85 años de lucha contra el alcohol
lega un momento en el que no puedes vivir sin el alcohol. Te trastoca el carácter, la vida, todo, y te das cuenta de que necesitas ayuda”. Quien así se sincera responde al nombre ficticio de Ander, aunque cualquier persona que haya tocado fondo por culpa de la bebida perfectamente podría haber pronunciado las mismas palabras. Este gasteiztarra es uno de la treintena de miembros activos del grupo Arana de Alcohólicos Anónimos (AA), uno de los cuatro con los que cuenta la ciudad y el más numeroso, que ha abierto sus puertas a DIARIO DE NOTICIAS DE ÁLAVA cuando acaba de cumplirse el 85 aniversario del nacimiento de la organización. Un cumpleaños sin duda atípico debido a la crisis sanitaria y que ha motivado la suspensión de todas las celebraciones previstas por AA en los cinco continentes, incluida su convención internacional, que anualmente congrega a decenas de miles de personas y que este 2020 iba a tener lugar en la ciudad norteamericana de Detroit. En Vitoria, suele ser habitual un encuentro abierto a toda la ciudadanía que esta vez tendrá que esperar.
Con todo, el grupo Arana ha retomado ya sus reuniones, concretamente el pasado 27 de mayo, tras un parón de dos meses largos motivado por la pandemia. No hay tiempo que perder, porque durante la cuarentena se han producido recaídas y, además, cuatro nuevas personas han tocado sus puertas solicitando ayuda. “Pero la gente suele tardar mucho tiempo en ser consciente del problema y digerirlo, incluso años”, apunta Ander, que suma siete ligado a AA, sugiriendo que las cifras pueden crecer con el paso del tiempo.
Los encuentros, que ahora se desarrollan tras las mascarillas y con el necesario distanciamiento social , tienen lugar, como habitualmente, tres veces por semana, lo cual permite a sus integrantes conciliar con sus rutinas familiares o laborales. Antonio, otro miembro del grupo Arana que sugiere este seudónimo, también resume en conversación con este periódico una relación con el alcohol que tornó en patológica y que le llevó a sumarse a AA hace ahora cuatro años, cuando la bebida ya se había convertido en su “refugio”. “Hace nueve años me rompí la rodilla en una mala caída y eso me provocó una incapacidad total. Tenía 47 años, no lo acepté y ése fue el punto de partida. Me tuvieron que poner una prótesis y físicamente no quedé bien. Tomaba pastillas para el dolor, que era muy fuerte, y con el alcohol me hacían mucho más efecto. Fue un cúmulo de cosas”, relata Antonio.
Tanto para él, como para Ander y para tantas miles de personas más que un buen día decidieron dejar de beber, AA ha supuesto la mejor medicina contra la adicción. Una medicina elaborada con grandes dosis de empatía, de ayuda mutua y de compañerismo frente a un enemigo común. “El alcoholismo no es un vicio ni nada execrable. Es una enfermedad, ni más ni menos, y así lo dice la OMS. Una enfermedad que es física, que es mental y también emocional”, remarca Ander. AA cuenta como único requisito para cruzar sus puertas con tener un mínimo deseo de mantenerse sobrio. No son necesarias cuotas u honorarios para sumarse a la organización, ni mucho menos pertenecer a una institución, religión u organización política.
Antonio decidió dar el paso y sumarse a AA tras contactar con una amiga que años atrás también había caído en las garras del alcoholismo. Lo hizo, además, después de que un familiar cercano corriese peor suerte y muriese de cirrosis. “Al principio se hace duro. Te dan unas pequeñas pautas, te guían, pero si tú no coges la senda no sirve para nada. Eres tú el que lo tienes que dejar, y normalmente el último en darse cuenta del problema es uno mismo. Llegas a creerte tus propias mentiras”, reconoce. Ander, mientras tanto, se acercó al grupo Arana recomendado por un psiquiatra, y también empezó su lucha “con todas las reticencias”. “Hasta que te das cuenta de que hay mucha gente a la que le pasa lo mismo que a ti. Y ves cómo la unidad, el compartir, la esperanza, la ayuda mutua te hace crecer. Se trata de cambiar la actitud que tienes hacia la vida y hacia ti mismo”, relata.
Los días malos, las tentaciones, siempre están ahí, pero los encuentros que mantiene el grupo sirven, según Antonio, para “descargar todo eso que uno tiene dentro”, una suerte de “liberación” que ayuda a sus miembros a mantenerse sobrios. “Es la mejor arma”, apunta. “La vida genera situaciones que te ponen en el disparadero. La única medicina que hay es no tomar esa primera copa”, apostilla Ander. Durante todo este tiempo en el que las reuniones físicas han tenido que detenerse debido a la crisis sanitaria, el contacto entre los miembros del grupo no ha cesado a través de las llamadas y el WhatsApp. Siempre hay una mano que poder echar o una voz amiga a la que recurrir. “Cuando alguien recae y después vuelve aquí no se le recrimina. Sólo se le anima y se le ofrece una mano”, apunta Antonio. “Lo importante es saberse levantar”, replica su compañero. Ambos lanzan un mensaje abierto de “esperanza”, porque del alcoholismo “se puede salir”, y animan a cualquier persona que pueda estar atravesando estos días por ese oscuro túnel a contactar con ellos.
Aniversario atípico. Alcohólicos Anónimos cumplió 85 años este pasado miércoles 10, un aniversario sin duda atípico debido a la crisis sanitaria y que ha motivado la suspensión de todas las celebraciones previstas por la organización en los cinco continentes.
Vuelta a la actividad. El grupo Arana, el más numeroso de AA en la capital alavesa, retomó sus reuniones el pasado 27 de mayo tras el obligado parón. Quien necesite ayuda puede contactar con el teléfono 945 25 04 17.
Siete años en AA.
Cuatro años en AA.
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Personas nuevas se han incorporado al grupo Arana de Alcohólicos Anónimos tras la cuarentena.