Una mujer desvela su secreto para vivir 102 años
Manuel de la Peña, presidente del Instituto Europeo de Salud, explicó que con este hábito mejoramos nuestra calidad de vida
Hábitos tan cotidianos como la alimentación o la práctica de deporte son esenciales para mejorar nuestra calidad de vida y longevidad.
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Ser constantes y mantener un estilo de vida activo es fundamental. Así lo explicó Charito, de 102 años, en el programa 'Zero dramas' de Loles León.
"Hay un secreto. Charito vive en la Castellana, y caminaba cuatro kilómetros al día hasta llegar a Colón todos los días. Ahora todos los días sale a caminar una hora diaria. Con fuerza de voluntad, sale", señaló el doctor de Charito, Manuel de la Peña, presidente del Instituto Europeo de Salud y director cátedra del corazón y longevidad.
La importancia de la alimentación
En la misma direacción, la alimentación ocupa un lugar fundamental.
Una dieta equilibrada, rica en frutas, verduras, legumbres, pescado y aceite de oliva, ayuda a prevenir enfermedades cardiovasculares, metabólicas y neurodegenerativas.
No se trata de seguir modas pasajeras ni dietas extremas, sino de mantener un patrón alimentario constante y sostenible en el tiempo, que aporte los nutrientes necesarios y evite el exceso de productos ultraprocesados, azúcares y grasas poco saludables.
Beneficios de subir escaleras: un hábito diario para mejorar el metabolismo y la salud ósea
Vida activa
El movimiento es el segundo gran pilar de la longevidad.
La evidencia científica demuestra que la actividad física regular reduce el riesgo de enfermedades crónicas, mejora la función cardiovascular y contribuye a mantener la masa muscular y la autonomía con el paso de los años.
No es imprescindible practicar deporte de alta intensidad: caminar a diario, subir escaleras, nadar o realizar ejercicios de fuerza adaptados a cada edad ya supone un beneficio claro para la salud.
Descanso y vida social
Pero vivir más no depende solo de comer bien y moverse. La forma en la que gestionamos el estrés, las relaciones sociales y el descanso también influye de manera directa en la esperanza de vida.
Dormir las horas necesarias, mantener vínculos sociales sólidos y encontrar espacios de desconexión ayudan a reducir la inflamación crónica y a proteger el corazón y el cerebro.
Manuel de la Peña lo resume de forma clara cuando afirma que cómo comemos, cómo nos movemos y cómo vivimos cada día es lo que realmente marca la diferencia: "esa es la clave".
Un mensaje que refuerza la idea de que la longevidad no es un privilegio reservado a unos pocos, sino una construcción diaria al alcance de la mayoría.
Lejos de resignarnos a lo que dictan los genes, la evidencia científica invita a asumir un papel activo en el cuidado de la salud. Los hábitos saludables mantenidos en el tiempo pueden traducirse en más años de vida y, lo que es igual de importante, en más años vividos con calidad y bienestar.
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