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La inflación y la crisis global mantienen a la economía vasca "vigilante"

El economista Jon Barrutia (EHU) alerta de menor crecimiento y la necesidad de decisiones financieras racionales

La inflación y la crisis global mantienen a la economía vasca "vigilante"EP

La economía alavesa y vasca se encuentra en un escenario de alta incertidumbre derivado del actual conflicto bélico. La inflación se mantiene por encima de lo previsto y, si estas circunstancias continúan, el crecimiento económico se ralentizará. Jon Barrutia, Doctor y Catedrático de Economía de la Empresa de EHU, advierte que el impacto de los precios de la energía y algunas materias primas seguirá afectando al poder adquisitivo de las familias. La evolución del conflicto internacional y la duración de la tregua marcan las perspectivas a corto y medio plazo.

Según Barrutia, los precios suben rápidamente, pero tardan en bajar, un fenómeno que él denomina “efecto pluma”.

Esto significa que incluso si los costes del barril de Brent u otras fuentes energéticas disminuyen, la reducción en los precios que perciben los consumidores no es inmediata: puede tardar entre dos semanas y un mes, debido al estocaje de los surtidores, la estructura del mercado y el funcionamiento de los mercados de futuros de los productos derivados del refino.

Además, la evolución de la tregua y la duración del conflicto internacional generan lo que Barrutia llama un “efecto montaña rusa”: hoy los precios pueden bajar, mañana volver a subir, y así sucesivamente, según se consoliden o no los acuerdos y se cumplan las negociaciones.

Los mercados financieros son un buen indicador de esta dinámica turbulenta, en la medida en que manifiestan de manera anticipatoria la opinión experta sobre la evolución futura de la situación económica.

Esta combinación de efectos provoca que la inflación permanezca por encima de lo previsto, así como el euríbor, tensionando a los Bancos Centrales en sus decisiones sobre tipo de interés, limitando la liquidez y el acceso al crédito. En este contexto, “el poder adquisitivo de las familias se ve directamente reducido”: los ingresos no aumentan al mismo ritmo que los precios de bienes y servicios, lo que disminuye la renta disponible y obliga a tomar decisiones de gasto más racionales y conscientes, observa.

El aumento de precios reduce el poder adquisitivo y obliga a las familias a tomar decisiones de consumo más racionales

Barrutia advierte que uno de los errores más habituales de las familias en contextos inflacionarios es dejarse llevar por la irracionalidad o el corto plazo. “La información alarmista” que reciben a través de medios de comunicación, a menudo provoca actitudes de consumo impulsivo: la sensación de que ahorrar no sirve, que la prudencia es inútil, y que lo mejor es gastar sin planificar, es bastante común. Este comportamiento, según el economista, “es un grave error”.

En su lugar, recomienda gastar con racionalidad, evaluando los productos cuyo precio sigue siendo razonable y aprovechando herramientas disponibles, como la web del Gobierno de España que marca los precios de todas las gasolineras en tiempo real, permitiendo comparar y decidir si conviene desplazarse unos kilómetros para ahorrar.

Lo mismo ocurre con los productos alimenticios: algunos están menos afectados por la subida de precios, pero localizarlos exige mayor dedicación al hacer la compra. Además, Barrutia enfatiza la importancia de adoptar una actitud “más austera” frente al consumo, cuestionando la dependencia de “marcas caras cuando existen alternativas básicas con el mismo valor”.

Jon Barrutia Guenaga.

Comprar una vivienda

 En cuanto al mercado de la vivienda, Barrutia señala que la situación es “compleja y desordenada”, con una crisis de oferta donde la demanda supera “con creces” a la disponibilidad de inmuebles. Teóricamente, en un mercado estable, la vivienda nueva debería experimentar, ahora, un enfriamiento de la demanda, lo que la haría más accesible para quienes tienen posibilidades de compra. Sin olvidar que la subida de precios también puede deslizarse a la construcción vía materiales, transporte etc Todo ello genera impactos cruzados.

Además, es preciso tener en cuenta que, si bien la combinación de inflación elevada y un euríbor que limita el acceso al crédito hacen que la demanda de compra pueda reducirse, también puede aumentar la demanda de alquiler, ya que quienes no pueden adquirir vivienda se ven obligados a incorporarse a ese mercado. Por ello, “no existe una regla fija sobre si es buen o mal momento para comprar”: depende del lugar exacto y del tipo de vivienda que se quiera adquirir, como inversión o con intención habitacional.

La evolución de la tregua y el impacto en la energía condicionan unas previsiones de menor crecimiento y mayor presión

De cara a un horizonte de 1 a 2 años, Barrutia considera que el conflicto actual es coyuntural y, de alguna manera, acabará, pero advierte que existen desafíos estructurales que deben afrontarse. Señala la necesidad de fortalecer la autonomía estratégica en sectores clave como la energía y reducir la dependencia de determinadas materias primas y componentes industriales. Mejorar en estos ámbitos permitiría que la economía respondiera con mayor resiliencia frente a futuros shocks externos.

Por último, también explica la importancia de que la ciudadanía mejore su conocimiento financiero y comprenda los mecanismos básicos de ahorro, inversión y endeudamiento.

Considera que no basta con reaccionar a la inflación o a los cambios coyunturales: es necesario planificar a largo plazo, entender cómo funcionan los mercados y los instrumentos financieros, y desarrollar habilidades que permitan tomar decisiones más inteligentes frente a la incertidumbre.