Vitoria - Hace casi dos años que Andrés Nocioni, El Chapu, decidió colgar las botas, pero físicamente se mantiene tan fino como de costumbre. Vitoria le vio crecer y en la capital alavesa se hizo nombre. Eso no lo olvida. Como tampoco se olvidan de él los seguidores del Baskonia que recuerdan su carácter y su enorme competitividad. Se lo demostraron ayer, una vez más, en la firma de autógrafos de su biografía (Memorias de un guerrero, escrito por Fabián García) que congregó en la Cafetería Dendaraba a jóvenes y mayores aficionados baskonistas. Estos días le toca ejercer de embajador de la Euroliga y disfrutará del baloncesto y de las delicias de una ciudad que adora.
Para usted esto debe ser casi como volver a casa como el hijo pródigo.
-Vitoria me dio muchas cosas. Fue el trampolín para poder trascender en mi carrera. Aquí me enseñaron a ser profesional, a seguir rutinas, a trabajar, el esfuerzo, la disciplina, el carácter, la personalidad... Eso se forja en lugares como Vitoria, que a mí me sirvió de mucho y por ello le estoy muy agradecido.
Ya lleva unos años retirado, pero se le ve todavía en buena forma.
-Físicamente me mantengo porque me gusta estar bien. Pesco mucho y estoy cuidando mis inversiones y los negocios que he hecho gracias al baloncesto. Paso mucho tiempo con mi familia y estoy dando muchas charlas en empresas de Argentina centradas en el trabajo de equipo, el liderazgo, la personalidad, el trabajo, la disciplina... Todas esas cosas que en una empresa se usan mucho y que nosotros los deportistas tenemos interiorizadas desde muy chiquitos, como un gen que tenemos y que plasmarlo en el día a día de una empresa o una oficina les sirve de mucho. Me mantengo ocupado.
Tiene 39 años, hace casi dos que se retiró... ¿Cómo lo lleva?
-No extraño jugar al baloncesto, la verdad. No tengo la necesidad de querer jugar o pensar en volver. Lo he asumido bastante bien porque, por suerte, me retiré de la manera que quería y como me interesaba hacerlo. No es fácil quitarse la adrenalina del día a día, ese vestuario que es el psicólogo del jugador y eso no se deja apartado y desaparece en menos de un día. No es fácil, pero, por suerte, lo he llevado bien, aunque extrañando cosas del día a día del baloncesto.
Una ventaja para adaptarse a la nueva vida puede ser que, al contrario que ese carácter guerrero que usted transmitía en la cancha, fuera de ella siempre ha sido una persona bastante tranquila.
-Tengo mi personalidad, pero fuera no era como dentro. El aficionado piensa que te lo llevas fuera, pero no es siempre así. Yo quería ganar y ser competitivo y asumía eso, pero fuera llevo una vida relajada.
¿Que relación tiene con el baloncesto?
-Soy muy seguidor y eso es algo que me sorprende. Yo creía que había terminado con el baloncesto y ya me había relajado, pero me está pasando lo contrario. Realmente, sigo mucho a mis antiguos equipos y luego estoy ligado en momentos puntuales. He estado trabajando con la selección argentina, he ido a campus para jóvenes, pero no tengo una disciplina de estar ahí continuamente. Estoy, pero sin ataduras, que es lo que no quería.
Usted vivió su primera ‘Final Four’ como jugador en la etapa final de su carrera y ahora ejerce de embajador de la Euroliga.
-Es un formato como el de la Copa del Rey, con un golpe de adrenalina muy importante. Hay que ganar sí o sí, de la manera que sea. Me genera expectación verla desde fuera, de otra manera. Por eso ser embajador me gusta porque voy a poder ver todo lo que pasa alrededor. Y más aún, que sea mi primera vez como embajador en Vitoria, que es el lugar que me vio crecer.
Su experiencia como jugador solo fue una, pero inmejorable.
-Sí. Mi primera Final Four, salir campeón en un equipo que estaba necesitado de serlo, ser el MVP... Fue una gran felicidad y un gran privilegio que me di. Es un título muy difícil de conseguir y lograrlo al final de mi carrera fue muy importante. Pensaba que no iba a tener otra oportunidad o que no se iba a dar, así que lo disfruté mucho.
Antes, los mejores años de su carrera los pasó en la NBA. Y antes aún, en el Baskonia se quedó con las ganas. En 2001 estaba en Manresa, la derrota en el Buesa Arena contra el Maccabi de 2002, aquella derrota en Moscú en 2004...
-Me quedé con ganas porque se dio la oportunidad de poder conseguirla y nos quedamos cerquita, sobre todo en 2004. Ese año estábamos muy fuertes, con Luis Scola, Macijauskas, Pablo Prigioni, Calderón, Tiago Splitter, yo mismo... Éramos un equipazo, pero perdimos en un partido increíble contra el CSKA...
¿Todavía se acuerda de esa jugada, de cómo le empujaron y los árbitros no pitaron nada?
-La verdad es que sí. Fue una jugada difícil, pero con el tiempo lo vas digiriendo. Son cosas que han ido pasando y todo suma a una carrera deportiva.
Usted se fue y el Baskonia llegó a la ‘Final Four’ cuatro veces seguidas. ¿Cómo lo vivió?
-Siempre con mucha alegría. Yo siempre disfruté de los logros de los clubes en los que estuve. Por ejemplo, cuando el año pasado el Real Madrid salió campeón de Europa otra vez lo disfruté. Y disfruté del Baskonia cuando salió campeón de Copa y de Liga después de irme. Yo siempre lo disfruto, no pienso que me gustaría estar a mí ahí. Lo he disfrutado como el que más.
¿Con Nocioni el Baskonia podía haber ganado la Euroliga?
-Pues uno nunca lo sabe. Cuando me fui vino Travis Hansen, que jugaba bárbaro también. Es muy difícil mirar para atrás en este momento y pensar lo que pudo ser. Yo creo que hubiese pasado lo mismo.
Como buen conocedor de la ciudad, ¿qué recomienda a los visitantes que vengan estos días?
-Sobre todo, que coman muy bien. En Vitoria se come muy bien y también en los alrededores. Hay muchos pueblitos cerca que tienen unos asadores en los que yo me lo he pasado pipa. Íbamos los domingos después de los partidos y lo pasábamos muy bien. Aparte de la buena comida, la ciudad es muy bonita para pasear y hacer caminatas. Es encantadora.
¿Cómo ve esta ‘Final Four’?
-Complicada. Complicada. Es un torneo con mucha adrenalina y difícil de conseguir. Todos tienen las mismas opciones, aunque podamos dar a alguno de ellos como un poco ás favorito. En estas circunstancias, yo los veo a todos al mismo nivel.
Por fin organiza Vitoria una ‘Final Four’. De esto ya se hablaba en el club incluso en su primera etapa.
-Seguro. Eso habla mucho del mérito de Josean Querejeta, el mérito dirigencial, el manejo del club y de lo que es la Euroliga. Conseguir algo tan importante como organizar una Final Four no es sencillo. El Baskonia siempre la había querido y siempre había parecido algo difícil y lejano. Me sorprende el momento en que se dio, pero me sentí muy feliz cuando se supo porque esta ciudad se lo merece porque tiene una tradición de baloncesto muy importante, el club siempre ha jugado la Euroliga y, sin ganarla, es uno de los equipos más importantes de la competición. Si hay una ciudad y un equipo que se merecen la Final Four, son Vitoria y el Baskonia.