La jineta de Ezkerekotxa

David Uribe/ Manista

15.01.2021 | 00:17
David Uribe en el frontón. Foto: DNA

tiene apenas 21 años pero merece una página como ésta porque los ha vivido con fundamento y mucha sustancia. El mozo en cuestión es David Uribe Espina, pelotari.

El último domingo de diciembre, –"El último de la perdiz€ soy cazador", reconoce– descolgó el teléfono en plena faena. Un número desconocido y, tras la presentación, escuchó: "Hola, soy David Garrido, de GARFE, tenemos la plantilla casi cerrada pero nos falta un delantero. ¿Qué opinas? Tendríamos que hacerte una prueba". Respondió Uribe: "Vale, hablo con mi entrenador y os digo algo". "Claro hombre, no hay problema", me dijo Gorka –González, entrenador del Txukun Lakua– . "Y acepté". El sábado siguiente, a las once de la mañana, estaba en Lodosa, en el frontón, con otros tres pelotaris: Elizalde e Iturriaga, que jugaron juntos, y Bergera, que se colocó a su espalda. "Tu entra lo que puedas", le aconsejó Garrido, y David entró, falló "algunas cosillas", cosa de los nervios, pero "jugué mucho y ahogué los nervios enseguida". Tras la sesión, como tras una entrevista de trabajo, la sentencia con incógnita: "Ya te avisaremos". Para la hora de la siesta, nunca ocurre cuando buscas un empleo, sonó el teléfono, "y dije sí, que perfecto". El lunes se pasó por Calahorra para firmar el contrato. Así de sencillo. "Se merece la oportunidad", me cuenta David Kortabarria, quien le acogiera en el frontón de Agurain siendo un crío, recién llegado casi de Ezkerekotxa, pueblo en el que vive con sus padres y hermana "desde que me trajeron del hospital" el mes de junio del 99. No tendría más de 6 o 7 años cuando empezó en el club de la Llanada, el Lezao de Agurain, bajo la tutela de Fernando Ruiz de Eguino, el chino, ex pelotari y presidente del club entonces. Jon Ladrón de Guevara y Kortabarria le pulieron en sus primeros años de pelotari aunque su carácter en la cancha lo heredaría de su padre, al hacer suyo su principal consejo: "Si lo das todo, aunque el rival sea mejor, puedes ganar". "Eso me decía mi padre (Floren)", afirma con orgullo David, "eso me enseñó". La pelea, las ganas y la ilusión, "el darlo todo en la cancha", son las armas del pelotari, la marca registrada de su juego. Desde niño. Era muy trabajador y "tenía una actitud positiva como pocos", destaca Kortabarria. Llegó junto a David Ruiz de Azua, Imanol Arrieta, Ekhi Imaz y Andoni Ormazabal, "que hoy son de mi cuadrilla, mis amigos". Sólo el primero, Ruiz de Azua, de Heredia, con quien empezó a jugar mano a mano contra la pared de la iglesia de Ezkerekotxa, frontón de una sola pared al que le han arreglado el suelo no hace mucho, sigue jugando. "Le veo todos los días", me dice, "de siempre, porque nuestros padres son amigos también". Coinciden en la biblioteca, donde preparan sus exámenes de carrera. Uribe cursa segundo de IVEF y al día siguiente de nuestra charla, "no muy larga Ramón, que tengo lío", debía superar dos teóricos de vóley y baloncesto. "Las prácticas están tiradas, pero las reglas, las actas, la teoría€ hay que repasarlo todo bien". Comparten la afición por el quad –"ahora con la nieve no veas lo que disfrutamos"–€ lo hacen todo juntos, siempre en cuadrilla, a no ser que alguien llame desde Zalduondo. Entonces solo tiene tiempo para Nora, prioridad absoluta desde unos años atrás. No más preguntas.

Cuando la hermana mayor, Nerea, comenzó bachiller, se vinieron juntos a la capital. David, en segundo de la ESO en Arriaga, fichó por Txukun Lakua y empezó lo serio. Gorka González, "que me conoce más que nadie", tomó las riendas de su preparación. En esta etapa subió el ritmo y las sesiones de entrenamiento. "Había otro nivel", reconoce. Y aparecieron sus referentes: Pérez, Mendinueta e Isasmendi, "mis espejos". Gorka modeló su juego y afinó sus muchas virtudes. "Había que trabajar duro", recuerda. En ese sentido no había problema. Íñigo Abad, técnico en Lakua y seleccionador "me exprimió hasta donde pudo". Abad era disciplinado y exigente. "Si no respondes a sus expectativas y no trabajas duro pasa de ti", descubre Uribe que, todavía juvenil, es colocado junto a Pérez en el cuadro senior del campeonato Provincial. A los 15 años gana las tres txapelas importantes: el cuatro y medio, el individual y el parejas. No hay otro como él en categoría cadete y se gana el derecho a competir fuera de Álava. Juega –"me ganaban muchas veces"– contra Aranguren, Salaberria y Zubizarreta, profesionales los tres hoy. "Pero siempre les daba guerra". Ya estaba con los mejores.

En 2017 puede con Aitor Zubizarreta en las semifinales del GRABNI en Iurreta. Con 21 a 15 favorable, el vizcaíno recupera el saque, se acerca hasta el 19 y "me cago un poco", dice Uribe, que, a la siguiente, se atreve con una dejada con la derecha para terminar de sufrir. "Hasta entonces me había ganado siempre". En la final, Iker Salaberria "me dio bien". Un año más tarde, otra gran experiencia: semifinal de Amezketa contra Julen Egiguren. Aquel fue un partido duro, a 18 tantos, "contra un rival a quien solo había ganado por parejas". El pelotari azpeitiarra se había impuesto con rotundidad en la anterior ronda a Salaberria. Era el favorito. Con 17-16 a favor, Julen tiró una pelota al ancho (tocó la chapa de contracancha) pero el juez no levanto la mano. "Me fui rápido al juez mientras Julen se disponía a sacar€ Ha sido mala, me dijo€ y yo fui donde el rival para que no pusiera en juego la pelota. Me libré. Él también lo había visto". Esos tres chavales han acabado con los de arriba. Uribe, "un gran delantero, con buen saque, gran volea y una defensa de aire muy buena", así le describe Abad, se quedaría a las puertas. "Me faltan fuerza y velocidad, tuve que mejorar mucho el juego con la derecha y la defensa, no me quedaba otra", reconoce. No se le acabó la ilusión y hasta pudo entrenar con Irribarria y Elezkano, cuando ambos se enfrentaron en la semifinal del manomanista. "Me llamó Etxaniz, bueno, lo hizo Gorka, mi entrenador, y le colgué la primera vez porque pensaba que me estaba vacilando", me cuenta. "Hice un par de entrenamientos muy buenos. Si me llaman más veces, igual€", zanja.

"Es más aldeano que su padre", me cuenta Julia, su madre. "Es voluntad pura y afán de superación. Tiene mucho amor propio. Es un cabezota". Se suelta: "Como chaval es cercano y se hace querer. Es imposible reñir con él porque es un vacilón empedernido".

El monte, el campo, los caracoles, la caza y sus gallinas, son su pasión. Entre Floren y él han construido un gallinero en la calle donde 12 aves ponen huevos que alimentan a la familia. Eso, cuando el raposo o la jineta no las visitan. El zorro se llevó alguna, pero la jineta "arrancó la cabeza a todas, no quedó una viva". Hubo que tapar todos los agujeros. Luego están Mendi y Argi, dos perros cazadores. Mendi, cariñoso y nervioso y Argi, distante pero muy obediente y listo. David es joven y cariñoso, obediente y listo, trabajador como sus gallinas, zorrete y vacilón como el raposo y con el diente "afilao" como la jineta. Y están los abuelos, "adora a sus abuelos", remarca la madre. Paco, un hombretón del que ha heredado su amor al agro, le acompaña a cada partido. "Me anima mucho y, a veces, hasta me corrige". Floren, de vocación futbolista, le metió a la pelota, y quizá heredó del otro abuelo, de Vicente, su gran afición. El devorador de partidos, la jineta de la pelota alavesa, sólo tiene 21 años, pero ya es un predator con carnet.

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