El arranque de 2026 va a ser de lo más activo en cuanto a la agenda expositiva del artista gasteiztarra Jon Gorospe. Tanto Madrid, por partida doble, como Donostia van a acoger los diferentes proyectos en los que se encuentra trabajando en estos momentos.
Desde ya, por ejemplo, se puede ver su trabajo en el Espacio Argén de Madrid. El creador participa en la exposición Morfogénesis, una muestra colectiva que reúne los proyectos premiados en los cinco primeros años del Premio Ankaria Photo, impulsado por la Fundación Ankaria y considerado una de las convocatorias más relevantes en el ámbito de la fotografía del siglo XXI.
En este caso se presenta un total de 40 imágenes correspondientes a los trabajos galardonados de Mayra Martell, Jon Gorospe, Linarejos Moreno, Irma Álvarez-Laviada, María María Acha-Kutscher, Cecilia de Val, Antonio Guerra y José Quintanilla. El vitoriano fue distinguido con el segundo premio Ankaria Photo en 2021 por su proyecto Noraezean, una investigación visual que reflexiona sobre la representación del paisaje urbano del País Vasco en la era digital.
Segundo mes del año
Además, el próximo sábado 21 de febrero se inaugura la segunda exposición individual en la galería madrileña Camara Oscura de Gorospe, una propuesta –Atravesar el Telón– que se va a llevar a cabo en paralelo a Urban Morphologies, producción comisariada por Alejandro Castellote que tendrá lugar en Tabakalera (Donostia).
En el caso de Atravesar el Telón, las piezas, que han sido producidas mediante serigrafía, representan fragmentos de una ciudad en desaparición que, a pesar de los esfuerzos humanos por preservarla, inevitablemente caerá en el olvido. Impresas en blanco y negro sobre papel, estas imágenes enfatizan la relación intrínseca entre la memoria y la arqueología futura, dos conceptos que, aunque distintos, se reflejan continuamente.
La ciudad, como explican desde la galería madrileña, no aparece como una entidad fija, sino como una superficie frágil sujeta a la erosión, la ocultación y la pérdida. Mediante el proceso de serigrafía, los detalles arquitectónicos se reducen, aplanan y borran parcialmente, reflejando la lenta desaparición de la materia urbana con el tiempo, el clima y la intervención humana. Lo que queda no es documentación, sino un rastro: una imagen residual suspendida entre la presencia y la ausencia.