Cómo el pensamiento crítico te protege de bulos sobre salud
El 69% de la población teme no poder distinguir lo real de lo falso en internet. En salud, esa incertidumbre tiene consecuencias directas
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Medicamentos milagrosos, diagnósticos inventados, tratamientos que “las farmacéuticas nos ocultan”. Cada día circulan por redes y grupos de mensajería contenidos sanitarios falsos que pueden condicionar decisiones reales. Saber identificarlos es parte del autocuidado.
Por qué somos vulnerables
Nuestro cerebro no procesa igual una información precisa que un mensaje que activa el miedo o la urgencia. Los bulos de salud (los bulos en general) explotan precisamente este mecanismo: apelan a la incertidumbre, ofrecen respuestas simples a problemas complejos y circulan a través de contactos o perfiles de confianza, lo que refuerza su credibilidad.
Se aprovechan además de la desconfianza en las instituciones y la baja alfabetización sanitaria. Los algoritmos hacen el resto: premian el contenido que provoca y lo amplifican. Al final, vemos el mismo bulo repetido de distintas formas en redes y grupos de mensajería, pero raramente nos encontramos con la verificación que lo desmonta.
Según el barómetro de salud de Edelman de 2024, cuatro de cada diez personas se arrepienten de al menos una decisión sobre salud tomada a partir de información falsa. Aunque solo el 3% de las cuentas activas en redes sociales son consideradas tóxicas, producen el 33% de todo el contenido. Y ese contenido llega.
Según el barómetro de salud de Edelman de 2024, cuatro de cada diez personas se arrepienten de al menos una decisión sobre salud tomada a partir de información falsa
La encuesta de la FECYT de 2022 ponía de relieve que uno de cada cuatro españoles recibió información falsa sobre ciencia y salud en la última semana, principalmente a través de redes sociales.
La desinformación sanitaria tiene consecuencias clínicas directas. Según el Informe ANIS sobre Desinformación en Salud en España presentado este mes la desinformación puede reducir la adherencia a los tratamientos, aumentar el riesgo de enfermar e incluso provocar fallecimientos, además de generar un elevado coste económico y un fuerte impacto emocional. El cáncer, las vacunas, la nutrición y la salud mental son las áreas más expuestas a la circulación de contenidos falsos.
Bulos sobre autocuidado que arrasan en redes y que pueden poner en peligro tu salud
Señales que deben hacerte sospechar
Los bulos suelen emplear términos alarmistas o sensacionalistas del tipo “¡Cura milagrosa!” o “¡Lo que la industria farmacéutica no quiere que sepas!”, “lo que los medios esconden”. La información médica fiable, en cambio, es precisa y evita generalizaciones o promesas exageradas.
Hay más señales. Cuando una publicación atribuye a “un estudio” efectos extraordinarios sin citar la publicación, promete resultados que ningún profesional sanitario ha confirmado, o cuando pide ser reenviado urgentemente a todos tus contactos, la probabilidad de que sea falso es alta.
Maldita Salud, el verificador de referencia en España, lo resume en tres palabras: frenar, pensar, verificar. Detenerse antes de creer. Preguntarse de dónde viene esa información. Comprobarla antes de compartirla
Lo mismo ocurre con contenidos que se presentan como “si tienes este síntoma, significa que tienes…”, donde diagnostican a partir de un síntoma aislado o que presentan suplementos como solución a problemas de salud complejos. Simplifican un problema complejo para provocar una reacción y no para informar.
La urgencia artificial es otro patrón clásico. No hace falta remontarse a la pandemia. El brote de hantavirus de este mes de mayo es un ejemplo reciente: en pocas horas empezaron a circular afirmaciones falsas de que la vitamina D o el zinc podían tratar la infección, pese a que la OMS y el Ministerio de Sanidad reiteraron en sus comunicados que no existe ningún tratamiento específico ni vacuna aprobada.
La vacunación global está en peligro por culpa de la desinformación
Frenar, pensar, verificar
Contrastar información sanitaria no exige formación médica ni convertirse en agente verificador. Maldita Salud, el verificador de referencia en España, lo resume en tres palabras: frenar, pensar, verificar. Detenerse antes de creer. Preguntarse de dónde viene esa información. Comprobarla antes de compartirla.
Además de las fuentes oficiales, Osakidetza o el Ministerio de Sanidad, podemos acudir en medios de comunicación o agencias verificadoras como Newtral, acreditada por la red internacional IFCN, o en #SaludSinBulos, una plataforma impulsada por profesionales sanitarios, permiten enviar cualquier contenido sospechoso y recibir una respuesta contrastada