El cristal con el cual se mira

13.12.2020 | 00:51
El cristal con el cual se mira

Los medios informativos, dentro y fuera de Estados Unidos, van dando cuenta de los nombramientos del futuro presidente Biden para su gabinete y, en los últimos días, le tocó al secretario de Defensa, Lloyd Austin.

Casi sin excepción, y especialmente en el extranjero, los titulares añaden a su nombre y cargo el hecho de que sea negro, lo cual tiene un interés limitado como noticia y, al mismo tiempo, una connotación racista, o política, o ambas cosas al mismo tiempo.

El interés es limitado porque no es la primera vez que un alto cargo o un secretario –como se conoce a los ministros en Estados Unidos– es negro. Lo son actualmente el cirujano general –algo así como un ministro de Salud–, o el secretario de la Vivienda. También era negro el secretario de Justicia con Barak Obama, como durante años y a caballo de varios presidentes era también negro el jefe de la Junta de Estado Mayor, general Colin Powell.

Visto desde Estados Unidos, el simple hecho de que los titulares anuncien que se trata de un negro, tiene inmediatamente connotaciones racistas porque mencionar el color de la piel es cada día más incorrecto políticamente.

Como en tantas otras cuestiones en que entran juicios de corrección política, también ahí tenemos corrientes y posiciones contrapuestas. Si tomamos, por ejemplo, a Martin Luther King, el líder negro asesinado en 1968 y venerado por su dedicación a los derechos civiles, lo ideal es que el color de la piel no tenga influencia alguna en las perspectivas económicas, profesionales o sociales.

Es lo que representa un ideal para quienes ven en la "sociedad ciega ante los colores" la prueba de que no hay racismo. Es también la consecuencia lógica del "sueño" que King presentó en su famoso discurso en Washington en 1963 y que consistía en que a la gente se la juzgara por sus actos y no por el color de su piel.

En los 53 años transcurridos, este "sueño" ha ido cambiando. Ahora, es difícil saber si rechazar el racismo significa integrar a todos como iguales, o dar a la gente de color un tratamiento especial. De ser así, hay el riesgo de que se pueda entender como condescendencia, lo que significaría una falta de respeto con lo cual vuelven al mismo problema inicial.

Una consecuencia de esta última posición es que, si la igualdad se consigue a base de tratos especiales, la única forma de evitar el racismo es declarar racistas a todos los blancos y echar sobre todos ellos, indiscriminadamente, un manto de culpabilidad por los errores de hace siglos y por la ventaja de que los blancos gozan hoy, gracias a su situación familiar o social.

Esta es una posición que se va extendiendo, sin que por ello disminuyan las tensiones y no surge mayormente en las calles y los barrios negros, sino en las universidades donde se propala la idea de que las clases educadas o las pudientes, no lo son por méritos propios, sino gracias a privilegios heredados y el abuso sistemático de sus ventajas heredadas.

De momento, parece que el presidente electo, Joe Biden, ha decidido poner al mayor número posible de minorías raciales, como inmigrantes o gente de color, en puestos de responsabilidad. Igualmente quiere colocar a mujeres, "incluso si son blancas", no porque sean minoría sino porque pueden alegar algún tipo de discriminación, en algún lugar y algún momento del pasado.

La primera muestra la dio hace meses, al elegir como vicepresidenta a Kamala Harris, de origen indio y negro, por mucho que sus orígenes familiares privilegiados económica y socialmente, así como su carrera profesional, no representen en modo alguno a las minorías rezagadas. Algo así ocurrió también con el primer presidente negro del país, Barak Obama, quien creció en el seno de una familia acomodada y tuvo acceso a las mejores escuelas.

Ahora que va formando su futuro gobierno, Biden se halla como todos sus predecesores sometido a las presiones de los grupos que le ayudaron en la campaña y tiene que repartir cargos entre negros, hispanos, mujeres de todas las razas e inmigrantes del mundo entero. Un equilibrio difícil y que será valorado según el cristal con que lo miren los diversos grupos involucrados y los medios informativos.