El Araski obra otro milagro
Tras obtener tres victorias en las últimas cuatro jornadas, el conjunto de Made Urieta asoma la cabeza en el momento justo y certifica otra permanencia angustiosa en la Liga Femenina que le permitirá vivir su undécima campaña en la élite
Victoria en Estepona por 74-77 y un nuevo milagro ha visto finalmente la luz esta temporada para el Kutxabank Araski. El conjunto de Made Urieta disputará la undécima temporada consecutiva en la élite tras una última jornada de infarto en la que dependía de sí mismo.
Cuando todo hacía indicar semanas atrás que la tragedia se cernía sobre el máximo representante del baloncesto femenino alavés, una formidable reacción en el último mes ha devuelto el aliento a un grupo de jugadoras y un cuerpo técnico que, si algo ha mostrado en los momentos más delicados, son toneladas de fe y convicción en sus propias posibilidades.
Han pintado bastos a lo largo de casi muchas tramos en la temporada, pero el Araski ha conseguido asomar la cabeza en el instante justo para certificar otra salvación repleta de angustia y suspense.
Si el pasado curso se libró de la quema tras ganar en Mendizorroza al Cadí la Seu, en esta ocasión la cuesta era mucho más empinada por la identidad de los rivales.
A falta de cuatro jornadas, el descenso era prácticamente una realidad. Al margen de que las sensaciones eran muy negativas y el juego no invitaba a ninguna proeza, todos los averages también le resultaban desfavorables a la escuadra verde exceptuando el Joventut.
Pues bien, lejos de desfallecer, esta ha revivido cuando muchos la daban por enterrada. Primero llegó la victoria en Salamanca ante el Perfumerías Avenida que permitió al Araski atisbar la luz.
Tras una caída esperada en Alcantarilla ante el Jairis, la penúltima jornada resultó fundamental para terminar de creer en el milagro. La contundente victoria ante el Ferrol y la derrota del Joventut ante el Estepona motivaron que las de Made dependieran de sí mismas este sábado en la Costa del Sol, donde quedó rubricada la salvación.
Atrás quedan meses de máximo sufrimiento en los que el Araski ha estado casi siempre asomado al abismo del descenso a la Liga Femenina Challenge. Tras un inmejorable comienzo liguero con sendas victorias en Mendizorroza ante el Perfumerías y el Gernika, empezaron a arreciar las dificultades.
Rotación corta y débil en casa
La raíz de los apuros clasificatorios ha sido básicamente la dificultad para sostener la competitividad durante los cuarenta minutos.
Con una de las rotaciones más cortas de la competición –Mireia Sanz, lesionada en la recta final, apenas ha entrado en los planes de Made en una cuerda exterior sobresaltada al inicio por la marcha de Alyssa Lawrence y la posterior llegada de Alexy Mollenhauer– y la media anotadora más baja de la competición (algo más de 65 puntos), el desgaste físico se tradujo inevitablemente en errores de bulto.
No es que el equipo fuera inferior tácticamente, sino que llegó sin gasolina a los finales de partido, lo que derivó en pérdidas infantiles y una alarmante falta de acierto en tiros liberados que antes solían entrar.
Este agotamiento físico trascendió a lo mental, convirtiéndose en un bloqueo muy complicado de gestionar. En una liga cada vez más profesionalizada y con mayor potencial económico, donde los rivales castigan cada duda, la ansiedad competitiva del Araski convirtió cada posesión final en una losa demasiado pesada.
Incluso en Mendizorrotza, históricamente un fortín emocional, el equipo perdió su efecto intimidatorio; el “efecto Mendi” ya no fue suficiente para compensar las carencias ofensivas y la falta de profundidad de banquillo. Hasta ocho derrotas consecutivas entre el 1 de noviembre y el 15 de febrero llegaron a encadenar las verdes al amparo de su afición metiéndose así en graves apuros clasificatorios.
Varias heroínas
A la hora de la verdad, jugadoras sobradas de personalidad como Sami Hill o Noa Morro, pívot cedida por el Valencia Basket que se fue al doble doble ante el Estepona, han tirado del carro para sostener el entramado vitoriano.
En la conquista de la permanencia, tampoco se puede obviar el sacrificio de Lahtinen en los dos aros, los destellos de calidad de Toussaint, una exterior algo discontinua pero sobrada de talento, la endiablada rapidez de Dembelé, que suple su falta de centímetros en el timón con una intensidad colosal y buenas dosis de clarividencia, o la solidez de Dornstauder. La gigante canadiense ha ido de menos a más hasta acabar imponiendo sus centímetros durante los encuentros y también en el duelo decisivo con unos estelares 13 puntos y 11 rebotes.
Desde su ascenso en 2016, el Araski ha disputado diez temporadas en la Liga Femenina, con cuatro participaciones en la Copa de la Reina (2017, 2019, 2020 y 2023) y dos presencias en semifinales de play off (2017 y 2020), consolidándose como un clásico de la competición pese a contar con uno de los presupuestos más modestos. Un crecimiento sostenido que ha convertido al club en un símbolo de estabilidad y arraigo al más alto nivel.
Finalmente ha tenido que lograr 11 victorias el Araski para cumplir el objetivo en una temporada que pone de relieve la máxima exigencia de la Liga Femenina.
Sumergida en una competición plagada de clubes muy poderosos en el plano económico, algunos de los cuales cuentan con recursos procedentes de equipos en la élite del baloncesto masculino, la entidad vitoriana se exige de cara al futuro conseguir más recursos si aspira a que su proyecto siga conviviendo entre los mejores.
