Necesitaba Jonas Vingegaard el calor del sol, la caricia de la buena fortuna, el bienestar reconfortante, después del escalofrío que le sacudió en la Itzulia de hace dos cursos, que le trastocó la mente y el cuerpo. Descubrió el danés la fragilidad y la vulnerabilidad después de dos Tours en la cima.

Aquella espeluznante caída le arrastró el ánimo. Vingegaard seguía siendo una gran competidor, pero allí, en aquella curva maldita, algo cambió.

Esa sensación de ser derrotado, se le acumuló en las dos últimas ediciones de la Grande Boucle, aplastado pro el fenómeno Pogacar, el campeón irreductible e infatigable.

En el amanecer del presente curso, después de haber festejado la Vuelta, Vingegaard tenía planeado iniciar la competición en el UAE Tour.

Sucedió que días antes de adentrarse en la carrera del desierto, se fue al suelo mientras entrenaba en Málaga en un accidente extraño. Trataba de dejar de rueda a un cicloturista que le rastreaba y se fue al suelo. 

Un velo de desgracia parecía impreso en el semblante de Vingegaard. Tachada la opción del UAE Tour, el danés se alistó a la París-Niza.

La carrera francesa le zarandeaba la memoria, dañada. El pasado año tuvo que abandonar después de que una caída le dejará conmocionado.

De algún modo, en el retorno a la competición, Vingegaard buscaba el consuelo y la lumbre de las buenas sensaciones. Necesitaba redimirse y vengarse de algún. Echar tierra sobre lo que fue para florecer de nuevo, para brotar enérgico.

París-Niza


Octava y última etapa

1. Lenny Martínez (Bahrain) 3h06:43

2. Jonas Vingegaard (Visma) m.t.

3. Harold Tejada (Astana) a 7’’


General final

1. Jonas Vingegaard (Vism) 25h25:11

2. Daniel Martínez (Red Bull) a 4:23

3. Georg Steinhauser (Educ. First) a 6:07 

Ion Izagirre, séptimo

Lo logró el danés, vencedor del la París-Niza por aplastamiento tras dos triunfos de etapa sobresalientes. Daniel Martínez, segundo, concedió 4:23 y Georg Steinhauser, tercero, se quedó a 6:07 del danés. Ion Izagirre, en una notable actuación, fue séptimo en la general de la carrera francesa.

“Ganar la París-Niza significa mucho para mí. Era la carrera que no lograba ganar. Finalmente, lo conseguí. Estoy muy feliz. Es un buen comienzo de año y algo de lo que estoy muy orgulloso”, dijo el danés.

Imperial bajo la lluvia y determinante al sol, el curso se alumbra de otra manera para Vingegaard, que en el cierre en Niza fue segundo en el vis a vis con Lenny Martinez, que celebró la victoria en el costillar del Estadio de Niza. Las elecciones sacaron a la carrera del final de siempre del Paseo de los ingleses.

Lenny Martinez supera a Jonas Vingegaard en el esprint a dos. Efe

Aunque en otro paisaje, con menos tradición y glamour, el danés festejó el regreso. De nuevo donde se imaginaba. Reconfortado después de una carrera en la que mostró lo mejor de su repertorio.

Sin la presencia de Juan Ayuso, caído en desgracia, derribado por la lluvia, la figura del danés se agigantó para vengar el mal fario.

Exhibición de Vingegaard

Se subió al liderato en Uchon bajo la tempestad, en un día dantesco, espantoso. Se sobrepuso al frío, la lluvia, los rivales y la niebla para vestir de amarillo, el color de los campeones en la Francia ciclista. 

Con la casaca amarilla, ofreció un recital camino de Colombier-le-Vieux al día siguiente. Entre montañas, repleto de confianza, valeroso, se reencontró con su mejor versión, o al menos con una muy próxima con una exhibición en solitario.

Ese día sentenció del todo la París-Niza de las carreteras reviradas, estrechas y bamboleantes que se van acercando a la Costa Azul.

Desplegado su arsenal con dos victorias formidable, el danés se citó a la jornada de clausura de la cita gala con el impulso intacto en la Côte du Linguadur. Vingegaard se activó a 19 kilómetros de meta y todos, salvo el ligero colibrí Lenny Martinez, renunciaron.

El danés y el francés se hermanaron con urgencia y frenesí para buscar Niza. Tomaron una renta suficiente que les alcanzó para el mano a mano.

En el esprint a dos, Lenny Martinez elevó los brazos al cielo. El danés, en paz consigo mismo, disfrutaba del momento con una sonrisa sincera en la París-Niza. Vingegaard se descorcha al sol.