Con la llegada de los meses más cálidos y el aumento de las horas de exposición al sol, la salud de nuestra piel vuelve a convertirse en una prioridad.

Aunque la concienciación sobre los peligros de la radiación ultravioleta ha crecido en los últimos años, todavía existen malos hábitos que comprometen la seguridad de nuestra piel.

El cáncer de piel y el envejecimiento prematuro son amenazas que pueden prevenirse con un gesto tan sencillo como la correcta aplicación de un fotoprotector.

Sin embargo, no basta con extender cualquier crema sobre nuestro cuerpo antes de ir a la playa; la elección del producto y su estado son determinantes para garantizar una protección efectiva.

La apuesta por la máxima protección

Uno de los debates más frecuentes gira en torno al factor de protección solar adecuado para cada tipo de piel. Aunque algunas personas optan por índices más bajos con la falsa creencia de que así conseguirán un bronceado más rápido, los especialistas son claros al respecto.

En este sentido, el médico y divulgador Fernando Fabiani señaló recientemente en 'Saber vivir' que es importante "echarse la máxima protección posible" para evitar el daño celular profundo que provocan los rayos UVA y UVB.

La piel tiene memoria y las quemaduras acumuladas durante la juventud pasan factura en la edad adulta, manifestándose en forma de lesiones severas.

Por ello, indicó que, si es posible, debemos aplicarnos la protección más alta disponible en el mercado, optando siempre por un factor "50 si es posible".

Este nivel de bloqueo asegura que una mínima fracción de la radiación alcance la epidermis, reduciendo drásticamente el riesgo de eritemas, manchas solares y melanomas, especialmente en las horas centrales del día cuando la incidencia del sol es más agresiva e implacable contra nuestra salud de la piel.

La crema de sol en fundamental para protegerse de la radiación solar Magnific

El peligro oculto en la crema del año pasado

Otro error muy extendido entre la población es la reutilización de productos de temporadas anteriores sin prestar atención a su estado de conservación.

El divulgador subrayó que las cremas caducan, un detalle que a menudo pasa desapercibido cuando rescatamos la bolsa de la playa del año anterior.

Resulta de suma importancia fijarse tanto en la fecha de caducidad impresa en el envase como en la cantidad de meses que el producto aguanta en óptimas condiciones una vez abierto, un dato indicado mediante el símbolo de un tarro destapado.

Una vez superado este periodo de vida útil, los componentes químicos y físicos del filtro solar se degradan, dejando nuestra piel completamente vulnerable ante la radiación aunque nos hayamos aplicado una capa generosa de producto.

"Pierde su garantía de efecto. Así que la crema que te sobró el año pasado, probablemente no sirva", advirtió el especialista.

Medida indispensable

En definitiva, la prevención dermatológica requiere constancia. No sirve de nada adquirir el mejor producto si ya ha perdido sus propiedades o si lo aplicamos en cantidades insuficientes.

Renovar la fotoprotección cada temporada es una medida indispensable, ya que proteger nuestra piel es una inversión a largo plazo, y contar con un fotoprotector adecuado es el primer paso para disfrutar del buen tiempo con seguridad.