El olor corporal continúa siendo uno de los temas más estigmatizados en el ámbito de la salud cotidiana. Aunque suele asociarse tradicionalmente a la falta de higiene, la evidencia científica apunta a una realidad más compleja. “El olor corporal no es simplemente una cuestión de limpieza. En muchos casos, es una manifestación visible de lo que está ocurriendo dentro del organismo: cambios hormonales, estrés, alteraciones de la microbiota o determinadas situaciones metabólicas”, explica Piluca Barrau, farmacéutica y experta en dermocosmética, salud integral y salud femenina.
Claves para entender qué ocurre
1. El sudor no huele por sí mismo
Desde el punto de vista fisiológico, el sudor desempeña una función esencial: regular la temperatura corporal. A través de las glándulas sudoríparas, el organismo libera agua y electrolitos que, al evaporarse, permiten enfriar la superficie de la piel. En este proceso, el sudor es, en origen, prácticamente inodoro.
El olor corporal se genera después, como resultado de la interacción entre el sudor y algunas bacterias presentes en la piel, que metabolizan compuestos –sobre todo aquellos más ricos en lípidos y proteínas– y producen sustancias volátiles responsables del olor. “No es el sudor lo que huele, sino la interacción entre ese sudor y la microbiota cutánea”, explica.
2. El estrés también se huele
Uno de los factores que más incide en el olor corporal es el estrés. En situaciones de tensión emocional, el organismo activa el sistema nervioso simpático y estimula las glándulas apocrinas, localizadas en zonas como las axilas y las ingles.
A diferencia del sudor que se genera durante el ejercicio físico, este es más denso y tiene una mayor concentración de compuestos orgánicos. “El sudor emocional es distinto. Tiene una composición diferente y, precisamente por eso, puede generar un olor más fuerte”.
3. Las variaciones hormonales producen cambios de olor
Los cambios hormonales también tienen un impacto directo en el olor corporal, especialmente en momentos como la adolescencia y la menopausia.
Durante la adolescencia, la activación hormonal propia de la pubertad pone en funcionamiento las glándulas apocrinas, que producen un sudor más rico en lípidos y proteínas.
En la menopausia, la disminución de estrógenos modifica el equilibrio de la piel, altera el pH, influye en la microbiota cutánea y cambia tanto la composición del sudor como de la secreción sebácea. A ello se suman los sofocos y los episodios de sudoración irregular.
4. Más allá de la piel: alimentación, medicación y enfermedades
El olor corporal también depende de factores internos –más allá de la piel– como la alimentación, la medicación que se consume y la presencia de determinadas patologías.
Alimentos y especias, o el alcohol contienen compuestos volátiles que el organismo elimina parcialmente a través del sudor, llegando a alterar el olor corporal. Asimismo, algunos fármacos o enfermedades metabólicas –como la diabetes– pueden modificar la composición de las secreciones corporales y generar cambios en el olor. “El olor corporal es, en cierto modo, un reflejo del estado interno del organismo. Por eso, cuando cambia de forma persistente o llamativa, conviene prestarle atención y valorar si hay algo más detrás”.
Recomendaciones
El abordaje del olor corporal debe ser individualizado y no limitarse a tapar el problema. Aunque la higiene es un pilar fundamental, no es el único factor a tener en cuenta, ya que también es necesario evaluar el tipo de productos utilizados, el estado de la piel, los hábitos alimentarios, el nivel de estrés… e incluso descartar posibles causas médicas relacionadas.
En este sentido, la farmacéutica recomienda algunas medidas útiles:
• Mantener una higiene adecuada, sin exceso ni agresión cutánea.
• Utilizar desodorantes o antitranspirantes adaptados a cada caso.
• Cuidar la microbiota y la barrera cutánea.
• Revisar los hábitos de alimentación e hidratación.
• Consultar con un profesional cuando el cambio de olor sea persistente, brusco o esté acompañado de otros síntomas.
Más allá de la incomodidad social que pueda generar, el olor corporal no debería abordarse solo desde el pudor o la estética. “El olor corporal no es un problema superficial. Es una señal biológica. Y cuando entendemos la causa, dejamos de ocultarlo para empezar a abordarlo con criterio, ciencia y sentido común”, concluye.