Quien cruce el umbral del número 14 de la Alameda de Mazarredo, en Bilbao, podría pensar que entra en una guardería. Pizarras, tizas, pingüinos de papiroflexia y un cartabón gigante conviven con 150 investigadores de 36 nacionalidades. Es el Centro Vasco de Matemática Aplicada (BCAM), un lugar donde mentes brillantes desarrollan proyectos increíbles para solucionar problemas complejos.

José Antonio Lozano, su director, es un apasionado de la resolución de problemas y la divulgación. Prefiere centrarse en la utilidad social antes que en tecnicismos: “Resaltar que hemos solucionado una conjetura que llevaba cincuenta años abierta en el campo de la geometría algebraica igual no dice mucho”, admite, priorizando las aplicaciones prácticas del centro.

José Antonio Lozano, director del BCAM. Markel Fernández

Entre sus logros cabe citar una APP que predice “una intubación complicada para una anestesia” mediante análisis fotográfico. Y el proyecto MOVE, que analiza flujos de personas en eventos masivos como partidos de fútbol o conciertos. También combaten los sesgos de la Inteligencia Artificial. Lozano cita el caso de Boston, donde un sistema de detección de baches mediante móviles “benefició solo a barrios de gente joven, porque en distritos de gente mayor utilizan menos las APP”.

Sus investigaciones mejoran la precisión en la aeronáutica, la detección de enfermedades neurodegenerativas y la calidad de los TAC. Durante la pandemia, el BCAM fue estratégico en el Basque Modeling Task Force, desarrollando modelos para predecir la presión hospitalaria y orientar al Gobierno Vasco en la desescalada.

La vida en el BCAM, considerado referente europeo indispensable en la matemática aplicada, no entiende de relojes. “Aquí no hay horario ni fecha en el calendario, porque tú estás en la ducha y estás pensando en el problema que no te sale”, explica Lozano. El proceso es colaborativo, un brainstorming constante, donde a veces, “al día siguiente te levantas y te das cuenta de lo de la jornada anterior carece de sentido”, pero que siempre acaba hallando resultados.

Curiosamente, muchas de las personas que investigan en el BCAM comparten la afición por la música: “Mucha gente toca el piano, la trompeta, la triki o el violín”, comenta el director, quien prefiere el triatlón para desconectar.

De cara al futuro, el centro apuesta por la computación cuántica. Lozano asegura que “Euskadi, cuando llegue el momento, estará bien situada”. Esta tecnología será clave para la IA ya que, al acelerar la optimización, “llegaremos a modelos mejores”.

Matteo Crocci.

Matteo Crocci. Markel Fernández

Matteo Crocci y las matemáticas contra el Alzheimer

Matteo Croci, milanés de 33 años, investiga el movimiento de fluidos en el cerebro para entender las enfermedades neurodegenerativas. Explica que “las proteínas tóxicas se acumulan cuando el sistema de limpieza natural falla, es como una pecera en la que no se cambia el agua al pez”. Ante la imposibilidad ética de experimentar directamente en humanos, utiliza simulaciones 3D y ecuaciones diferenciales. Formado en Milán y Oxford, y tras pasar por Texas y Noruega, recaló en Euskadi gracias al programa Ikerbasque, que “facilita contratos competitivos para investigadores internacionales”. Su trabajo en computación de precisión reducida es, además, clave para la sostenibilidad de la IA.

Luz Roncal.

Luz Roncal. Markel Fernández

Luz Roncal y la descripción de las ondas

“En muchos ámbitos, como las olas del mar, existen ondas por detrás; la cuestión es entender cómo se comportan”, explica la doctora Luz Roncal. Su investigación busca reducir el error en la representación de estas ondas, algo vital para que imágenes médicas de TAC o resonancias sean “mucho más precisas”. Aunque su trabajo es teórico, tiene un impacto real en el procesamiento de señales. Ikerbasque Research Associate Professor y líder de grupo en el BCAM, Roncal ha sido premiada por la Real Academia de Ciencias y la Fundación BBVA. Además, preside la Comisión de Relaciones Internacionales de la Real Sociedad Matemática Española (RSME) y promueve vocaciones científicas femeninas.

Michael Barton.

Michael Barton. Markel Fernández

Michael Barton y las fronteras de la precisión

Para Michael Barton, el éxito se mide en milésimas de milímetro. Este matemático checo, afincado en Bilbao desde hace una década, lidera el grupo de Diseño Matemático y Simulación del BCAM. Su especialidad es el nexo entre geometría e ingeniería, optimizando máquinas cuya tolerancia es de apenas “50 milésimas de milímetro; eso implica que la herramienta debe realizar aproximaciones muy finas”. Sus algoritmos se aplican directamente en el Centro de Fabricación Aeronáutica Avanzada de Zamudio, mejorando procesos industriales críticos mediante el modelado geométrico y el mecanizado CNC de precisión.

Mateus Sousa.

Mateus Sousa. Markel Fernández

Mateus Sousa y las certezas de la incertidumbre

El brasileño Mateus Sousa utiliza las matemáticas para descomponer la realidad. Especialista en la ‘transformada de Fourier’, estudia objetos que subyacen a la transmisión de señales. “Estudio cómo se descomponen en frecuencias básicas”, describe de forma sencilla sobre un trabajo que permite modelar desde sonidos hasta tsunamis. Tras investigar en Buenos Aires y Múnich, se incorporó al BCAM atraído por su línea de Análisis Armónico. Miembro de la Junta de Gobierno de la RSME, Sousa es una figura clave en la conexión entre la matemática pura y sus aplicaciones prácticas en física e ingeniería.