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“Para quienes somos de Armentia, San Prudencio es un reencuentro”

A solo unas horas del inicio de las fiestas de Armentia, que viven su día grande pasado mañana con la subida a las campas, López de Uralde hace un parón para atender a NOTICIAS DE ÁLAVA

“Para quienes somos de Armentia, San Prudencio es un reencuentro”Jorge Muñoz

Hay vecinos de Armentia, como el presidente de su Junta Administrativa, que tienen al patrón de Álava hasta en el nombre. “En abril suelo ser Prudencio y el resto del año, Alfredo”, bromea este oriundo del concejo “desde tiempo inmemorial”. Presidente de la Junta desde 2013, poco después de prejubilarse, su relación con esta institución viene de mucho más atrás, pues ya fue vocal y fiel de fechos entre 1993 y 2005. “Todas las Juntas Administrativas son amor propio y pura lucha”, anticipa López de Uralde.

¿Todo listo para las fiestas? 

Aparentemente, todo concluido. A mí me gusta que abril solo sea para los imprevistos. Y, de momento, así nos está saliendo el tema, y por eso estamos un poquito más relajados este mes. No relajados, pero no estamos trabajando apresuradamente, sino a un ritmo muy tranquilo.

Para lograr esta tranquilidad su trabajo empieza prácticamente después de Navidad, ¿no?

Así es. El último domingo de enero presento a todos los vecinos el proyecto de fiestas y ahí todo el mundo opina. Y, a partir de ahí, el 3, 4 o 5 de febrero aprobamos el pliego de condiciones para los puestos, y después se lanzan las invitaciones. El que ha tenido un puesto siempre tiene prioridad para el año siguiente y se le invita a estar en el mismo sitio. Y los que quedan libres se ofertan a los nuevos.

¿Qué es lo más difícil de organizar en unas fiestas de esta entidad, sobre todo por el gran volumen de gente que atraen el día 28?

Tenemos como 200 puestos, aproximadamente. Y eso supone que tenemos que pedirles mucha documentación: que estén libres de cargas con Hacienda o la Seguridad Social, que estén en actividades económicas, que presenten el número de Sanidad… Y ahora tenemos que ponerles agua a todas esas txosnas, con su grifito. Está también el tema de la limpieza, que se tendría que llamar la perfección. En este caso es Juan Carlos, nuestro coordinador del Ayuntamiento. Hoy –por el jueves– le han pegado un repaso que da gusto al pueblo, y el día 29 uno que no sea de Armentia y pase por aquí no va a saber el follón que hubo el día anterior.

En definitiva, todo lo que no se ve para que la fiesta salga perfecta. 

Eso es. Ahora quedan pequeñas cositas, pero que suponen tiempo.

¿Qué supone para Armentia convertirse por unas horas en la anfitriona de toda Álava? 

Es que estamos acostumbrados, porque lo hemos visto desde que hemos nacido. Con menos afluencia, por supuesto, porque la cantidad de gente que viene ahora no es comparable. Cuando eras crío, el día de San Prudencio no llegaba nunca. Faltan 20 días, 19, 18... Y ahora la fiesta nos atropella, se nos echa encima. 

Prudencio Alfredo López de Uralde, presidente de la Junta Administrativa de Armentia, frente a la basílica.

La fiesta también ha cambiado, ¿no? Pese a ese carácter tradicional.

Sí, por ejemplo en el tema de los puestos. Hace 30 años incluso venían aquí pequeñas tómbolas. Eso se eliminó y vamos poquito a poco metiendo más cosas autóctonas. Ojo, no echamos a nadie de ningún puesto. Pero si alguno se da de baja... Estos que se llaman artesanos, pero que al final son bolsos que vienen de no se sabe dónde, igual ocupamos su lugar por algo más propio de aquí. 

¿Qué novedades destacaría para este año en este ámbito concreto?

Hemos metido cosas más autóctonas como la miel. Vienen varios productores de La Rioja por primer año, también de aquí... Y además vamos a tener más artesanos de pastelería y muchos de cecinas o chorizos de la zona de Galicia y León.

¿Qué tienen estas fiestas de diferentes para los autóctonos, en comparación con la gente que viene a Armentia a disfrutar?

Es un reencuentro, en el fondo. Por ejemplo, mi hermano que tiene 84 años, viene a las 9.00 de la mañana porque se encuentra con los de su época, antes de la misa mayor. Es el reencuentro de la gente del pueblo. 

Las fiestas aquí en Armentia son más que el día 28. Empiezan de víspera, de hecho. ¿Hay un momento que le guste especialmente?

La ofrenda floral y el aurresku en el monumento, después de tirar el txupinazo. Hasta el año 1995 subíamos sin más, pero a partir de ahí comenzamos con una tamborrada popular. Salimos del Salón cultural, damos un recorrido por el pueblo y después subimos al santo. 

¿Hay relevo generacional en Armentia?

Igual para la Junta Administrativa sí, pero no viene desde los mozos, los jóvenes del pueblo. Porque en cuanto se echan pareja, se van a vivir a Vitoria o a otros sitios. Hay pocas viviendas, y a las que hay no pueden acceder. Mientras tengan aquí al abuelo o a alguien, van a seguir viniendo. Pero cuando ya no lo tengan, igual no acaban ni en Vitoria, porque la mayoría son universitarios.

¿Pero llega población nueva?

Poquita. Nos mantenemos entre los 312-315 vecinos. Hay una pareja muy maja que lleva tres o cuatro años que ha empezado a colaborar con el pueblo y se ha involucrado mucho. Pero todo nuestro bagaje infantil son un niño de seis y una niña de dos años.

Decía anteriormente que para la Junta sí ve mejor relevo. 

Sí, pero en todos los concejos y pueblos pequeños tenemos el mismo problema. Que si no hay vocación y trabajo desinteresado... Todas las juntas administrativas son amor propio y pura lucha. Nosotros estamos aquí por ese amor propio y luchando contra viento y marea por nuestros vecinos, que nos han designado. Y creo que de eso también las instituciones se aprovechan. Porque si no, esa es una labor que tendrían que hacer ellas y se quedaría sin hacer. Todos ponemos dinero de nuestro bolso, porque yo nunca paso ni el urbano, ni la gasolina, ni mi tiempo. Entonces... está todo dicho.

López de Uralde posa en la campa de Armentia antes de ser adecentada para la subida del martes.

¿Cree que Vitoria vive a espaldas de sus concejos? ¿Y específicamente de Armentia?

Yo diría que igual en Armentia somos un poco privilegiados. Recibimos menos, pero damos mucho porque aquí un domingo de primavera u otoño en muchos momentos habrá mucha más gente que en la calle Dato y alrededores. Entre los que vienen a pasear, los que hacen deporte, los que se sientan sin más a gusto, los que vienen a la bolera... Y nos tienen más en cuenta, por ejemplo en el tema de la limpieza.

¿Y qué me dice de los nuevos desarrollos urbanísticos?

Ahí está el sector 17, y con este tema tenemos un dilema. A nosotros nos afectaría muy positivamente si se abriese el túnel –el que se construyó para la fallida Ronda Sur– y se descargase la gran cantidad de gente que utiliza los caminos de Armentia para atajar. La calle principal del pueblo (Mendibe), que es muy estrechita, en unas horas determinadas puede asumir tanto tráfico como algunas autovías. Por ahí pasa la gente que viene y va a Treviño, los de la ikastola, los que bajan a sus hijos a las escuelas en Vitoria… Y esos vecinos viven machacados de ruidos, de humos y de todo. Aparte, todos los padres y madres que tienen que pasar por la calle Mendibe para ir a la residencia Etxebidea se juegan el tipo, porque hay coches que van a una velocidad extrema. Si ese túnel tuviese continuidad y saliese adelante la urbanización del sector 17 –que estaba asociada a la Ronda Sur–, eso traería muchísimos vecinos al pueblo. 

¿Y cuál es el dilema? 

Pues que, en realidad, preferiríamos ver el sector 17 con trigo y cebada. En este caso, la solución está clara y se ha hecho en dos ocasiones, que es cerrar al tráfico la calle Mendibe.