Aceptar el trago más amargo

El grupo de Arana de Alcohólicos Anónimos lleva 40 años ayudando a los que reconocen ser adictos a la bebida

25.01.2021 | 00:18
Folleto informativo de Alcohólicos Anónimos. Foto: Iban Aguinaga

El primer paso siempre pasa por reconocerlo, pero aceptar que se tiene un serio problema con la bebida siempre es el trago más amargo, el más duro al que se tiene que enfrentar toda persona que quiera decir adiós para siempre a esta adicción. Sin embargo, adentrarse en el camino de la recuperación personal puede ser mucho más fácil si se hace en compañía, tal y como descubrió en 1935 un hombre de negocios de Nueva York, llamado Bill W., que tras lograr permanecer sobrio buscó a otra persona para compartir experiencias en un esfuerzo por evitar recaer.

Un año después, en 1939, publicó un libro titulado Alcohólicos Anónimos y su éxito fue tal que tanto en el país de las barras y de las estrellas como en el extranjero empezaron a fundarse grupos que tomaron el nombre de esta publicación. Al Estado, español, en concreto, llegaron en 1970. Existen actualmente más de 600 grupos. En Vitoria, sin ir más lejos, existen tres de ellos (en las calles Andalucía 14, Las Escuelas, 2 y en la plaza del Dantzari, 5) y el primero de ellos, el grupo de Arana, acaba de soplar 40 velas.

Un aniversario que conmemoró el pasado 23 de enero con una reunión por la tarde abierta a todo el mundo, en los locales de su sede, cumpliendo con todas las medidas anticovid, en la que explicaron quiénes son y cómo funcionan con el objetivo de despejar dudas a toda persona que deseara dejar la bebida. Y es que, aunque este año la pandemia se lo haya puesto más difícil, siempre intentan celebrar que siguen al pie del cañón.

En 2020, por ejemplo, pudieron organizar dos charlas: una, en las dependencias de su local, con merienda posterior, y otra, en las de la parroquia San José. "Aparecieron unas tres personas que no eran alcohólicas y vino también gente de Al Anon (grupo de ayuda para familiares y amigos de alcohólicos) y Al Ateen (el grupo para los hijos y menores de alcohólicos)", recuerdan dos guipuzcoanos afincados en la capital alavesa y un vitoriano que ahora cumplen a raja tabla el décimosegundo paso del grupo de Alcohólicos Anónimos: el de ayudar a salir de esta adicción a otras personas que se encuentran exactamente como ellos estaban hace unos años.

El paso 12 "Los que llevamos el grupo somos los propios alcohólicos. El que menos tiempo lleva de nosotros tres soy yo, puesto que dejé la bebida hace cinco años y ahora tenemos que dar el mensaje con el mismo precio que nos los dieron: Gratis. Es lo que nos dice el paso 12", aclara uno de ellos, que cumpliendo con el nombre del grupo, prefiere, al igual que sus otros dos compañeros del grupo de Arana, no revelar su identidad.

"Una vez que se te van los vapores del alcohol, te das cuenta de que esto no se trata solo de tapar la botella. Necesitas algo más para que tú mismo empieces a tener ganas de vivir y ese algo te lo da el programa y lo que te enseña es que en lo que puedas ayudar al grupo y a otras personas que están sufriendo que lo hagas", explica.

Normalmente, ese punto de inflexión de decir adiós al alcohol suele ser, como añaden, "cuando tocas fondo", es decir, cuando se llega a una situación extrema. "Ya estás a broncas con la familia, en mi caso no era en el trabajo, pero sí que hay mucha gente que, o bien lo ha perdido o ya le han pegado un par de toques de atención. Cuando tú le ves las orejas al lobo, es cuando empiezas a pedir ayuda", detalla.

A la pregunta de si sentían que tenían el control de la situación, uno de los voluntarios del grupo de Arana contesta, sin ningún tipo de duda, que "éramos conscientes de que teníamos un problema. El yo controlo es una frase que se oye mucho, pero es mentira. Mi ejemplo es el de que estuve entre cuatro, cinco o seis años intentando controlar, ¿pero qué me ocurría? Que cuando estaba unos días sin beber, mi mente trabajaba a una velocidad terrible. Pensaba que era un fenómeno, pero al día siguiente me llevaba el zapatazo porque siempre que luchas contra el alcohol, y esto es impepinable, te gana de todas. Yo estaba física y mentalmente hecho polvo. Fue cuando en el taller me ofrecieron para llevarme a Bilbao, a una clínica, y fui. Allí me dijeron que era alcohólico y me mente decía: Beber sí, pero alcohólico no. ¿Qué ocurre con reconocer que se es alcohólico? Que eso implica una derrota total Y si eso no lo asumes...".

Como remarca el tercer exalcohólico del grupo de Arana: "Eso es lo primero que tienes que reconocer, que eres alcohólico, y a partir de ahí como ya sabes cuál es la enfermedad, ya conoces cuál es el remedio: No beber y desde ese momento se asiste a las reuniones para aprender de las experiencias del resto de compañeros. Vas sacando tus primeras conclusiones y cada día que va sacando te vas siendo anímicamente mejor y te sientes más a gusto contigo mismo y con los demás".

No en vano, como matiza, son los demás "los que más perciben el cambio de tu situación personal: pasa lo mismo que cuando engordas o adelgazas". Y es que "hay algo" entre las cuatro paredes en las que se juntan, según coinciden estos tres ciudadanos en señalar, que gracias a ese intercambio y reflexiones, "hace que podamos seguir adelante y hacerlo además con ánimo".

La primera copa Y eso que no es fácil, puesto que el alcohol es una de las adicciones más normalizadas en la sociedad "y de las más asequibles", matizan. "Así empezamos todos: cuando empezamos a salir con los amigos y cuando te quieres dar cuenta ya estás metido en una vorágine de la que no sabes salir, si no hay alguien que te puje: puede ser el médico, el psicólogo... Aunque en muchos casos es la propia familia, que suele ser cuando te dicen que o haces algo o se rompe esto".

Es entonces cuando uno se plantea: "O doy este paso o...", deja en el aire un final sin enunciar que se adivina trágico. En cualquier caso, reiteran que en la mayoría de los casos, lo que suele costar mucho, es el aceptarlo. "Sobre todo si el que viene es algo joven, y se plantea si va a poder estar toda la vida sin beber. A mí, por lo menos, eso me costó mucho", especifica.

Por esta razón, en Alcohólicos Anónimos hay un plan que se denomina el Plan de las 24 horas, que consiste en el Hoy no voy a beber. Una especie de paso a paso para sobrellevar mejor cada jornada porque "mi objetivo es hoy. Mañana ya vendrá porque eso lo tenemos que aplicar todos los días de nuestra vida. Así se hace mucho más llevadero", argumenta. Las reuniones de alcohólicos anónimos, pese a la pandemia, se han podido seguir haciendo.

"Seguimos con el protocolo en el día a día. Es obligatorio usar la mascarilla. Tenemos los geles hidroalcohólicos, guardamos la distancia interpersonal... Por esta razón, lo que no tenemos son los aforos que teníamos antes. Antes, podía entrar en el grupo todo el que quería. Ahora, lo hemos restringido un poco y entre que también hay gente que ahora tiene miedo de venir por la pandemia, no vamos todos los que somos".

Así, ahora a las reuniones asisten sobre la media docena, la mitad de los que lo hacían antes de la irrupción del covid. En cualquier caso, los 12 pasos y las doce tradiciones son los que siguen guiando la sobriedad y el bienestar del grupo.

Perfil variado El perfil de estas personas que asisten a este tipo de encuentros es muy variado: "Hay de todo: mujeres y hombres estamos casi a la par y respecto a las edades, hay desde jóvenes a adultos", detalla. En cuanto a los problemas que el alcohol les ha conllevado, también hay de todo: "Hay gente que viene más entera y hay otros que están sin trabajo, algunos con deudas... Pero el que viene normalmente viene sufriendo", concretan.

Respecto al tiempo que se tarda en abandonar el alcohol, hay también "de todo porque hay gente que lo deja el primer día, según entra, y hay otra a la que le cuesta. Digamos que bajan la cantidad que bebía un día normal, pero le lleva un tiempo cerrar el grifo del todo: si antes se bebía una botella de vino por la mañana, otra al mediodía y otra a la tarde, ahora se toma dos txikitos en cada una de esas franjas. Yo he sido uno de los afortunados que según entré lo dejé, porque no quería quedar en mal lugar, que se dieran cuenta por mi aliento o que estuviera un poquito mareado. Entonces, el día anterior dejé de beber porque ya sabía dónde iba. Ahora, en marzo voy a hacer cinco años".

Preguntados sobre si han notado que por la pandemia hay más problemas por el alcohol, responden que la gente sí que llama más. "Se ve que tienen más problemas, pero no sabemos hasta qué punto están por la labor de quedarse con nosotros a aceptar una vida sin alcohol. De un año a esta parte, la gente joven llama, pero no se queda. Para que lo haga uno, tienen que pasar unos cuantos. Hay mucha gente que viene un par de meses, ve un poquito el funcionamiento de Alcohólicos Anónimos, y cree por estar ese tiempo sin beber, tiene el tema dominado, deja las reuniones y luego te lo encuentras en la calle con la misma rutina de antes".

En todo caso, el problema que más han notado en Alcohólicos Anónimos durante la pandemia fue durante el confinamiento, cuando las bebidas alcohólicas volaban de las estanterías del supermercado, cuando cerraron los bares. "El consumo se llevó a casa y los que estaban alrededor se daban cuenta de la cantidad que bebía su familiar e incluso uno mismo", ilustran.