ENSAYO
‘Diez versiones de Kafka’
Autor: Maïa Hruska.
Editorial: Anagrama Argumentos.
Páginas: 224.
Diez versiones de Kafka despliega una obra infinita cuya existencia literaria se expande tras cada lectura, en un universo de interpelaciones entre las ideas desencadenadas. Este ensayo es una ontología de la lectura que versa sobre la imposibilidad de clausurar un texto una vez que ha sido proyectado bajo el foco de diferentes lenguas. Toda traducción es una metamorfosis y como Kafka nos enseñó, ésta es la dimensión más profunda del alma. Maïa Hruska nos demuestra con contundencia que cada aproximación constituye una reencarnación del texto, que permanece transformándose.
En esta arquitectura del metalenguaje aparece el pokoj, ese yo amniótico, refugio semántico y cámara de resonancia donde conviven lenguas, memorias y exilios. Como si de una soberbia matrioska de pertenencias, refugios e identidades se tratase, proyecta una pluralidad irreductible, integrándola en un solo espacio sin enarbolar un sentimiento único, en un acto de disidencia involuntaria.
Kafka sabía que la identidad no es una esencia, sino una gramática inestable. Su alemán praguense era una lengua fronteriza atravesada por el checo, el yidis y un hebreo con el que no lograba identificarse (en su correspondencia con Malena Jesenska, se confesó a sí mismo como el más occidental de los judíos occidentales). Con una prosa elegante y tremendamente lúcida, la ensayista perfila el rol de las lenguas como ya apuntaba Walter Benjamin en La tarea del traductor, trazándolas como fragmentos sembrados a lo largo de la historia, aproximados en un ánfora de voces que dialogan como si cada una de ellas albergase un secreto: la infinitud que caracteriza a la literatura, tan amada por Borges y desestabilizante para el filósofo.
Maïa nos reconduce magistralmente por una liberación textual, revelando la traducción como una herramienta que elimina cualquier atisbo de artificio, que expone el texto a la intemperie, avivando y enriqueciendo un mensaje espoleado en cada nuevo encuentro con el traductor, quien es defendido no como un banal copista, sino como un recreador e intérprete que impronta su propia respiración. Adopta la obra actuándola y reescribiéndola en una única escena, donde dos lenguas se fusionan en una comunión casi mística.
ENSAYO
‘Diez versiones de Kafka’
Autor: Maïa Hruska.
Editorial: Anagrama Argumentos.
Páginas: 224.
Borges concebía la literatura como un sistema inagotable de reescrituras y, al igual que Kafka, anticipó esa biblioteca sin centro, en una retrospectiva de interpretaciones, como si el tiempo literario pudiese avanzar hacia atrás para proyectarse en el presente. La escritora define al autor de El castillo como nutriente para quienes encontraron en sus textos una gramática del desamparo, espejo para quienes reconocieron en él su propia extranjería y trampolín para quienes se acercaron y renacieron al amparo de su sombra.
Nos redescubre un alma que mudó sus fantasmas en consuelo, acogiéndonos en la certeza de no estar solos ni locos frente a la experiencia de los absurdos que nos amenazan, con la perspectiva del mundo como un lugar frío y oscuro, invitándonos, como hizo su amada Malena Jesenska, a abrazar su extrañeza. Este ensayo, recogido en diez capítulos de una hondura precisa y nítida, describe el descubrimiento posterior la obra kafkiana por parte de autores de la talla de Primo Levi, Paul Celan y Bruno Schultz entre otros, que sintieron la necesidad de traducirlo, seducidos por esa sutileza suya tan incómoda y certera, que supuso en demasiadas ocasiones la censura –cuando no la quema– de su pensamiento.
Kafka, bálsamo y herida, fue resistencia en un siglo XX convulso, reconocido como la anticipación ética de la deshumanización moderna. Póstumamente logró crear una constelación afectiva entre sus traductores, haciendo de ellos hermanos, amantes, supervivientes, almas únicas que se sintieron reconocidas y reconfortadas en sus textos. Acercándose a Kakfa, lograron por un tiempo aliviar la consternación ante lo incomprensible y confirmaron el pensamiento libre como brújula para navegantes emocionales, deconstruidos por fronteras imaginarias e idiomas aprisionados por totalitarismos que los requisaban con la misma impunidad que lo hacían con las almas.
Quizá sea ahí donde reside la intuición más profunda de Diez versiones de Kafka, en la evidencia de la maestría de la traducción como la forma de encuentro más íntima entre autores y lenguas, exigiendo habitar el ritmo interno y el original. Traducir es aceptar que ninguna lengua basta y que toda identidad está hecha de fragmentos encajados a través de la experiencia. Acaso sea ésta la verdadera lección, plantearnos que vivir consiste menos en poseer que en iluminar las voces de otros.