El Deportivo Alavés busca soluciones para poner fin a la mala racha de resultados en La Liga, que se prolonga desde su última victoria el 30 de enero. En ese contexto, el banquillo está llamado a dar un paso al frente y convertirse en un revulsivo vital, algo que no ha conseguido en los últimos encuentros.

El reciente duelo ante el Villarreal volvió a evidenciar la escasa aportación de los jugadores que entran desde el banquillo. El primer cambio de Quique Sánchez Flores no llegó hasta el minuto 75, cuando Jon Guridi sustituyó a Carles Aleñá, con apenas un cuarto de hora por disputarse. El centrocampista guipuzcuano apenas pudo tener relevancia en el devenir del encuentro.

Las siguientes sustituciones del Alavés fueron la entrada del debutante Ville Koski en el minuto 80 y, ya en el tiempo añadido, los cambios de Carlos Ballestero –tras la lesión de Nahuel Tenaglia– y Abde Rebbach en el 90+1. 

Ninguno de ellos pudo tener demasiada influencia en el juego, más allá de que el central finlandés estuvo cerca de introducir el balón en su propia portería en una acción desafortunada defendiendo un saque de banda del rival.

Aunque no sea, ni mucho menos, la principal causa de los últimos malos resultados, sí preocupa la escasa incidencia que están teniendo los revulsivos albiazules en los encuentros recientes.

En el partido ante el Valencia CF, que supuso el debut de Quique Sánchez Flores en el banquillo, la situación fue similar. Los cambios volvieron a aportar poco al conjunto del Paseo de Cervantes, mientras que las sustituciones del cuadro che sí lograron agitar el partido y terminaron siendo clave para la remontada.

De hecho, la actuación de Mariano Díaz –último cambio del Deportivo Alavés esa noche– fue especialmente señalada, hasta el punto de ser considerada por muchos como uno de los factores que contribuyeron a la derrota.

Y es que desde el partido ante el Sevilla FC disputado el 14 de febrero, los revulsivos del Deportivo Alavés no han logrado tener una influencia especialmente positiva. En aquel encuentro, las entradas de Pablo Ibáñez, Ander Guevara y Ángel Pérez al descanso cambiaron el rumbo del partido y permitieron que un Alavés, hasta ese momento espeso, rescatara un punto en su visita al Ramón Sánchez-Pizjuán.

El objetivo ahora pasa por recuperar esa energía de los jugadores que entran desde el banquillo, cuya aportación puede resultar decisiva en el resultado final. Para ello, los revulsivos deberán empezar a ganar peso sobre el terreno de juego e influir de manera positiva en los partidos si, además, quieren aumentar su protagonismo dentro del equipo.

Once asentado

Más allá de las constantes bajas en defensa, el Deportivo Alavés parece tener a estas alturas de la temporada un once bastante definido para adentrarse en las jornadas decisivas del campeonato liguero. 

Con el centro del campo de tres mediocampistas que ha implantado Quique Sánchez Flores desde su llegada a Vitoria –al apostar por su habitual sistema con cinco defensas– esos puestos parecen reservados para Antonio Blanco, Pablo Ibáñez y Carles Aleñá.

Por ello, futbolistas como Ander Guevara, Jon Guridi o Denis Suárez deberán esperar su oportunidad y, cuando llegue, aprovechar al máximo los minutos que les conceda el técnico madrileño.

En la delantera la competencia tampoco es sencilla para quienes buscan hacerse un hueco. Lucas Boyé y Toni Martínez –ambos a buen nivel durante este tramo de la temporada– parecen inamovibles en la doble punta. Tanto es así que Ibrahim Diabaté, incorporado en el mercado de invierno, todavía no ha tenido la oportunidad de debutar.

Además, la reciente mala actuación de Mariano Díaz y la pérdida de protagonismo de Aitor Mañas –ausente en las últimas convocatorias– reflejan que las alternativas ofensivas tampoco terminan de asentarse ni de ofrecer el impacto esperado cuando se les da la oportunidad de saltar al terreno de juego.

Diez finales por delante

A falta de diez partidos para el final de La Liga y con la pelea por la permanencia todavía muy abierta, la aportación de los revulsivos puede resultar determinante para encarrilar la salvación. En un tramo final de liga donde cada punto pesa más que nunca, contar con jugadores capaces de cambiar el ritmo de los partidos desde el banquillo puede marcar la diferencia.

Por lo tanto, el equipo babazorro afronta ahora semanas clave en las que necesitará algo más que un once competitivo. La profundidad de plantilla y la capacidad de los suplentes para aportar frescura e intensidad o soluciones tácticas será fundamental en los siguiente encuentros.

Si los revulsivos logran dar un paso al frente, el Alavés no solo ganará variantes durante los partidos, sino también competencia interna dentro del vestuario, un factor que suele elevar el nivel colectivo en los momentos decisivos. Ese impulso extra puede ser clave para que el Glorioso vuelva a levantar el vuelo y deje atrás una racha de resultados que se está prolongando más de lo deseado.