La singularidad cultural del País Vasco según las dimensiones de Hofstede
Desde que nacemos estamos aprendiendo lo que en nuestra sociedad es considerado correcto e incorrecto, bueno o malo, normal y anormal a través de la interacción con nuestro entorno familiar, social y educativo principalmente. Esto se realiza de una forma tal que no somos conscientes de su implantación y va creando en nuestro cerebro los patrones de comportamiento que nos permiten integrarnos en la sociedad de una forma natural y aceptable mientras interaccionamos con nuestro entorno.
Por supuesto, en ese proceso de “programación mental” (usando un símil informático) existe un apartado nada desdeñable que se refiere al carácter individual que nos hace a unos diferentes de otros y no simplemente clones. Pero aquí quiero fijarme en lo que nos es común por pertenecer a un grupo de personas, a una sociedad con preferencias emocionales comunes consecuencia del proceso de aprendizaje mencionado.
Geert Hofstede, investigador neerlandés en el campo de la cultura considerado por The Wall Street Journal una de las personas más influyentes en el ámbito empresarial del siglo XX y uno de los profesionales más buscados en Google Académico afirmó que las diferencias culturales podían estudiarse de una forma simplificada mediante el análisis de aquellos rasgos que tienden a ser los principales responsables de los conflictos en el mundo. Y es que, en contra de lo que pudiera pensarse, la globalización nos ha traído una mayor facilidad para comunicarnos e interaccionar con los distintos países- sea cual sea su localización geográfica- pero, al mismo tiempo, nos ha expuesto de forma más intensa a las diferencias entre culturas.
Pero ¿qué es cultura? Aunque existe una enorme variedad de definiciones aquí me referiré a la cultura como “programación colectiva de la mente humana que diferencia a un grupo de personas de otra” siguiendo la definición de Hofstede. Es decir, como grupo (Sociedad, Nación, etc.) tendemos a compartir una serie de preferencias de un estado de cosas frente a otras basándonos en motivaciones emocionales. En las investigaciones desarrolladas por Hofstede y otros se ha estudiado cada Nación como una Sociedad única pero es cierto –y el propio Hofstede así lo reconoce– que esto no deja de ser una simplificación por la escasa existencia de datos censales homogéneos en las Sociedades que componían las Naciones, surgidas desde el final de la Segunda Guerra Mundial, cuando se realizó la primera investigación.
Aunque no se dispongan de esos datos objetivos puede ser interesante, basándome en mi experiencia de más de 30 años en este campo, hacer una aproximación subjetiva a la potencial singularidad del País Vasco respecto a los datos agregados atribuidos a España para explicar ciertas características notables. En este punto debo insistir en un punto: esas diferencias -tan obvias para un vasco respecto a un extremeño, un andaluz o murciano y viceversa- no son nada obvias para un británico porque las medias entre España y Reino Unido son tan grandes que se diluyen. Pero entre nosotros las reconocemos exactamente igual como un alemán te asegurará con vehemencia que un originario del estado de Baden Wurttenberg no tiene nada que ver con uno de Hamburgo.
Retomando la discusión sobre cultura, Hofstede definió seis grandes parámetros, a los que llamó dimensiones, para establecer las diferencias culturales entre sociedades. Son las siguientes:
–Distancia jerárquica (PDI): cómo se relacionan las personas entre diferentes posiciones jerárquicas. ¿Son relaciones igualitarias o no?
–Individualismo/Colectivismo (IDV): La necesidad de sentirse obligado a seguir las opiniones del grupo al que se pertenece o no, junto a la forma de comunicarse: explícita (solo cuenta lo que se dice) o implícita (llena de signos adicionales a las palabras).
–Masculinidad/Feminidad (MAS): ¿qué es lo que más motiva?: la necesidad de alcanzar el logro y el éxito o se prioriza el bienestar de la sociedad y el consenso a la hora de tomar una decisión.
–Control de la incertidumbre (UAI): cómo nos enfrentamos a las situaciones de incertidumbre.
–Orientación a Largo plazo (LTO): analiza si una cultura tiene una visión pragmática o normativa de la vida junto a una visión a corto o largo plazo.
–Indulgencia vs Contención (IVR): es un reflejo de mi realidad: ¿cómo me veo yo? ¿tengo una visión optimista o pesimista de la vida?
Me resulta un ejercicio sugestivo comparar las características culturales del País Vasco con otros países europeos. Para entender cómo se puede realizar esta comparación debo recordar que las dimensiones son aspectos de la cultura que pueden medirse y que, por tanto, mediante el tratamiento estadístico de las respuestas a las encuestas empleadas para medir estas dimensiones, empleando la metodología VSM (Value Survey Module), podemos establecer una serie de distribuciones normales (las más habituales para el tratamiento de datos en las Ciencias Sociales) definidas por su valor central (la media) y la dispersión correspondiente al 98,8% poblacional (es decir una dispersión ±3 sigma) como identificadoras de las culturas de distintos países. Como vamos a estudiar las relaciones entre culturas europeas, la dimensión LTO, que explica las diferencias entre culturas orientales y occidentales no resulta especialmente relevante. Algo parecido aplica a la dimensión IVR que analiza de forma principal la idea del autoconcepto, esto es, cómo me veo a mí mismo.
Por estas consideraciones reduciré mi análisis a las cuatro primeras. Así planteado el proceso de análisis –y desde mi aproximación subjetiva– siento que la sociedad vasca presenta algunos rasgos diferenciadores con la cultura media asignada a España que me gustaría compartir.
En la dimensión PDI observo que las relaciones jerárquicas tienden a resultar más planas, donde los superiores son más cercanos y accesibles lo que nos coloca en una situación más cercana a culturas como las correspondientes al centro de Europa (Alemania, Austria) y más alejados de las medias asociadas a Francia, Italia y España.
En lo relativo a IDV percibo una necesidad mayor por el trabajo en equipo, las preferencias por el trabajo colaborativo (nada lo hay más que “la cuadrilla”) lo que nos coloca en una situación bastante diferente a la mayor parte de países europeos que tienden a resultar, en general, muy individualistas y, por tanto, reacios a este estilo de trabajo.
Al estudiar la dimensión MAS no creo que es una sorpresa descubrir la importancia que el consenso y la preocupación por el bienestar de la sociedad presenta la cultura vasca. Cualquier observador conoce la importancia que en la sociedad vasca se otorga a la discreción, no ser arrogante con tus éxitos y, al mismo tiempo, ser sensible ante la desprotección de los menos favorecidos potenciando el bienestar general. Esta aproximación nos acerca a los países del Norte de Europa por oposición a los anglosajones y centroeuropeos.
Finalmente, en la dimensión UAI es donde se observa un gusto especial por seguir las normas, por establecer procedimientos claros para realizar las tareas, el uso de la planificación empresarial a medio y largo plazo, así como la importancia del experto reconocido frente al generalista. De nuevo, en este caso, nos acercamos a los países del centro de Europa donde estas características resultan tan habituales y valoradas.
Este sencillo análisis cultural explica –a mi entender– la razón de iniciativas como la Autogestión y los Programas de mejora (Hobekuntza) tan habituales en el País Vasco y que tanto éxito han cosechado convirtiéndose en un fenómeno no replicado en otros países de nuestro entorno geográfico y empresarial.
Sería deseable que esta percepción subjetiva pudiera confirmarse con una investigación específica sobre las características culturales del País Vasco con el objeto de obtener aquellas conclusiones que nos hiciesen más efectivos en nuestras relaciones personales y empresariales al ser conscientes de nuestras diferencias con las personas y empresas de otros países.
Associate Practitioner in The Culture Factor y colaborador de Arizmendiarrieta Kristau Fundazioa