“La gran idea de Move es el directo, el estar vivos y tocar en vivo”. El pianista Iñigo Ruiz de Gordejuela lo tiene claro. “La magia está ahí, en el escenario”, el que comparte desde hace un par de años con Javier Callén (contrabajo), Alberto Arteta (saxo) y Borja Barrueta (batería). Pero para abrir más puertas y también enganchar a nuevos públicos, parte de su música se atrapa ahora en un disco, un álbum homónimo que, como no podía ser de otra manera, se grabó como si el cuarteto estuviera dando un concierto. Así pasó en Vitoria.
No es la primera vez, ni mucho menos, que el escenario de Vital Fundazioa Kulturunea (Dendaraba) se convierte en un gran y peculiar estudio de grabación. El propio Ruiz de Gordejuela ya ha tomado parte, de hecho, en otras aventuras anteriores llevadas a cabo en el mismo lugar. Esta vez, Move se reunió entre sus paredes el pasado 19 de enero. No hubo público pero en realidad se ofreció un directo igual que los que esta semana va a ofrecer la formación en Elorrio y Mendaro.
El lugar de trabajo lo conocen a la perfección desde la firma vitoriana Sonora Estudios, desde donde se han encargado de todo el proceso para dar vida a un disco editado en su colección Rara Avis con el mismo nombre del cuarteto. Tanto en el formato físico (CD) como en el digital (a través de Bandcamp) se pueden encontrar composiciones como Del rigor en la ciencia, No peace anymore y Nadia.
Josué Pascual y Martín Guridi se encargaron de la parte técnica de una grabación en la que casi no se grabaron segundas tomas más que de algún tema, ya que la intención en todo momento era reflejar la propuesta de la banda en vivo. De hecho, “el día anterior estuvimos tocando en Zaragoza y el posterior en Pamplona”, manteniendo así la dinámica de tres conciertos seguidos, aunque el de Vitoria fuera especial. El resultado son ocho cortes en los que se recogen composiciones de Ruiz de Gordejuela, Arteta y Callén. “Queremos que Move suene a música hecha a mano, a música orgánica, realizada en el momento. Es un poco la antítesis de la producción que se lleva hoy en día, esa en la que te pasas una semana en un estudio para que la caja de la batería suene de una manera determinada. Lo nuestro es al contrario”.
En este camino, tras el primer impulso que tuvo Callén para dar forma al proyecto, el grupo lleva un par de años, recorriendo escenarios de toda la península. “Aspiramos a que cada concierto que hacemos sea diferente y se creen cosas nuevas. Queremos que el público entienda nuestra música. No queremos hacer una música rara y alejada de la gente. Las composiciones son relativamente sencillas, quienes vienen las escuchan y conectan con diferentes aspectos de la música. Es jazz y tiene elementos contemporáneos y complejos pero el objetivo es conectar con la gente, y que el público pueda disfrutar”.
Para ello es necesario que los componentes, más allá de la amistad que comparten, estén en el grupo con “una personalidad abierta” donde todo parta de “escuchar a los demás. Lo que funciona en Move es no imponer ni una visión de la música, ni una visión de la composición propia. Todo parte de una confianza muy grande en el resto”. Por eso también, aunque los cuatro tienen otras formaciones, “este no es el proyecto personal de nadie pero sí el prioritario de todos”, a pesar de que a veces, cuadrar agendas “sea de lo más divertido”.
Les pasó en pandemia. “Actuamos mucho”. Les sucede ahora “y esperamos que 2023 sea todavía mejor”. La agenda está de lo más activo. Por ejemplo, el próximo 21 de diciembre, este disco que se grabó en Vitoria volverá a la capital alavesa dentro de la programación del Dazz. Otros formatos, por ahora, parecen complicados. “El mundo de los grandes festivales está muy alejado del mercado musical local de cada sitio. Nadie es profeta en su tierra o eso parece”. Tal vez se le pueda poner solución a esto último más pronto que tarde. Mientras tanto, Move no se detiene.