Altarriba y Keko rematan en ‘Yo, mentiroso’ su “fresco contemporáneo”

“No nos podíamos dejar en el tintero al mundo de la política y los medios” apuntan los creadores

05.01.2021 | 00:11
Keko y Antonio Altarriba. Foto: Iban Aguinaga

Barcelona – La aparición de las cabezas cortadas de tres concejales implicados en una trama corrupta sirve al guionista Antonio Altarriba y al dibujante Keko de catalizador argumental en Yo, mentiroso, un thriller político con el que cierran su exitosa Trilogía Egoísta, un "fresco contemporáneo" de la realidad española. Si se abordan asuntos espinosos y adheridos a la actualidad, aunque sea bajo el espejo deformante de la ficción, lo mejor es cubrirse las espaldas, y los autores de Yo, mentiroso (Norma), plagado de rostros que apenas disimulan identidades de figuras de la política y de los medios de comunicación, encabezan esta novela gráfica con el consabido: "Cualquier parecido con la realidad...".

La historia de Adrián Cuadrado, asesor encargado de la imagen y los discursos del partido en el poder (el PDP), que debe culebrear por las estructuras paralelas del Estado para contener el escándalo que se avecina por el crimen de los ediles –atribuido a una vendetta-, construye una "ficción-autopsia" que toma algunos ingredientes de la política española entre 2016 y 2018.

Yo, mentiroso, indica Altarriba "es el cierre perfecto, la clave de bóveda" de la trilogía iniciada con Yo, asesino (Norma, 2014), una novela que intentaba desmontar la impostura en el mundo de la cultura y la intelectualidad universitaria a la que siguió Yo, loco (Norma,2018), afilada crítica de la avaricia de las grandes farmacéuticas, tan en boca de todos hoy por el desarrollo de las vacunas contra la covid.

"No nos podíamos dejar en el tintero en este fresco de la contemporaneidad al mundo de la política y los medios, porque esa es la salsa en la que nos cocemos todos los días, y que determina nuestra forma de pensar", comenta Altarriba, Premio Nacional de Cómic en 2010 por El arte de volar.

A pesar de lo extremo de algunas situaciones que presenta la novela, el guionista recalca que no se trata ni de una sátira ni de una farsa, sino del "derecho a réplica de los ciudadanos frente a la lluvia de mensajes lanzados desde los medios de comunicación que coinciden plenamente con los argumentarios de los partidos", una connivencia que el libro quiere poner "delante del espejo".

Altarriba subraya que el "porcentaje de realidad" de lo que se cuenta, en especial en torno a la corrupción, "es muy elevado", y que se han permitido un divertimento con los lectores al modificar apenas los nombres de protagonistas y situaciones del panorama político de aquellos años: Raimundo Godoy, Federico Grillo, Pedro Sanchís, el inspector Corralejo, el Caso Cárdenas...

También hay licencias estilísticas como convertir en una especie de última cena de Da Vinci la larguísima comida que el presidente Godoy realiza con su equipo más cercano en un restaurante de Madrid tras la moción de censura de Pedro Sanchís.

A pesar de moverse en la política, el peso de Yo, mentiroso no recae tanto en las primeras espadas como en los spin doctors, los creadores del "relato", los encargados de adecuar la "realidad" a los propósitos de los partidos y los medios de comunicación, creadores de "los productos ideológicos que los ciudadanos tienen que comprar", apunta Keko. Como el Dorian Gray de Oscar Wilde, que escondía en el desván su retrato para que nadie viera cómo su verdadero rostro se descomponía por sus crímenes, el protagonista de Yo mentiroso tiene un cuarto secreto lleno de máscaras.