Bueno, ahí estamos, en ese nebuloso plazo del año en el que nos saludamos con un “urte berri on!”, un tiempo indefinido que a veces se alarga, y se alarga... El arranque del año es como un domingo muy largo al que llegas ya con las fuerzas mermadas porque, si todo ha ido conforme a la liturgia que prescriben las fechas, te has metido entre pecho y espalda un par de comidas y sus correspondientes cenas festivas, sus preceptivas resacas, el calentamiento previo en forma de comidas y/o cenas de cuadrilla, algún poteo de mantenimiento interágapes y si el cuerpo aún te sigue el ritmo, has quemado las naves de 2025 en Nochevieja. Luego están tareas como la de ejercer de ayudante de Olentzero, Papa Noel, Reyes Magos –o a quien cada uno reciba en su casa–, que puede convertirse en auténtica batalla campal; porque será Navidad, pero salimos al mundo como si fuéramos el comando de mercenarios de Sylvester Stallone. Tonteando y sin hacer mucho ruido estamos a 3 de enero, con la habitual sobredosis de turrón y probablemente habiendo pulverizado ya cualquier propósito de Año Nuevo. Y todavía hay que guardar un poco de esas escasas fuerzas para la cabalgata de Reyes, sprint final antes de esa tarde del 6 de enero que, esta vez sí, es como una tarde de domingo a lo bestia antes de despertar en la rutina real del nuevo año. Así que solo diré ánimo. Eta urte berri on!
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