La Diada Castellera levanta pasiones en Vitoria
Las collas Euskal Herriko Casteller Taldea y Xicots de Vilafranca levantan castells de hasta siete pisos en la Plaza Nueva
La Diada Castellera protagonizada por Euskal Herriko Casteller Taldea y los Xicots de Vilafranca dejó sin aliento al público congregado en la Plaza Nueva durante la mañana del sábado. Desde las 11.15 horas, momento en que los y las castellers partieron desde la plaza de los Fueros en la tradicional cercavila —un desfile hasta el lugar de la actuación, encabezado por la música de gralles y tabal—, hasta aproximadamente las 13.00 horas, cuando concluyó el evento, la jornada estuvo cargada de emoción, color y un emotivo respeto cultural.
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Tras cada ronda de castells, la Plaza Nueva rugió con fuerza para vitorear a todas las personas que hicieron posible levantar estructuras de hasta siete pisos, además de otras más contenidas, de cuatro o cinco alturas. Esta edición de la Diada Castellera, celebrada en la capital alavesa, nació fruto de la estrecha colaboración entre la colla anfitriona, Euskal Herriko Casteller Taldea, y los Xicots de Vilafranca, una de las veinte mejores agrupaciones del mundo, que compite en la máxima categoría del Concurs de Castells que se celebra cada dos años en Tarragona.
Patrimonio de la UNESCO
En total, un centenar de castellers formaron por turnos estructuras titánicas en el centro de la plaza, que se llenó con centenares de curiosos y familiares deseosos de conocer de cerca una tradición catalana, reconocida por la UNESCO en 2010 como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Cada castell simboliza el trabajo en equipo, la solidaridad, la autosuperación, el sentido de pertenencia y la inclusión de personas de todas las edades, orígenes y condiciones.
La de este sábado fue, además, la segunda diada organizada por Euskal Herriko Casteller Taldea en Euskadi, aunque la impecable ejecución del acto hizo pensar que acumulaban ya una amplia trayectoria. Por razones de física pura, los miembros más pequeños del grupo ocuparon las posiciones más elevadas y aquellas personas más fornidas hicieron lo propio en la base. Uno de los momentos más emocionantes de la jornada lo protagonizó una niña que dudó en iniciar el ascenso final. Los vítores del público le dieron el empujón anímico necesario para escalar hasta la cima y ondear la Ikurriña entre aplausos atronadores.
Si bien cada colla dispone de tres rondas para realizar tres castells diferentes, lo cierto es que ambas trabajaron también de manera conjunta, colaborando activamente en las construcciones. Como si de una maraña de brazos se tratara, desde la base no escatimaron esfuerzos para fortalecer el núcleo de la colla y asegurar así un ascenso lo más seguro posible hacia la cima.
Una vez concluida la Diada, que duró cerca de hora y media, la celebración continuó con un animado epílogo festivo. Los y las músicas se situaron en el centro de la Plaza Nueva y ofrecieron un repertorio de piezas que invitaron al baile a un público diverso, con niños, jóvenes, adultos y personas mayores disfrutando al unísono de una jornada inolvidable.
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