Tomás Caballero Martínezpresidente de la fundación víctimas del terrorismo

“Me preocupa que los jóvenes no conozcan una historia reciente, pero tengo claro que la sociedad mejora”

13.10.2020 | 00:34
“Me preocupa que los jóvenes no conozcan una historia reciente, pero tengo claro que la sociedad mejora”

Es hijo del concejal asesinado por ETA en 1998. Preside la Fundación que lleva el nombre de su padre y desde el mes de julio, la Fundación Víctimas del Terrorismo.

pamplona – Tomás Caballero (Pamplona, 1965) es un hombre preocupado por que su nuevo cargo resulte provechoso para el colectivo que representa. "No deseo que mi opinión particular sea pública", comenta antes de la entrevista. Pretensión difícil hablando de cuestiones que también tienen cariz político. "No quiero molestar a las víctimas que no piensen lo mismo que yo, ni llevar a la Fundación a un sesgo que no le corresponda", añade. Y dice que "con el máximo respeto a la pluralidad" debe trabajar "para que todas las víctimas sientan nuestra Fundación como propia. Esa es mi máxima". Su cargo no está remunerado. Lo hace "por convencimiento", y con "la libertad" de saber que no lo necesita para vivir. Ingeniero técnico industrial, acumula una larga experiencia profesional en Iberdrola.

Tras 8 años de vicepresidente segundo de la Fundación, le propusieron pasar a la presidencia. ¿Le costó tomar la decisión?

–Me costó porque es mucho más cómodo estar en la vicepresidencia que estar en la presidencia. Pero en este mundo de las víctimas del terrorismo he conocido gente tan comprometida, tan solidaria, que yo no podría estar tranquilo diciendo que no. Me costó porque es una responsabilidad añadida, y altera mi vida normal, pero son cosas que he mamado y me di cuenta de que no podía decir que no. Es un honor pero una gran responsabilidad, y pesa.

Sustituye a una persona de la relevancia de Mari Mar Blanco.

–Sí, la directora general de Atención a las Víctimas de Terrorismo, Mon-tse Torija es la que me hace la propuesta. Mari Mar Blanco ha tenido una situación personal muy complicada en el primer semestre. Por la covid, perdió a sus padres en 15 días entre marzo y abril, lo que parece que propiciaba el relevo.

"Las víctimas lo somos muy a nuestro pesar", ha recordado.

–Suelo decir que uno no quiere ser víctima de nada, y si además de ser víctima te implicas y sigues en este ámbito... Detrás del terrorismo hay mucho dolor, muchas vidas rotas, grandes dependientes que todos los días necesitan apoyo€ los daños son irreversibles. La Fundación, es importante no confundirla con la Asociación, nace con esa vocación de dar apoyo y poner en valor a las víctimas, reconocerlas, con un homenaje permanente y defender el estado de derecho, de la democracia... el bien.

Uno es víctima el resto de su vida, hasta el fin de sus días.

–Esa es la realidad, sin olvidar a los heridos. Hay mutilados, gente con dolores permanentes, grandes dependientes€ también es verdad que víctima del terrorismo para mí es la sociedad en general, la sociedad de bien. Nosotros somos los que más hemos sufrido directamente el terrorismo, pero usted podía haber estado igual que yo, sentado aquí.

¿Hasta que a uno no le toca de lleno, nadie sabe exactamente por lo que se pasa?

–Sin duda, la experiencia vivida no es lo mismo que la contada o imaginada. Por supuesto que con ETA disuelta estamos muchísimo mejor, pero nosotros estamos todavía aquí, y hay muchas necesidades. Como víctimas del terrorismo no hemos desaparecido.

Y cuando ETA desaparece, sin un precio político, ¿se subraya más lo absurdo de esos asesinatos?

–La sinrazón de los asesinatos es obvia.

Además de perniciosa, absurda inútil y vacía.

–Yo creo que los responsables máximos, como el consejo de administración de una organización, no han entendido lo que usted me está comentando. Ellos no entienden que no haya servido para nada. Esa es mi opinión personal, mi sensación, que a nivel social tienen un amparo de justificación. Acabamos de ver en las elecciones vascas que la oposición que antiguamente se podía llamar constitucionalista desaparece, 50 años de generar miedo... es como un movimiento mafioso.

Pero ahora hay menos miedo, o no hay miedo.

–Bueno, en según qué lugares yo creo que no hay libertad suficiente. No se dan las condiciones democráticas sanas e higiénicas que demandamos. Hay pintadas. Eso, en según que tipo de violencia, es acoso, persecución... y existe. Yo no veo pintadas en sentido contrario, y podrán aparecer, y lo condenaré por igual.

En ese compromiso adquirido por las víctimas tras una experiencia dolorísisima, ¿cómo se gestionan las emociones?

–Yo personalmente lo hago por la memoria de todas las víctimas. Empatizo mucho más con las víctimas cuanto más anónimas fueron. Porque la vida humana es la misma y el asesinato igual de vil y despreciable. Y sobre todo ahora, me preocupa mucho ese anonimato y cómo están aquellas familias en el aspecto asistencial y de apoyo.

¿Hay víctimas que se pueden sentir más reconocidas por su perfil público?

–Sin lugar a dudas. La socialización del sufrimiento viene desde Gregorio Ordóñez, y la propia sociedad se harta por la defensa de un pueblo donde tú eres pueblo y no te sientes defendido por esta gente. No tienen ninguna potestad para hacerlo, para decidir y liquidar. Esa evolución que tuvo la sociedad hace que los casos del final parezcan más conocidos que en 1980, donde mataban a gente casi a diario. A nosotros nos interesan todas las víctimas de todas las épocas, y cómo están hoy. Evidentemente, no están todas igual. ¿Mi vivencia personal? Mis hermanos y yo somos ya unas personas que tenemos una edad un poco más madura cuando matan a mi padre y entonces ya estamos impregnados del compromiso de mi padre y ese compromiso es el que da pie a que yo hoy pueda estar aquí, porque lo he mamado. Yo no puedo estar más orgulloso de mi padre. Cuando mi padre se coge el coche y se va a Sevilla a estar en el funeral de los Jiménez Becerril, se va a Zarautz a estar en el funeral de Iruretagoyena, y en el pleno del Ayuntamiento de Pamplona les dice a los que tiene enfrente de Herri Batasuna, que estaba Abaurrea, que pidan que dejen de matar. Ese compromiso le cuesta la vida.

Hace unos días Rodríguez Zapatero se refirió al éxito y la victoria de la democracia.

–Hay una mejora por etapas, pero todavía falta. Hay algún partido que no condena la violencia, que le parece que son cosas retóricas y fuera de lugar. Me parece bien que Zapatero diga eso sobre todo además porque él es el que adoptó una estrategia determinada que entiende que le ha llevado al mejor camino. Dejar de matar es una mejora inmensa.

¿Es fácil pensar que vamos a seguir evolucionando en la buena dirección en los próximos años?

–Sí, yo quiero pensar que sí, pero todavía falta. Me da la sensación de que la gente todavía no ha interiorizado un entorno de ausencia de hostilidad que posibilite la libertad de presentarte en cualquier pueblo. Eso hoy no existe, no la hay. Hay quien ha utilizado la violencia. Atemorizar al contrario y liquidarlo durante tanto tiempo hoy tiene réditos.

Pero llevamos muchos años constatando que renunciar a la violencia tiene un aval social.

–Totalmente de acuerdo, yo sé que mayoritariamente la sociedad es decente, pero quiero huir de las palabras que nos han metido. Conflicto aquí no teníamos ninguno. Las víctimas no son culpables, luego te llamaban por teléfono y te decían jódete.

Una muestra de fanatismo.

–¿Lo concreto más? ¿Es razonable que en una pancarta festiva salga la cara del asesino de mi padre? ¿Eso es decencia? ¿Qué quieren, darles la justificación de que tenía un sentido, de que lo que hicieron era de unos luchadores por un pueblo? Pero eso sí, unos en la cárcel y los mandos, en el Parlamento algunos.

Dijo que la sociedad es muy generosa y que si se percibe un afán de asunción del error es posible seguir avanzando.

–Sin lugar a dudas, a los seis meses de matar a mi padre, se lo dije yo a Matías Prats en la televisión.

¿Esto no se ha dado en parte?

–En ninguna.

¿Desde 1998 a ahora no se ha avanzado en esa asunción del error o en esa demostración de que se quiere construir en positivo?

–Si hoy todo el mundo compartimos que eso es inadmisible y condenable, y que por lo tanto procede condenar esas cosas. ¿Usted cree que hoy no sigue habiendo manipulación, perversión en el mensaje, blanqueo? Yo tengo muy claro que la sociedad es más inteligente que todo eso y lo sabe. ¿Por qué no puedes ir a un pueblo determinado a hacer un acto? En aquella democracia inicial, años 1977, 1979, podías ir hasta a los mítines de otros. Hoy no puedes hacer un mitin en según qué sitio, porque entonces has ido a provocar.

En la Transición hubo gente que supo evolucionar, a lo mejor sin condenar el franquismo.

–Pero eso se sale de nuestra entrevista. No sé qué tiene que ver con las víctimas del terrorismo.

¿De la Transición se puede trasladar alguna enseñanza al actual proceso de socialización democrática?

–Solo hay una parte de la sociedad que ha castigado a la otra. Y nada más. Yo solo quiero hablar de las víctimas del terrorismo. ¿Qué pecado han cometido? ¿Ser policía nacional, ser un militar, un político, taxista, periodista, empresario? ¿Dónde estaba el delito? A Múgica primero lo machacaron en Leitza y luego lo mataron. Si hablamos de cada uno de los casos que ha sido con persecución... es terrible. Terminación del contrario, nada más.

¿Si la izquierda abertzale asumiese la condena retrospectiva€?

–Arrepentimiento, perdón... no están legitimados para participar en política. Si tú has cometido esas acciones, tú luego no estás legitimado para ser un gestor público. Simplemente por decencia personal no te presentarías a nada, porque no lo mereces. Yo para mí la inhabilitación sería perpetua, es moral. Hay políticos que han desaparecido por otras acciones absolutamente inmorales que no tienen que ver con el terrorismo, porque lógicamente ya no pueden estar.

Se puede pensar que algunos políticos contribuyeron a parar desde dentro esa sinrazón.

–Que lo digan, ¿Quiénes? Si me dice alguno concreto, no sé de quién me está hablando€

¿Otegi? Zapatero, por ejemplo, lo puso en valor€

–A mí lo que diga Zapatero... ¿Le parece que Otegi ha hecho méritos y ya está?

Yo se lo pregunto. Otra cuestión concreta que duele a las víctimas son los ongi etorris.

–Yo desde mi cargo hago una presunción absoluta de que el estado de derecho funciona y no hay negligencias, pero el artículo 578 del Código Penal habla de la realización de actos que entrañan descrédito, menosprecio o humillación a las víctimas de los delitos terroristas o de sus familiares. El artículo 61 dice que se evitará la realización de actos efectuados en público que entrañan descrédito, menosprecio o humillación de las víctimas o de sus familiares. Esto nos hace mucho daño. No se percibe nada de arrepentimiento.

Preside un colectivo plural. ¿Eso delimita demasiado el cargo?

–Para mí no, porque para eso existen las asociaciones y colectivos plurales que representan a las víctimas con sus líneas de acción. Nuestra fundación es de todas las víctimas del terrorismo. Cualquier opinión que le esté dando no es una opinión colectiva, porque yo no puedo hablar en nombre de todas las víctimas. Le he hablado de mi sentir. ¿Acercamiento de los presos? Entiendo que la política penitenciaria lo posibilita y no tengo nada que decir como presidente de Fundación Víctimas del Terrorismo.

El terrorismo yihadista es más difícil de derrotar por la vía del convencimiento ni policialmente por ser globalizado.

–Yo soy optimista por naturaleza. Se han adoptado medidas para intentar prevenir y protegernos, que es una de las funciones que tienen nuestras Fuerzas y Cuerpos de Seguridad. Las víctimas del terrorismo yihadista sienten la misma impotencia. ¿Qué puede justificar que alguien ponga una bomba y nos reviente? La prevención también pasa por la pluralidad en la educación.

La Fundación también atiende a víctimas del GAL. ¿Al estar adscrita al Ministerio del Interior, existe más recelo en estas víctimas?

–Para mí, las víctimas del GAL son víctimas del terrorismo. En un tiroteo no voy a entrar, pero una persona que el GAL decidió unilateralmente cargárselo y encima no tenía que ver nada con la película, eso es una cosa absolutamente condenable y somos en ese sentido perfectamente transparentes. Nosotros no somos el Ministerio del Interior. Una cosa es que la Administración General del Estado, entre ellas, el Ministerio del Interior, de Hacienda, de Educación... están en el patronato y deciden quién preside la Fundación, y otra cosa es que parezca que formas parte del Gobierno actual con el Ministerio del Interior. Yo tengo una independencia total. La Fundación de Víctimas, si ambiciona serlo de todas las víctimas, ¿cómo no va a tener la puerta para cualquiera que se ponga en contacto con nosotros? Ya me he reunido con alguna.

En las aulas contemplan con preocupación el desconocimiento de las nuevas generaciones, pero ¿perciben una permeabilidad hacia los derechos humanos?

–Sin duda, yo tengo hijos jóvenes. Me preocupa que no conozcan una historia reciente. Pero también tengo claro que la sociedad mejora y sabe lo que es el bien y lo que es el mal. Para mí un aspecto que ha influido mucho aquí es el mundo grupal. Si tú estás en sitios pequeños, es muy difícil desmarcarte de quien está manipulando eso y perversamente utilizándolo. Esa parte sigue siendo actual.

El Gobierno de Navarra va a llamar próximamente a la Fundación Tomás Caballero para que participe en el Plan de Convivencia.

–No me consta que vayan a llamarme.

A mí sí, labor de periodista. ¿Cómo ve el Plan de Convivencia, en fase aún muy inicial?

–Pues lo tengo que ver. Cuando me llamen lo veré y lo analizaré. Yo lo único que he visto un poco la situación en prensa y me metí en la página web al respecto del Plan. La fundación no hace lo que dice su presidente, ante una invitación evidentemente tendré que ir a conocer en qué consiste la invitación, pero aquí en Navarra las víctimas están defendiendo que no se les diluya, que no se les mezcle en nada. Queremos hablar del terrorismo de ETA. Nada más. En ese aspecto, los únicos que han generado no convivencia están definidos, y simplemente solo se trataría que digan qué quieren hacer para que eso no sea así. Yo no he generado ningún problema de convivencia con nadie. ¿Me explico? Esa es la sensación que existe en el mundo de las víctimas. Si tú eres gestor público y has decidido presentarte en política. ¿Quieres hacer algo para mejorar la convivencia? A los hechos nos ceñiremos. Estamos viendo cosas en la calle que no favorecen la convivencia. Vamos a ver qué se está haciendo, ¿pero qué aportación podemos hacer?

Colocar esa reflexión...

–Claro, claro. A mí si me invitan como Fundación Tomás Caballero mi planteamiento sería ese. Yo iría, claro que sí, a ver en qué consiste y qué es lo que se está haciendo.

"Empatizo mucho más con las víctimas cuanto más anónimas fueron, me preocupa cómo están"

"El compromiso de mi padre es el que da pie a que hoy yo pueda estar aquí, porque lo he mamado"

"Cuando el Gobierno de Navarra me llame a participar en el Plan de Convivencia iré y lo analizaré"

"En según qué lugares no hay libertad suficiente ni se dan las condiciones democráticas que demandamos"