Mozart se adueña del Jardín Botánico Santa Catalina
Alberto Itoiz, junto a un cuarteto de cuerda, interpreta este sábado los dos conciertos para flauta del compositor
Es el Jardín Botánico de Santa Catalina un escenario que Alberto Itoiz (flauta travesera) conoce bien. A él regresa este sábado para ofrecer un concierto especial que va a tener a la música de Mozart como eje principal. Junto al músico se encontrará en este singular espacio alavés un cuarteto de cuerda conformado por Alba Carretero, Edurne Suso (violines), Carlos Seco (viola) y Nuria Nieto (violonchelo).
Será a las 13.00 horas cuando todo arranque, una cita marcada por la interpretación de los dos conciertos para flauta que Wolfgang Amadeus Mozart escribió con poco más de 20 años. “Escuchar a Mozart es llamativo para todo el mundo; es asequible para cualquier oído”, apunta el intérprete, quien no solo tocará ante los y las presentes, sino que también dará una breve explicación de ambas obras, realizadas entre 1777 y 1778. Recordará además que hace nada se ha descubierto en la Biblioteca Nacional de Francia una obra del autor que aglutina siete piezas para flauta y arpa realizadas en esta misma época.
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Pero que, como dice Itoiz, los dos conciertos para flauta –el Nº 1 en sol mayor, K. 313 y el Nº 2 en re mayor, K. 314– que se van a ofrecer en el Jardín Botánico de Santa Catalina sean asequibles para quienes acudan al recital, no significa, ni mucho menos, que sean técnicamente fáciles de interpretar. “La dificultad que tiene tocar Mozart es hacerlo fácil. Cuando escuchas esa música como muy transparente, donde todo está muy claro y en su sitio, lo difícil es transmitirlo para que suene así de fácil y asequible. Es el reto para todos los instrumentistas. Por eso es común que cuando hay pruebas de cualquier instrumento, siempre se pida una obra de Mozart. Esa es la dificultad de Mozart, hacerlo fácil”.
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Un instrumento no usual
En realidad, cuando el autor compuso estas dos piezas, una de ellas estaba pensada para el oboe. “En los años en los que realizó estas obras, la flauta todavía no estaba muy desarrollada y por eso no la usó mucho. La flauta que conocemos hoy se desarrolló en la década los 40 del siglo XIX. Cuando hizo estas dos obras fue por encargo. Vamos, por dinero. Le hicieron un encargo muy grande y por eso cogió un concierto que era original para oboe en Do y lo transcribió un tono más arriba, en Re, para la flauta. Así se ahorró trabajo”, explica con una sonrisa Alberto Itoiz.
Sea como fuere, estas dos piezas van a conformar un programa de, más o menos, una hora de duración, que el público podrá disfrutar en un marco especial. “Los conciertos los hacemos en la iglesia, en la parte alta del Jardín. Es un edificio que no tiene tejado pero las paredes estrechas y altas que tiene, hacen que todo suene realmente bien, sobre todo pensando que no tiene techo. Es un espacio natural impresionante para hacer actividades y por eso es un gusto regresar para poder actuar”.
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Así sucederá este sábado 11, cuando se podrá compartir un programa seleccionado por el propio Jardín Botánico de Santa Catalina para esta ocasión. Solo falta que el tiempo acompañe y que todo transcurra como debe.
