La frase de “el partido no termina hasta que el árbitro pite el final” se lleva repitiendo durante décadas en el fútbol, y el Alavés, especialmente en estas últimas jornadas, se está encargando de demostrar su vigencia de forma continua y dramática.

Desde la llegada de Quique Sánchez Flores al banquillo babazorro, los encuentros bajo las órdenes del técnico madrileño se han caracterizado por desenlaces emocionantes y decisivos en el marcador final, con resultados que han rozado tanto positivos como trágicos.

Ya en su debut al frente del Glorioso, ante el Valencia en Mestalla, se evidenció que, al menos por el momento, los aficionados albiazules deben mantener la vista pegada al partido hasta el último suspiro de cada encuentro.

En aquella primera ocasión, el Alavés mantuvo la ventaja en el marcador (1-2) hasta el minuto 90 del partido, momento en el que Eray Cömert logró el empate para los locales.

Pero el calvario no terminó ahí. Hugo Duro culminó la remontada valencianista en un agónico 90+8, sentenciando el 3-2 final el partido de La Liga y dejando a los babazorros sin premio tras un esfuerzo titánico.

La siguiente jornada trajo consigo una historia similar, aunque con un desenlace menos amargo. El Alavés aguantó la ventaja hasta el 90+8 en su enfrentamiento contra el Villarreal, hasta que Nicolas Pepé decidió irrumpir con un potente gol que selló el empate final (1-1) en el marcador.

De nuevo, otro partido cuyo resultado se decidía en esos instantes finales que comenzaban a perfilarse como una asignatura pendiente del Alavés de Quique.

Finales más felices

Sin embargo, la jornada posterior ofreció un pequeño respiro y, a pesar de una épica victoria a domicilio ante el Celta (3-4) tras una gran remontada, el marcador no sufrió alteraciones en el tiempo de descuento.

Gran parte del mérito recayó entonces en la figura de Antonio Sivera que logró una parada salvadora al minuto 96 del partido para sellar la victoria final.

El último partido del Alavés también tuvo un final más feliz que los primeros. Boyé logró empatar el partido ante Osasuna en el 90+1 para seguir con la tradición de instantes finales frenéticos y determinantes con Quique. Esta vez –como ante el Celta– para bien.