Imelda May, un regreso necesario
Junto al guitarrista Darrel Higham, la creadora de Dublín vuelve a meterse al ARF en el bolsillo
Fue en aquel ARF de 2010, el de Kiss, Slash, Bob Dylan, Chris Isaak y, por cierto, The Hives, cuando Imelda May acudió por primera vez a Mendizabala y dejo al personal con la boca abierta en un concierto que supo a muy poco. Era media tarde y todo se paralizó en el recinto. Por fortuna, en distintos momentos de su trayectoria, el certamen de la capital alavesa ha vuelto a tener a la creadora de Dublín en sus tablas. Y hasta aquí ha regresado en la primera jornada de esta vigésimo cuarta edición del evento, otra vez con una propuesta distinta a los anteriores pasos por Gasteiz, aunque su sello siempre esté presente.
Ella y Darrel Higham se conocen bien. Hay veces en la vida en las que lo personal y lo profesional no saben de fronteras. Fue el caso de ambos hasta que tocó romper peras, tanto en un campo como en el otro. Con todo, y más allá de la hija que tuvieron en común, el paso del tiempo ha vuelto a reunirles en un escenario, una fórmula basada en un rock and roll clásico. Es la propuesta de la que ha podido disfrutar también el público de Mendizabala, que ha sido un privilegiado porque este formato, los dos lo están sabiendo administrar muy bien.
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Experiencia
Sin menospreciar la labor del guitarrista de Bedford, cuando May está frente al público casi que da igual todo lo demás. Su voz, su manera de expresar, su trato a las canciones, su saber estar, su energía, su respeto y su dominio de lo que es un concierto tienen siempre las de ganar. A ello, además, está contribuyendo el paso de los años. No es tanto el hecho de haber pasado ya de los 50 como la experiencia que da estar desde que era una cría cantando en escenarios de todo tipo y condición.
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Con todo esos ingredientes, la luz del día todavía presente y un calor más que importante, May ha regresado a Mendizabala, y miles de azkeneros y azkeneras no se lo han querido perder. Que la cantante, compositora, actriz, presentadora... tiene una buena legión de seguidores en este festival, ha quedado más que patente desde el primer momento. Pero no sirve de nada si lo que una ofrece luego no tiene sustancia. No es su caso, por supuesto. Ella, con un repertorio con sabor a esos principios básicos del rock and roll que siempre hay que tener presentes, ha llevado al personal justamente a donde quería, más allá de hay habido momentos que, en una sala habrían sido mágicos mientras que en un festival pierden cierto impacto. Higham, por supuesto, ha estado a la altura de lo que ha ido pidiendo la actuación en Vitoria. Pero es que May juega en otra liga.
