"Dos marianitos blancos, un izaguirre y tres zuritos", grita Maite desde el otro lado de la barra. Casi no se le oye con la mascarilla, pero el camarero le entiende perfectamente y se apresura al cañero. A un lado se acumulan algunas tazas de café y vasos de mostos y vermús ya consumidos. Las gildas lucen como no lo hacían desde hace meses en las barras de los bares, que cobran vida tras levantar el Gobierno Vasco la emergencia sanitaria por covid.

Es sábado de puente, para algunos, y aunque mucha gente ha volado de Vitoria, hay ambientillo por Kutxi a partir de la una del mediodía. "¿De qué es esta tortilla?, pregunta uno; "de patata y espinacas", responde el barman; "a mí, un pintxo caliente", reclama otro de la cuadri, y "una de rabas", pide su pareja desde el rincón del establecimiento.

Las consumiciones van y vienen del interior a la calle y, viceversa, en manos de sonrientes clientes encantados de retomar el poteo por el Casco Viejo. Muchos echaban de menos consumir en barra hartos ya de tener que pillar mesa libre y permanecer sentado en una silla de terraza. "Al final, bebes más, sobre todo cuando había hora de cierre, porque estabas pensando, venga, otra, antes de que chapen", apunta Mario delante de su "segunda" Voll-Damm.

El vermuteo gusta y se degusta

El vermuteo gusta y se degusta en la Cuesta, donde nada más asomar ya se atisban grupitos de amigos que han quedado para potear sin limitaciones. "Hay que aprovechar, no vaya a ser que cierren de nuevo", alerta Mario, que todavía no las tiene todas consigo, pese a que los epidemiólogos insisten en que con gran parte de la población ya vacunada es difícil que se dé una ola de coronavirus tan elevada como las pasadas. "No sé, no sé, en cuanto esto se desmadre...", gesticula mientras saluda con la mano a un compañero de curro que pasa de largo. "Al 7, que hemos quedado con mi hermana y mi cuñado; comemos donde mis aitas", le detalla.

"Han tardado demasiado en abrir las barras de los bares, los clientes ya llevaban tiempo pidiendo que se dejara consumir dentro", sostiene Maki mientras atiende el Txistu. "A ver si vamos volviendo a la normalidad y se nos pasa esa angustia y estrés por coger una mesa libre... que la gente no se mueve cuando encuentra un sitio, por si se lo quitan", narra por la experiencia de lo vivido los últimos meses.

'La Kutxi' promueve los productos alaveses

No obstante, Maki, al igual que otros tasqueros de Kutxi, que se han unido en un colectivo para reactivar la zona, explica que ya trabajan en positivo, olvidando el pasado.

De hecho, hoy mismo ha comenzado a repartir carteles de la que es su próxima iniciativa: potenciar los productos alaveses en los bares para, de paso, reactivar el consumo.

Empezarán el día 20 con el txakoli de Álava y lo harán con un brindis en Fariñas; el 21, cata en Landatxo y 22, 23 y 24, acompañado de gilda o queso Idiazabal y de música de txistu y trikitixa.

Fuera, en una de las mesas altas de fumadores, Fran y Charo apuran un vermú de txakoli "muy rico" huyendo de las abarrotadas calles de Zaragoza, precisamente el puente de El Pilar.

Les gusta Vitoria, la última vez que estuvieron fue la Semana Santa última antes de la pandemia. "En Zaragoza no se puede estar este fin de semana; dicen que no hay fiestas, pero hay de todo, salvo que no dejan salir a las comparsas ni fumar en las terrazas de los bares, va a estar todo abarrotado de gente, por eso nos hemos venido", apuntan.

Ya dentro de la Kutxi, se ven clientes sentados en las barras de los bares, que vuelven a lucir platos y platos de pintxos como antes de la pandemia. "Poco a poco iremos sacando más; estos meses hemos estado bajo mínimos", explica Juan del Jango. "Básicamente, teníamos tres o cuatro en la barra e íbamos haciendo a medida que nos pedían, para no perder producto", añade Maki.

Recuperar a las cuadrillas perdidas

Lo que realmente anhelan es que regresen las cuadrillas de clientes perdidas durante los meses de pandemia, sobre todo, los de 40, 50 y 60, que era la edad media de una calle en la que cuadrillas de jóvenes y mayores se han entremezclado siempre. Sin embargo, con el covid, bajó la media de edad.

"El martes vi a uno de Zaramaga paseando, de una cuadrilla del barrio que venía habitualmente, en la que también había uno de Adurza, y me dijo que hacía más de un año que no andaba por Kutxi y que había entrado, sólo para ver cómo estaba la calle", indica Juan. "Si ya no nos vemos, si no quedamos los de la cuadri, si hace que no estoy con ellos..., todos te dicen lo mismo. Esa huida de poteadores sí que se ha notado muchísimo, así que esperamos que, poco a poco, regresen", apela Juan.