El miércoles por la noche, la primera doble sesión en Mendizorroza después de tres años de espera por aquello de la pandemia, Eliane Elias quiso ofrecer una noche “caliente” en un ambiente más que caluroso por esta ola de calor que parece no tener fin. No lo terminó de conseguir, para empezar porque al polideportivo le faltaba algo más de gente, pero también porque el trío que presentó, aunque consistente, no dio para todo lo que ella quería y era de esperar.
A través de temas de varios discos, la excelente pianista pero no tan buena cantante, llevó al respetable por diferentes propuestas, tal vez demasiadas para intentar armar un concierto con más consistencia. Se buscó más el repaso por diferentes influencias y trabajos, dejando el excelente Mirror Mirror en poco más de un par de temas. Claro, intentar llevar al directo algo de un disco cuya gracia está en el trabajo a dúo con otros – el fallecido Chick Corea y Chucho Valdés– tocando solo ella el piano es complicado. Tal vez, y en esto Iñaki Añúa era un experto y sabía apostar también dinero cuando tocaba, alguien podría haber pensado que ya que el cubano está de gira por Europa, hubiera sido buena cosa organizar una noche entre ambos, colaboración incluida.
Pero no hay que pensar en los posibles. Ni tampoco entender que el concierto no estuvo a la altura. Solo que tuvo demasiados altibajos como para poder salir con la sonrisa puesta de un recital en el que se habló de la felicidad. Por suerte, la artista tiene en su percusionista Tiago Michelin un amigo que guardar para toda la vida, sobre todo tras algún solo que puso al polideportivo de pie. Bueno y tiene a un contrabajista, un marido y un representante en Marc Johnson, que además de todo, se encargó de fiscalizar las fotografías que solo el festival pudo hacer durante el concierto ya que ella prohibió a los periodistas gráficos hacer su trabajo.
Cuestiones mediáticas a un lado, al concierto le faltó chispa y, aunque parezca mentira, calor para hacer que incluso el personal se pusiese a bailar, que en algunos temas era lo suyo. Tal vez era miércoles y todavía el público no estaba por la labor. Aún así, antes del bis, la gente se puso en pie para aplaudir, y lo hizo también después. A medianoche, como en los cuentos, todos a casa, aunque parte del público ya había desfilado antes.