"Para Loquillo, el disco de 'Balmoral' fue un colofón artístico"

El crítico pamplonés Javier Escorzo recoge en un libro la travesía que recorrió Loquillo para alcanzar uno de sus grandes discos, 'Balmoral' (2008)

01.12.2020 | 11:50
El pamplonés Javier Escorzo

Javier Escorzo, seudónimo de Javier Remírez de Esparza Cabodevilla, (Iruñea, 1976), se adentra en el universo de Loquillo con un libro que repasa la travesía que recorrió el catalán hasta grabar Balmoral (2008), considerado como uno de sus mejores discos. "Fue el inicio de la etapa en la que está ahora", apunta el iruindarra, colaborador de Diario de Noticias y de medios musicales como Efe Eme y Mondo Sonoro.

Vayamos al principio, al punto de partida: ¿por qué Balmoral y no otro disco de Loquillo?

–Quería escribir algo sobre Loquillo y aunque es de los artistas de los que más bibliografía hay, me interesaba la etapa que empieza en los 90, cuando se empieza a reinventar y a abrirse a otros estilos, que se fue Sabino –Méndez, compositor y guitarrista de Loquillo y Los Trogloditas–, coge a otros compositores, empieza a componer él... Me parecía especialmente valiosa. Para hablar de Balmoral, tenía que hablar de esa etapa, porque ese disco es la eclosión de todo el aprendizaje de esos años. Es el colofón artístico y comercial y daba pie a contar todo el camino que le llevó al disco: el final de los Trogloditas, la reconciliación con Sabino, los discos de poesía... Es de las épocas menos conocidas de su carrera y me parecía muy interesante ya que no estaba bien estudiado en otro libro.

Una etapa en la que como recoge la edición, Loquillo recibió críticas por ciertos discos... Según sus propias palabras, se sentía como él contra el mundo: "Me venían las hostias por todos lados... El personaje se convirtió en El Álamo. Yo era el Álamo".

–Claro, Loquillo en los 80 estuvo arriba del todo, en el 89-90, cuando salió el disco ¡A por ellos...! que son pocos y cobardes, vino aquí al Anaitasuna y lo petaba en todos lados, todo lleno. Ahí se fue Sabino y a partir del 91, se tuvo que empezar a reconstruir, porque Sabino era el compositor principal y tuvo que buscar otros compositores. Además, él era un tío que estaba muy encasillado como el rockero típico y tópico de pintas, muy altivo, deslenguado, provocador... Y él se empezó a abrir a los discos de poesía, grabó un disco de jazz tipo Frank Sinatra... Pero lo hacía por separado a los discos con Trogloditas, que seguían siendo rock and roll. Hasta Balmoral, que lo funde todo en un disco, que quedó muy redondo y aquellos que siguen a Loquillo lo consideran uno de sus mejores discos.

Un compacto al que llegó tras toda una "travesía del desierto", como recoge el libro...

–Sí, encima, en los 90 sus discos salían en compañías independientes porque en las multinacionales no le hacían ni caso, dejó de sonar en la radio, le dieron de lado... Y Loquillo en vez de hacer lo que quizá se esperaba de él, que era seguir cantando El Cadillac e intentar hacer canciones así, apostó muy fuerte e hizo otras cosas. Él creía en sí mismo, no se rindió y Balmoral es esa eclosión y el inicio de la etapa en la que está ahora.

La creación de Balmoral se reconstruye a partir de testimonios del propio Loquillo junto a otros de músicos, productores, fotógrafos... ¿Qué estructura marcaste para articular el relato?

–Seguí un hilo cronológico. Al principio hay unos flashes que es cuando conoce a Sabino Méndez, a Carlos Segarra... y luego Sabino se va del grupo, están grabando el disco Hombres y aparece Gabriel Sopeña, poeta y que tuvo varios grupos de rock, como Más Birras, y con él hizo los discos de poesía, entra luego Igor Paskual... Cuando fui a entrevistar a Loquillo, llevaba un cuaderno con 40 preguntas, le hice la primera, la contestó y de ahí estuvo hora y pico hablando y yo sin abrir la boca, tachando las preguntas que iba contestando. Es un tío que tiene muy claro el personaje, la historia y la trayectoria que ha llevado.

Un personaje en el que, con Balmoral, reúne a otros ya proyectados: el cantautor hedonista, el crooner y su acercamiento a la memoria histórica de España.

–Sí, él era el rockero, pero luego grababa discos de poesía, más tipo cantautor; luego tiene el crooner, que es ese disco de jazz que lo graba con una big band; y también un disco que sobre las mujeres en la guerra civil y su papel y en la posguerra –Mujeres en pie de guerra (2004)–, que era la banda sonora de un documental de su mujer, Susana Koska. Pero eran proyectos totalmente separados, cuando tocaba con Trogloditas eso no se veía reflejado y era su frustración... Con Troglo eran sonidos cada vez más duros y hay una frase que dice: "Yo no quería tener una banda de hard rock". Al final terminó con los Trogloditas y Balmoral es el primer disco que graba sin ellos. Y consiguió darle forma a todo: hay rock, un rock más adulto y maduro, no de tanta distorsión, mas Bryan Ferry... Otro tipo de sonidos, pero también parte de cantautor, otra de canción francesa, otra más europea... todo converge en él.

Loquillo parece ser muy suyo, ¿qué ha dicho del resultado?

–Está escrito desde el respeto y admiración a un disco, pero no era la típica biografía ni libro a la contra buscando trapos sucios. Yo por mi forma de ser y forma de escribir, intento no tocar el amarillismo, el libro no va de reavivar viejas rencillas. Con los Trogloditas, por ejemplo, que se trata el adiós, está expresado con sus palabras, no las mías, y con respeto y elegancia. No había motivos para que no le gustase, porque no se ha ido buscando detalles oscuros. Me he centrado en lo musical y poniendo en valor lo que creo que merece ser destacado de su disco y de su carrera.

Por razones obvias, interesará a seguidores de Loquillo, pero como relato construido en base a anécdotas y testimonios que dejan a un lado lo más técnico, ¿puede abrirlo a otros lectores melómanos?

–Es la idea. Yo leo libros tanto de artistas que me gustan como de otros que no, pero que creo que pueden tener algo valioso que aportar o algo entretenido que leer. Por ejemplo, no soy fan de la Polla Records y me he leído el libro de Evaristo. Tenía la pretensión de que no fuera muy técnico.

¿Puede servir además como un acercamiento y entendimiento al personaje que es ahora Loquillo?

–Se centra en lo que está detrás, lo que sustenta al personaje. Revela un poco las pretensiones o los anhelos que tiene de hacer otras cosas, cómo se va buscando la vida, tiene que bajar el escalafón, cómo arriesga... Lo que quizá la gente no ve del personaje, el por qué. Y también su valía artística, porque te guste más o menos, poca gente que teniendo un estatus como tenía él, de grupo de rock que lo tenía todo, decía voy a grabar un disco de poesía con mi amigo y a ir a teatros pequeñitos. El tío tiene mucha avidez cultural y musical, al final es un tío que igual por su estética, la gente le presupone una estrechez de miras de hacer rock and roll y, sin embargo, es un tío que no, que se busca la vida para hacer muchas otras cosas.

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