Con el abanico como el gran triunfador un día más en Mendizorroza, el polideportivo ha afrontado este viernes el arranque de la penúltima doble sesión del cuadragésimo quinto Festival de Jazz de Gasteiz. Sobre las tablas ha estado el trío de Xavier Torres, que ha contado, como invitado, con el saxofonista Miguel Zenón, siempre una garantía de saber hacer incluso cuando el contexto no es del todo propicio.
Desde hace un mes, Torres no para. Ni aquí ni en ningún sitio. Su calidad le hace estar más que solicitado por diferentes proyectos y en distintos países. También a piano solo. Pero en toda esa agenda solo tiene cuatro conciertos con su trío y el último ha sido el de Vitoria, el segundo además con Zenón. Y eso se ha notado en un concierto que, por supuesto, ha estado protagonizado por intérpretes que saben lo que hacen y que, desde la individualidad, generan y mucho, pero que no transmiten sensación de un todo, de hacer el mismo recorrido sabiendo lo que cada uno puede aportar pero también ganar del resto. Claro, así es complicado poder ir más allá, llevar un buen recital a algo más, a un nivel como colectivo que las cuatro personas que han estado sobre las tablas tienen calidad para alcanzar y superar.
Ton Felices al contrabajo y Andreu Pitarch a la batería han ofrecido el soporte adecuado para que Torres y, sobre todo, Zenón hayan podido desarrollar sus solos. El pianista, que se ha presentado en euskera y que ha recordado sus tiempos de niño cuando veía los conciertos del Festival de Jazz de Vitoria por diferido en la televisión, ha planteado al público un concierto en el que recorrer varios de los temas que compuso durante el primer confinamiento, mucho más que ejercicios para mantener la mente activa, todo hay que decirlo.
La cuestión es que, de no ser por la presencia de Zenón, a la propuesta le hubieran faltado alicientes. El saxofonista es siempre una garantía. En la capital alavesa ya lo ha demostrado en más de una ocasión. Ahora puede sumar una más, porque de su mano se han vivido los mejores momentos de la primera parte de la velada de un viernes con, por cierto, media entrada muy justa, lo que para ser fin de semana debería hacer reflexionar a los responsables del certamen.
De menos a más ha transcurrido un recital en el que se ha echado de menos que tanto baterista como contrabajista pudieran desarrollar algo más el protagonismo de sus instrumentos. Así que Torres y el certamen se deben una. Tienen que volver, por así decirlo, a quedar pero esta vez para ver al pianista con un proyecto más asentado y rodado, dejando que el concierto se traduzca en una multiplicación y no solo en una suma.