- "La perspectiva de casi todas las salas de Euskadi y de España es muy mala". No es una cuestión de pesimismo. En ese escenario, Juan Uriarte tiene claro que no va a forzar las cosas. "Aguantaremos hasta que en la cuenta no quede nada", dice, al tiempo que solicita protocolos claros para poder volver a la actividad y un acompañamiento por parte de las administraciones.

Los últimos conciertos fueron el 6 y el 7 de marzo, que ahora visto parece que ha pasado un siglo de aquello...

-Sí, sí. Fueron días, además, a los que vino poca gente porque, aunque no se había declarado el estado de alarma, el problema ya estaba presente. El 6 estaba Arizona Baby, que siempre mete gente y acudió muy poco público. No fue normal. Y el 7 era lo de las semifinales del Azkena Rock Festival. Había 500 personas apuntadas y terminaron viniendo 120. Así que empezamos marzo ya perdiendo dinero y luego pasó lo que pasó, así que fantástico.

Estamos en una situación en la que nadie ofrece certidumbres. ¿Eso es tal vez lo peor?

-Sí. Cuando tienes que afrontar algo como esto, sabes que hay un límite. Al principio, haces algún plan para aguantar uno o dos meses, pero ahora no puedes hacerlo. No puedes hacer más que cerrar el grifo de todo y hasta que se agote. Ahora parece ser que se vislumbra algo, pero tampoco tienes ninguna certeza sobre que, por ejemplo, vaya a haber un repunte de la enfermedad. Tampoco sabemos, en lo que llaman la nueva normalidad, qué criterios nos van a aplicar para abrir o no. Además, cada semana parece que cambian las cosas y no sabes a qué atenerte. Así es muy complicado.

Pero en principio se podría tomar medidas como poner medidores de temperatura, venir con mascarillas...

-Si puedes ir a trabajar, a misa, a los toros, al casino o en el transporte público al 100% de ocupación, en principio también se podría ir a un concierto. De hecho, se van a empezar a hacer actuaciones al aire libre con separaciones de 2 metros, aunque en una sala de conciertos a mí me da que eso va a ser muy complicado de mantener. Pero por poder, se pueden hacer cosas.

Para septiembre, Helldorado ya tiene contemplados los primeros conciertos. ¿Confía en que se puedan llevar a cabo o es pesimista?

-No tengo ni idea. Por ejemplo, el 26 tenemos anunciados a The Bellrays. Claro, ellos son norteamericanos y tengo muchísimas dudas de que puedan venir. El problema es que a ciencia cierta no podemos saber nada. A medida que vayan llegando las fechas, si podemos hacer los conciertos que tenemos planteados, los haremos y si no, pues ya está.

Uno de los grandes problemas es que las contrataciones se trabajan con bastante tiempo de antelación. ¿Ahora mismo está trabajando de cara a otoño o...?

-Está todo parado. Sí que estamos cerrando alguna cosa para mayo del año que viene, por ejemplo. Pero de aquella manera, es decir, sin ninguna certeza. Y de otoño no estamos trabajando nada. También las agencias de contratación están paralizadas. Así que ya iremos viendo si pueden venir bandas de países europeos, si se van abriendo fronteras, con qué restricciones... y en base a eso se irán organizando giras. Nos ha pasado con artistas y grupos que iban a venir dentro de sus giras de festivales como Nikki Hill y Electric Mary. Como se han cancelado esos eventos, se han caído sus actuaciones en salas como la nuestra. Las grandes afortunadas de todo esto van a ser las bandas locales y de la zona.

Parar la agenda significa detener el trabajo de mucha gente, de técnicos, gente de barra, personal de montaje... Tres meses después, el pesimismo tiene que ser importante.

-Sí. Aquí hay una plantilla entera en ERTE, 16 personas. Y la perspectiva ahora no existe, más allá de los problemas que está habiendo con el SEPE. El desastre es absoluto. La sala tiene cero ingresos desde el 7 de marzo. Ni un céntimo. Como además has devuelto todo el dinero de las entradas vendidas para estos meses, te descapitalizas en gran medida. Pero los gastos fijos siguen, claro. Hay un montón de gastos que siguen estando ahí. La perspectiva de casi todas las salas de Euskadi y de España es muy mala. Los que son más jóvenes querrán aguantar. Se meterán en créditos y demás, pero yo no voy a hacer eso. Aguantaremos hasta que en la cuenta no quede nada. Si me hubieras preguntado la semana pasada, te hubiera dicho que íbamos a cerrar. Pero tuvimos dos reuniones con Ana del Val, la diputada de Cultura, y con Estíbaliz Canto, la concejal del mismo departamento en el Ayuntamiento de Vitoria, y parece que vamos a tener algunas ayudas en algún sentido para poder salir adelante. Esperemos que eso madure, porque si no es por eso, seguro que cerramos. Yo ya no estoy dispuesto a entregarlo todo. Tengo 53 años y después de 20 años aquí, creo que ya no tendría sentido. Pero si se da esa colaboración con la Diputación y el Ayuntamiento, eso nos podría dar algo de luz. Lo que necesitamos es poder hacer frente, por lo menos, a los gastos generales. Y en la medida que la desescalada y lo que llaman nueva normalidad, que es un término que no me gusta nada, avance, igual en verano podemos abrir. Quizás, no lo sé. Tenemos una terraza muy grande aquí fuera. Habría que ver el aforo que nos permiten y qué medidas se ponen. Pero sin ayudas, sería inviable. Si abres la sala al 50% sin apoyo tienes que pensar que los trabajadores no van a cobrar al 50%, la SGAE y el IVA no van a bajar un 50%, y a los grupos estoy hasta las narices de tener que recortarles como para decirles que les voy a pagar un 50% menos. No se me pone en los cojones tener que torturar a los trabajadores y a los músicos. Ante eso, prefiero cerrar.

¿Qué respuesta ha sentido en estos meses por parte de los socios de Helldorado?

-Ha habido gente que incluso nos ha querido adelantar el pago de la cuota de socio. Pero, agradeciendo eso, es algo absurdo. ¿Qué le vas a cobrar a la gente si no estás ofreciendo nada? El público en general está expectante para ver si hacemos algo. ¿Pero qué le puedes decir al público si no sabes cuándo vas a abrir, ni de qué manera?

¿Qué dos o tres líneas esenciales deberían desarrollar las instituciones para poder ayudarles?

-Nos deberían acompañar en el hecho de hacer frente a los gastos corrientes si no quieren que cerremos ya. Eso es fundamental. Y se debería buscar alguna línea de colaboración para programar, para poder generar trabajo. Con esas dos cuestiones en marcha, podríamos retomar el camino. Pero claro, no sabemos hasta cuándo va a durar esta situación y tampoco qué duración tendrían esas posibles ayudas. Eso es importante. Además, deberíamos poder tener unos protocolos claros ya. Por ejemplo, a día de hoy tienes una normativa para discotecas en España. Pero aquí, viene el Gobierno Vasco y te dice que de eso nada. No sé, igual nos tenemos que trasladar a Trebiño. Soy consciente de que somos un sector complicado. Y por eso necesitamos que nos marquen unos protocolos claros de una vez.

Luego está la cuestión del público. Parece que no hay miedo a juntarse en una terraza o en un supermercado, pero sí a acudir a conciertos. ¿Habría que trabajar también en ese sentido?

-Seguramente la gente tendría que preguntar al virus dónde prefiere compartir huésped, si en una terraza, en una iglesia, en una empresa, en el autobús o en un concierto. Y cuando el virus le responda, deberíamos actuar en consecuencia. Es algo que arrastramos desde tiempos. Los de la noche, los de los conciertos, parece que somos siempre los malos. Antes era por las drogas. Luego por las peleas. Ahora parece que el foco de contagio del virus vamos a ser nosotros. Espero que seamos todos más cabales.

Una de las cosas que se ha popularizado ahora son los conciertos en streaming. ¿Contempla esa posibilidad aquí?

-No. Me parece una mierda. Absurdo. No sirve para nada y no tiene nada que ver con lo que es un concierto en directo. Además, a una sala no le genera nada, más allá de tráfico en redes sociales, pero aquí ya lo tenemos. Es mi opinión personal, ojo, que igual hay gente que sí disfruta esas actuaciones. Pero no es mi caso. Respeto a la gente que los ve y a quien quiera desarrollar esas líneas, pero nosotros no vamos a hacer eso bajo ningún concepto, salvo que nos paguen mucho por ello (risas).

En cualquier sala de conciertos, lo lógico ante el panorama actual sería tirar la toalla y ya.

-Ni lo dudes. Quienes no tiran la toalla, generalmente, es porque no pueden. Conozco salas de conciertos de otros lugares que han pedido un crédito para pagar los otros créditos. Yo ya no me meto en eso. Imagino que muchas aguantarán hasta el límite por eso. Sé de salas en el Estado que están viviendo situaciones dantescas, con rentas brutales. Si tienes un casero que es una persona física, igual puedes hablar y negociar. Pero si es una gran empresa inmobiliaria, como conozco un caso en Valencia, estás jodido. Luego, hay una parte de salas que están llevadas por gente joven, que aguantarán por esa parte de ilusión y de ganas de luchar contra todo que tienen. No es mi caso. El cierre es algo que barajo. De hecho, es la opción más posible. Hemos pasado muchas calamidades en 20 años. Nos hemos inventado en este tiempo 8.000 fórmulas para que la gente quiera ver música en directo, para que vaya a ver grupos desconocidos. Y ya está. Si no podemos trabajar al 100% y tener un rendimiento económico normal, punto. Como negocio, una sala de conciertos es lo peor que puedes hacer en tu vida. Nosotros, lo que pasa, es que llevamos tantos años que hay como una inercia que te lleva. Pero bueno, veremos qué pasa ahora si conseguimos esas ayudas que te mencionaba antes. Ayudas, por otra parte, que son una novedad porque las salas de conciertos y la música en directo nunca han tenido apoyos públicos. Hay que tener en cuenta que, además, no se nos ha considerado cultura durante mucho tiempo. Yo he sido presidente de la asociación de salas privadas de conciertos de Euskal Herria y he estado en la directiva de la española. Y ves que nadie te ayuda. Aquí nos pasa con Musika Bulegoa, por ejemplo. No contempla la ayuda a la música en directo. El año pasado nos dijeron que sí iban a apoyar talleres de formación y conciertos para niños. Los hicimos, nos presentamos a la convocatoria y nos la denegaron. Consideran que las salas tenemos otros beneficios a través de hostelería. Claro, ante eso...