Eduardo Coudet ha dirigido el entrenamiento de este lunes en las instalaciones de Ibaia mientras su desvinculación sigue sin resolverse. El técnico babazorro se puso al frente de la sesión a las 12:00 horas con aparente normalidad, a pesar de que su salida del Deportivo Alavés rumbo a River Plate se da por hecha tanto en Buenos Aires como en Mendizorroza.
Sin embargo, mientras no exista un acuerdo formal entre ambos clubes, el argentino sigue siendo entrenador del conjunto albiazul. Y como tal, le toca ejercer, aunque hoy aprovechó para despedirse de una plantilla que ya era consciente de la noticia, tal y como se pudo comprobar en algunos gestos.
Eso sí, que este martes tenga que acudir nuevamente a entrenar sería otro sinsentido de un culebrón que arrancó hace más de una semana con el anuncio de la dimisión de Gallardo al frente de River.
Y es que el escenario dista mucho de ser ideal. Pese a haber comunicado a los jugadores su marcha, que el Chacho continúe preparando al Glorioso genera una situación que no beneficia a nadie. Ni al propio preparador, que tiene la cabeza en otro proyecto, ni a una plantilla que necesita certezas en un tramo de temporada donde cada punto puede marcar la diferencia entre la permanencia y el descenso de categoría.
El Alavés, a la espera del derbi entre el Real Madrid y el Getafe, va a cerrar la 26ª jornada del campeonato a tres puestos de la zona roja, aun y con el importante varapalo sufrido el viernes frente al Levante en el Ciutat de València (2-0). La derrota del Mallorca, en Son Moix ante la Real Sociedad, es lo que ha permitido a los gasteiztarras mantener su pequeño colchón.
Sea como fuere, los albiazules no pueden permitirse el lujo de perder el tiempo, y el reloj aprieta por lo que viene el domingo. El Glorioso visitará Mestalla (21:00 horas) para enfrentarse a un Valencia que también pelea por su supervivencia en la élite. Un duelo directo en toda regla, de los que dejan huella en la clasificación y en el ánimo de un vestuario que, precisamente, no ha recibido alegrías en las últimas semanas.
Preparar un partido así exige una semana de trabajo limpia, con un mensaje claro desde el banquillo y una dirección técnica volcada al cien por cien en el objetivo. Las condiciones actuales, con un entrenador en la rampa de salida, no invitan al optimismo en ese sentido, si bien es cierto que, si algo ha demostrado esta plantilla, es que se crece y responde en los momentos difíciles.
Quique Sánchez Flores, a la espera
En los despachos del club, la hoja de ruta está definida. Quique Sánchez Flores es el elegido para tomar las riendas del equipo y su perfil –veterano en LALIGA– encaja con lo que la dirección deportiva busca para este final de curso. Será un acuerdo por lo que resta de este ejercicio y la opción a un segundo. Pero nada puede cerrarse en esa dirección hasta que la salida de Coudet quede resuelta.
Sánchez Flores, de 61 años, entrenó por última vez al Sevilla, en la temporada 2023-24. Llegó al Sánchez Pizjuán para impedir el descenso, después de que José Luis Mendilibar y Diego Alonso fueran despedidos ese mismo ejercicio, y cumplió el objetivo sin demasiados apuros, haciendo las cosas fáciles. Suya ha sido la versión más competitiva de los de Nervión en los últimos años.
Antes de su experiencia en tierras andaluzas, donde no continuó por discrepancias sobre el proyecto a medio plazo, el madrileño dirigió al Getafe, Watford, Espanyol, Atlético de Madrid, Benfica y Valencia, todo clubes de la máxima categoría. También tuvo sus experiencias fuera de Europa, tomando las riendas del Al-Ahli y Al-Ain de los Emiratos Árabes o del Shanghái Shenhua chino
No se trata únicamente de cerrar el capítulo del Chacho, sino de abrir el siguiente con el margen suficiente para que su sucesor pueda conocer a los jugadores, transmitir sus ideas y preparar la visita a Mestalla en condiciones. Cada día que transcurre sin una resolución es un día menos para el nuevo inquilino del banquillo babazorro.
Mientras tanto, Coudet sigue al frente. La imagen de este lunes en Ibaia refleja una normalidad que solo es aparente, pues todos los implicados saben que se trata de una situación con fecha de caducidad. La pelota está en los despachos. Cuanto antes se cierre el acuerdo entre el Alavés y River Plate, antes podrá el equipo pasar página y encarar lo que queda de temporada con certezas. El partido del domingo en Mestalla no espera.