vitoria - Tras un largo periodo para la reflexión una vez concretada la amarga decepción copera, el Baskonia se ve obligado a hacer borrón y cuenta nueva en el peor escenario posible. El CSKA, algo más terrenal que en condiciones normales debido a las ausencias de sus interiores Kyle Hines y Othello Hunter pero convertido hasta la fecha en el mejor equipo de la fase regular de la Euroliga, calibra hoy el estado anímico de los vitorianos.
La cornada sufrida ante el Barcelona en el Gran Canaria Arena es de las que dejan huella, pero ya no hay margen para lamentos. Toca levantarse ante uno de esos rivales que puede causar una escabechina si el físico y la mente no responden. La Copa del Rey ya es historia y la máxima competición continental vuelve a abrirse paso como la prioridad de un equipo que necesita lamer sus heridas en la inexpugnable guarida del temible coco ruso, de nuevo el principal candidato a reinar este ejercicio dentro del Viejo Continente gracias a un presupuesto astronómico.
Al Baskonia le espera hoy un desafío colosal en el Megasport Arena, una plaza que tan solo ha sido profanada de forma milagrosa por el Fenerbahce y donde todos los visitantes suelen salir trasquilados ante una máquina de producir puntos como el plantel dirigido por Dimitris Itoudis. El racial técnico griego es el encargado de sacar brillo a la inagotable clase de los exteriores más desequilibrantes que ofrece el panorama continental.
El mágico cuarteto integrado por el Chacho Rodríguez -el brazo ejecutor azulgrana en el duelo de ida en el Buesa Arena con una dictadura incontestable al frente del timón-, Nando De Colo, Cory Higgins y Will Clyburn carece de parangón en cualquier otro conjunto de la Euroliga. A ellos se ha sumado ya Leo Westermann, de vuelta ya tras superar una larga lesión en su cadera. Ante un CSKA en otra dimensión y ubicado varios peldaños por encima, el Baskonia se halla obligado a competir y dar la cara como lo ha hecho en sus últimas visitas a la capital rusa, donde sin embargo no gana desde el año 2005.
jugadores a examen La primera consigna para sellar la proeza residirá en no verse amedentrado por el espectacular potencial de un anfitrión que, a golpe de talento, es capaz de aniquilar en un visto y no visto a cualquiera que se le ponga por delante. Sin embargo, al coloso del Este de Europa se le ha abierto una grieta mayúscula en su juego interior con las sensibles ausencias de sus dos cincos, algo que los discípulos adiestrados por Pedro Martínez deberán intentar aprovechar en la medida de lo posible.
Sin los fornidos Hines ni Hunter, cuyas lesiones han motivado la llegada del temporero Victor Ruud -ex del Maccabi-, el CSKA pierde buenas dosis de músculo, físico y capacidad intimidatoria bajo los tableros. Una pequeña rendija por la que intentar talar el árbol ruso y buscar una victoria de un valor incalculable, si bien el Baskonia no se distingue precisamente por disponer de cincos con habilidad para jugar de espaldas al aro y buscar las cosquillas a sus pares.
Tras su inesperada derrota de la pasada jornada en la Fuente de San Luis ante el Valencia Basket, el cuadro moscovita todavía no ha asegurado el primer puesto de la fase regular para desgracia de los alaveses. Ello hará presumiblemente que su grado de motivación sea máximo con el fin de mantener a raya al Olympiacos y Fenerbahce, sus principales perseguidores en la clasificación.
Al margen de confiar en una solvente respuesta como colectivo, la afición baskonista también mirará con lupa el rendimiento individual de varios jugadores que acabaron muy señalados tras su pésimo papel en la Copa. Shengelia y Beaubois no pueden tirar sistemáticamente del carro, especialmente cuando enfrente aparecen adversarios renacidos como el Barcelona de Pesic o este CSKA armado hasta los dientes.
Nombres como Granger, Marcelinho o Voigtmann necesitan dar el do de pecho para que el Baskonia albergue alguna posibilidad de gloria en uno de esos choques donde la derrota se da casi por descontada antes del salto inicial. El uruguayo y el brasileño quedaron en evidencia en Las Palmas, dejando un toro muy difícil de lidiar a un Vildoza demasiado verde como para asumir semejante responsabilidad.