Pekín. Bo Xilai, protagonista del mayor escándalo de la política china en décadas, fue entregado ayer a la justicia como sospechoso de graves delitos, entre ellos aceptar "sobornos masivos", en un caso que podría concluir antes de que el próximo mes de noviembre comience el relevo en el poder del país. El Buró Político del Partido Comunista chino (PCCh) decidió ayer transferir el caso de Bo a los tribunales y expulsar al exdirigente del seno de esta formación, informó la agencia oficial Xinhua.

Casi simultáneamente, el mismo medio anunciaba el 8 de noviembre como fecha del inicio del XVIII Congreso del Partido, en el que será renovado el Comité Permanente -el máximo órgano de poder chino-, del que se esperaba que Bo entrase a formar parte antes del escándalo. Si bien la agencia no relacionó ambas informaciones, la demora del inicio del congreso -previsto hasta ahora para octubre- y el anuncio sobre Bo refuerzan la hipótesis de los analistas que pronosticaban que el Gobierno pretende cerrar el caso antes del cambio de poderes.

Ahora será la Justicia la que decida el futuro del exdirigente y cómo castiga los delitos que el Politburó atribuye a su antiguo miembro, relatados por Xinhua. La larga lista de posibles crímenes, que se remonta a cuando era gobernador de la provincia de Liaoning (noreste) en el año 2000, incluye desde la aceptación de "masivos sobornos y propiedades" hasta su "principal responsabilidad" en el caso del homicidio del empresario británico Neil Heywood.

Precisamente, su esposa, Gu Kailai, cumple una condena a muerte suspendida (en la práctica una cadena perpetua) por el asesinato de Heywood en noviembre de 2011 en Chongqing (centro), donde Bo era el secretario general del PCCh. El fallecimiento del británico es el punto del partida de la trama, que el régimen revela con cuentagotas y sin la posibilidad -dada su opacidad- de que haya una versión que contraste los hechos. Así, según la versión oficial, Gu asesinó a Heywood con cianuro tras desacuerdos económicos y le confesó el crimen a la mano derecha de su marido, el entonces jefe de Policía en Chongqing, Wang Lijun.

Aunque Wang encubrió a Gu durante unos meses, una serie de peleas entre ellos le hizo reabrir el caso, una decisión que comunicó a Bo, quien le "recriminó y le propinó una bofetada", según el acta judicial del juicio contra Wang. Tras la reacción de su jefe, Wang temió por su seguridad e intentó refugiarse en el Consulado de Estados Unidos de la vecina Chengdu, donde narró las correrías de su jefe al mando de la metrópoli y vinculó a Gu con la muerte de Heywood.

La destitución Poco después, Bo fue destituido y, posteriormente, suspendido del Politburó y del Comité Central del PCCh. Gu resultó acusada y condenada, mientras que Wang, hasta ahora el último convicto, fue sentenciado el pasado lunes a catorce años de prisión. La relativamente leve sentencia contra Wang, dado que se le imputaban crímenes tan graves como la deserción, hizo sospechar a los analistas que, finalmente, Bo sería el principal damnificado del caso. Los documentos publicados ayer por Xinhua inciden especialmente en los posibles delitos de corrupción, algo que puede ser castigado con la pena de muerte si se considera que se ha practicado a gran escala.

Además, se le acusa de "mantener relaciones impropias con muchas mujeres" o de "tomar decisiones erróneas para buscar la promoción personal". Bo, hijo de un líder militar coetáneo de Mao Zedong, era un dirigente de gran popularidad en China hasta su defenestración, apodado el Rojo por su afición a retomar viejas tradiciones revolucionarias en Chongqing. Esto le posicionó como uno de los cabecillas visibles del ala más conservadora del Partido Comunista y le granjeó enemigos dentro de la facción liberal, que hasta hace poco aplaudía su lucha contra la corrupción y las mafias locales.