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El PNV desinfla las teorías tras su aval a Iriart: desvincula las dinámicas de Iparralde y Hegoalde

Ansola insiste en que al otro lado de la muga no pesan las siglas y el interior pedía cambio. El PNV será clave en la Ejecutiva

El PNV desinfla las teorías tras su aval a Iriart: desvincula las dinámicas de Iparralde y HegoaldePNV

Si alguien no ha seguido de cerca la política de Iparralde en los últimos tiempos, le resultará difícil leer los resultados de las elecciones municipales y entender qué sigla ha ganado en cada localidad, porque se pondrá las gafas de Hegoalde y tratará de identificar los resultados siguiendo la misma lógica y buscando las siglas de los partidos y qué resultado ha obtenido cada uno. Pero, en el caso de Iparralde, los aspirantes se presentan a menudo con una amalgama de respaldos y en candidaturas con nombres diferentes y no de sus partidos, y se busca también que se presenten candidatos reconocidos en el tejido empresarial o asociativo para funcionar en base a las complicidades personales. En este contexto, el PNV volvió a desvincular este domingo las dinámicas de Iparralde y Hegoalde cuando le preguntaron por la victoria de Alain Iriart, el candidato de EH Bai, en la votación de la presidencia de la mancomunidad. El expresidente del Ipar Buru Batzar y alcalde jeltzale de Kanbo, Peio Etxeleku, se retiró, decidió dar sus votos a Iriart, y con ello desbancaron a Jean-René Etchegaray en un movimiento clave para la victoria del candidato de la marca de EH Bildu al otro lado de la muga. Pero Etxeleku lo hizo dentro de una operación táctica que respondía a un contexto muy concreto, tal y como sigue repitiendo el PNV, que descarta las lecturas en clave de suma ideológica. 

Existía un “desasosiego” con el modelo de gobernanza de Etchegaray, que ha sido el presidente desde la creación del órgano en 2017, pero venía sufriendo cierto desgaste porque los municipios del interior se sentían olvidados y se habían agravado los desequilibrios (pasó de 148 votos en 2020 en la elección de la presidencia, a los 98 que obtuvo en la primera vuelta el sábado). Alain Iriart quedó el segundo con 80, y Peio Etxeleku, que recibió 48 votos procedentes en su mayoría de esos municipios descontentos del interior y del mundo rural, decidió retirarse y dar una oportunidad al cambio. Anunció su apoyo a Iriart, que pasó a ganar en la segunda vuelta por 119 a 102. Pero los jeltzales han evitado hacer una lectura en clave de suma ideológica, y lo encuadran en un problema de gobernanza territorial. Cabría recordar también que el propio Iriart, muy conocedor de las dinámicas que se siguen en Iparralde, ha preferido moverse sin la etiqueta de la izquierda abertzale aunque haya estado históricamente vinculado a esa sensibilidad, y ha preferido presentarse como un candidato que aspiraba a representar a una ciudadanía amplia.

El PNV se expone ahora a que lo aprieten desde dos frentes antagónicos. Por un lado, EH Bildu exhibe lo ocurrido como un éxito “histórico” para la izquierda abertzale, e intenta diluir el liderazgo de los jeltzales en la Lehendakaritza del Gobierno Vasco. Arnaldo Otegi destaca ahora que hay “tres lehendakaris”, y solo uno es del PNV, mientras que en Nafarroa la presidenta es del PSN, y en Iparralde lidera la mancomunidad EH Bai. Este relato es delicado para los jeltzales, porque desde otros ámbitos pueden cuestionar por qué ha dado esta baza a la izquierda abertzale. De hecho, por otro lado, el PP está lanzando mensajes en sus redes sociales para acusar a los jeltzales de abandonar el centro y “entregarse a la izquierda radical”. El PP lo reduce todo a términos maniqueos, diciendo que Etchegaray era “el candidato centrista de Macron”, y el PNV ha votado a EH Bai a pesar de que Aitor Esteban mantiene una dinámica de confrontación de modelos en la comunidad autónoma y venía de decir en el Aberri Eguna que la izquierda abertzale “puede deshacer el país”.

Ante esta situación, en unas declaraciones aprovechando su participación en un acto de memoria histórica en Abadiño, el presidente de la Ejecutiva vizcaina del PNV, Iñigo Ansola, no concedió alcance a este asunto más allá de las dinámicas propias de Iparralde. Quiso volver a aclarar dos ideas. Por un lado, la lógica política a ambos lados de la muga es “completamente distinta”, y había una pulsión a favor del cambio en los municipios del interior. Ahí lo dejó, pero la dinámica de cambio se respiraba también por parte de municipios gobernados por candidatos moderados, de manera que no respondería a la realidad una lectura que alejara al PNV del centro por desbancar a Etchegaray. El sábado, desde el EBB habían constatado que la inmensa mayoría de los 48 electos que habían respaldado a Etxeleku no iban a votar a favor de Etchegaray bajo ningún concepto, así que solo quedaba abstenerse, o bien votar a favor de Iriart. 

Por otro lado, Ansola quiso destacar que el PNV va a “tener mucho que decir en esa nueva mancomunidad y, cómo no, ir reforzando la relación también con Hegoalde”. Se refería a que el PNV va a “tener un papel fundamental” en este organismo y en la Ejecutiva que se va a configurar el día 24, donde extraoficialmente se hacen cábalas con una posible vicepresidencia para los jeltzales, opción que es muy plausible aunque no se haya confirmado de manera oficial. Por ahora, el PNV tampoco está dando demasiada proyección a esta posibilidad. En este caso, también cabría puntualizar que, aunque el PNV concede una gran trascendencia a la mancomunidad porque es el único organismo propio del que disponen los 158 municipios vascos al otro lado de la muga, no tiene unas competencias equiparables a las que ejercen la comunidad autónoma vasca y Nafarroa. No puede recaudar sus propios impuestos, y el núcleo de las competencias clave, como las sanitarias y la educación, se ejerce desde el departamento de los Pirineos Atlánticos. Ese departamento no es exclusivo de Iparralde, sino que tiene que compartirlo con el Béarn y su capital es Pau.

Otegi diluye al PNV en los "tres" lehendakaris

Preguntado por la posibilidad de trasladar lo ocurrido con la votación de Iriart a la comunidad autónoma vasca y Nafarroa, Ansola insistió, como ya hizo el EBB el sábado, en que “la lógica política es completamente distinta”. “En Iparralde no funcionan por bloques políticos, es más por personas, formas de hacer e incluso del carácter que tienen las personas, y no como en Hegoalde, donde la lógica política es completamente distinta”, constató.

EH Bildu, por su parte, sigue sacando chispas a este asunto, y desde el sábado difunde en sus redes sociales unos mensajes que elevan esta votación a la categoría de “acontecimiento histórico”. Con Alain Iriart (1959, Hiriburu), la mancomunidad pasará a tener un presidente euskaldun. Ha anunciado que dejará la alcaldía de Hiriburu para centrarse en su nuevo cometido.

En un intento de diluir la influencia del PNV desde la Lehendakaritza de Imanol Pradales, EH Bildu defiende que Euskal Herria “no es solo Bizkaia, Gipuzkoa y Araba”, sino que son siete herrialdes que, además, ahora están gobernados por “tres” lehendakaris: uno del PNV (Pradales), otro del PSN (Chivite en Nafarroa), y un tercero de EH Bai (Iriart en Iparralde). EH Bildu sigue alentando el discurso de su posible sorpasso en la CAV por los resultados en otros herrialdes, como ocurrió en 2024 cuando consiguió un diputado en la Asamblea francesa de la mano de Peio Dufau. 

En paralelo, EH Bildu lleva meses agitando la bandera del frente amplio abertzale para concurrir con el PNV a las elecciones generales y europeas, y no sería descabellado que utilizara la votación de Iparralde para proyectar que existe una contradicción de los jeltzales en este sentido. Pero el propio PNV ha contestado ya en varias ocasiones que la contradicción es de EH Bildu: no ha apoyado las medidas de vivienda, fiscalidad ni presupuestarias en la comunidad autónoma vasca, y en el Congreso tampoco tampoco comparten los términos de defensa del autogobierno porque el PNV no contó con su apoyo para rechazar la Ley de Vivienda estatal por invasión competencial, y han chocado también con los términos de la fiscalidad energética. Por tanto, el PNV cree que es una propuesta que defiende de cara a la galería.