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Locura maravillosa en el Buesa

El Baskonia resiste las embestidas del CSKA en uno de los grandes partidos de esta campaña en la Euroliga y suma un triunfo de oro que mantiene sus esperanzas continentales

07.01.2021 | 23:21
Los jugadores de TD Systems Baskonia celebran la victoria ante CSKA en el Buesa Arena

Fue una de esas noches electrizantes que el público hubiera saboreado de una forma espectacular. El intercambio de golpes adquirió tintes épicos y ambos equipos gastaron munición a mansalva para brindar grandes dosis de espectáculo. La guinda al pastel no fue otra que el emotivo triunfo del Baskonia, capaz de cosechar una hiriente derrota hace 48 horas en Berlín pero también de levantarse como tan solo los más grandes para convertir al CSKA en un grupo terrenal casi tres meses después en la Euroliga.

El equipo vitoriano salió triunfador de una velada con un epílogo no apto de cardíacos y convertida en una montaña rusa de emociones. Pudieron haber sentenciado mucho antes los hombres de Ivanovic pero el CSKA también estuvo a punto de llevarse el gato al agua en los ocho segundos finales. Fue una sucesión de errores desde la personal que retardaron el desenlace del ganador hasta ese tiro sobre la bocina desperdiciado por James que provocó unas toneladas de alivio en las filas alavesas.

El estadounidense, cuyo lanzamiento estuvo bien punteado tras el estéril intento de robo de Henry pero había sido capaz antes de embocar canastas mucho más inverosímiles, destapó su vena más terrenal. Tras pasear su etiqueta de extraterrestre en infinidad de ocasiones a la hora de jugarse con acierto el balón de la victoria, esta vez se le negó la gloria y una prórroga mortal de necesidad pasó de largo.

El Baskonia obtuva una recompensa mayúscula a su titánica actuación y pudo salir indemne de la postrera reacción rusa. Las continuas concesiones por parte de Vildoza, Strelnieks y Fall, tres jugadores a los que les tembló el pulso en un momento inoportuno desde la línea de los 4,60 metros, regalaron una última posesión al CSKA. Hubo que contener la respiración y las uñas acabaron en carne viva, pero la tropa alavesa finalmente pudo celebrar una victoria de oro que reafirma sus esperanzas de seguir peleando por ese preciado tesoro como el billete para el Top 8.

Ese 95-93 definitivo premió la sobriedad, el buen hacer y las ráfagas de excelente baloncesto protagonizadas por el Baskonia que casi nunca sufrió el más mínimo vértigo en pos de su objetivo final y siempre llevó la delantera en el marcador. La tropa alavesa acabó siendo más certera y contundente en una noche propicia para los cualificados estiletes ofensivos de ambos conjuntos, capaces de sostener un ritmo anotador más propio de la NBA a lo largo de cuarenta minutos sin respiro alguno y disputados de poder a poder.

El óptimo arranque azulgrana tuvo todos los ingredientes para desbrozar el camino hacia el éxito. El Baskonia enrojeció los mofletes rusos a base de un baloncesto coral, un elevado ritmo en el juego de transición y una perfecta circulación de balón. Ivanovic también consiguió desactivar a Shengelia con la sombra de un notable Sedekerskis, Henry movió los hilos a la perfección en el timón en contraposición con un individualista James y el equipo vitoriano funcionó como un reloj suizo hasta alcanzar una máxima renta de 14 puntos.

Todas las estrellas de Itoudis habían deambulado como alma en pena por el Buesa Arena y el técnico griego recurrió a su segunda unidad para frenar la sangría. Las desatenciones locales en el cierre del rebote defensivo, el poderío físico de Bolomboy, principal sostén del juego interior ruso, y la pegada exterior de Strelnieks devolvieron el aliento al CSKA, que llegó vivo al intermedio tras cinco puntos consecutivos de James (triple con adicional, más otro tiro libre producto de la técnica señalizada a Ivanovic).

Mientras Shengelia acreditó una mala lectura del juego y se obcecó en la búsqueda de canastas imposibles ante la intimidación de Fall, la muñeca del base estadounidense comenzó a entrar en calor a medida que avanzaban los minutos. El duelo anotador entre Henry y James añadió picante a una velada con elevados guarismos anotadores y también presidida por los grandes minutos de Fall, de nuevo imprescindible bajo los tableros.

El partido pudo verse dinamitado en las postrimerías del tercer cuarto. El Baskonia sorteó un momento crítico con grandeza (55-60) y se disparó raudo hacia la victoria con la pegada propia de un peso pesado, traducida en un parcial de 14-2. El fuego anotador surgido de Vildoza posibilitó un pequeño colchón (79-67) que, sin embargo, no pudo administrarse con sabiduría en el último cuarto. El CSKA regresó al partido y metió el miedo en el cuerpo, pero el conjunto vitoriano resistió con entereza las mortíferas embestidas moscovitas.