Sin duda alguna, el de Robert Glasper era uno de los conciertos más esperados de esta cuadragésimo quinta edición del Festival de Jazz de Vitoria. Al pianista le tocó cerrar la última doble sesión de este año en Mendizorroza, la que se vivió en un sábado de nuevo caluroso, con los abanicos haciendo horas extra. Se sudó de lo lindo, también en lo musical, incluyendo a Kassa Overall, que también se sumó a la fiesta en uno de los temas, antes de los bises.
Conocer bien los fundamentos y lo hecho hasta ahora para, desde la visión propia, saber y querer mirar más allá. En muy pocas palabras, es lo que lleva haciendo Glasper desde sus comienzos. Y ahora que ha pasado los 40 no va a cambiar. Ni falta que hace. A pesar de la pandemia, ha publicado una nueva entrega de la serie de Black Radio, que está siendo la mejor excusa para su regreso a los escenarios. En el caso de la capital alavesa, el pianista estuvo acompañado por Burniss Travis (bajo), Chris Dave (batería) y Jahi Sundance (Dj).
Fue, de hecho, este último el que primero hizo acto de presencia en el polideportivo, proponiendo una mini sesión de 15 minutos que cabreó, y de lo lindo, a alguna que otra persona de la zona de abonos numerados, que hizo más que visible su enfado antes de irse. No en vano, si se quita esta parte, la actuación se hizo demasiado corta.
Lo cierto es que, como es lógico, hubo espectadores que se sintieron rechazados por la propuesta del norteamericano. Es normal, tampoco hay que echarse las manos a la cabeza. En conciertos de este tipo, y él no es un desconocido por estas tierras, o las puertas se abren de para en par o uno se siente expulsado por completo de la propuesta. No hay término medio. De hecho, es lo que se busca. Lo peor es que alguien se sienta indiferente. Eso es así. Otra cosa es que a él en concreto se le han visto mejores versiones en visitas recientes a tierras vascas. Sobre todo desplegando más jazz del visto en este sábado noche.
Con todo, la idea de Glasper es clara y reconocible, un camino que parte del conocimiento absoluto de las raíces culturales y musicales propias para, a partir de ahí, crecer y conectar con el presente y unas nuevas generaciones que, eso sí, casi no estaban presentes en el polideportivo. Por eso el concierto se hizo tan duro para unos y tan escaso para otros.