Suiza, disputaré los Campeonatos de España y tengo programado el Tour de Francia. A partir de ahí, no hemos hablado aún sobre los últimos dos meses del curso.

“He repetido preparación estas semanas en Canarias, y mañana quiero coger un punto de ritmo en Estella”

“La caída de Algarve no fue grave, pero metí la mano en la rueda de otro ciclista y me hice cortes muy profundos”

“Terminé la París-Niza con el pecho cerrado y tomando antibiótico: esa séptima plaza es para estar contento”

“El Cofidis necesitaba un líder más para las carreras de una semana y me interesó el proyecto que ofrecían”

“Los Jumbo son favoritos en la Itzulia y deben llevar el peso, pero seguro que hay más gente en la pelea”

“En 2021 perdí mis opciones en la crono inicial de Bilbao; ha pasado un año y todavía no sé explicar qué me pasó”