Antonio Tejero Molina (Alhaurín el Grande, Málaga, 30 de abril de 1932) será recordado como el principal protagonista del intento de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981, cuando un grupo de guardias civiles irrumpieron armados en el Congreso de los Diputados durante la votación de investidura de Leopoldo Calvo-Sotelo. La imagen de Tejero, pistola en mano, se convirtió en uno de los símbolos más inquietantes de la Transición, así como su grito: "¡quieto todo el mundo!".

30 años de carrera militar

Tejero ingresó en la Guardia Civil con 19 años (1951) y comenzó su trayectoria en diciembre de 1955, cuando fue promovido al empleo de teniente. Su primer destino fue la localidad catalana de Manresa, donde permaneció tres años. Durante ese tiempo solicitó incorporarse a la Policía Territorial del África Occidental Española, aunque su petición fue denegada por la falta de efectivos en Catalunya.

Tras ascender a capitán en 1958, fue destinado a La Cañiza (Pontevedra), al mando de una de las compañías del Miño. Más tarde serviría en distintos puntos de Andalucía y posteriormente en Canarias. En 1963 alcanzó el grado de comandante y fue destinado a Las Palmas de Gran Canaria. Su siguiente etapa fue en Badajoz, considerada una de las más tranquilas de su carrera.

Años después asumió la jefatura de la Comandancia de la Guardia Civil en Málaga. Durante este periodo protagonizó varios incidentes disciplinarios. En una ocasión fue sancionado por intervenir para impedir una manifestación de demócratas que reclamaban la legalización de organizaciones juveniles y la mayoría de edad a los 18 años. Aquello le costó un mes de arresto y su cese en el mando. Aún así, acabaron siendo 14 días y no hubo cese.

Sanciones en territorios vascos

Fue arrestado hasta en tres ocasiones. La primera, por discrepar del ministro del Interior Rodolfo Martín Villa respecto a la retirada de la Guardia Civil de localidades mayores de 20.000 habitantes. La segunda, por negarse a sancionar a dos guardias civiles acusados de maltratar a Amparo Arangoa, militante de la ORT (y vocal del Consejo de Trabajadores de Nafarroa). La tercera y última, fue por solicitar instrucciones sobre los honores que debía rendir a la ikurriña. Este último episodio motivó su traslado definitivo a Málaga, donde volvió a ser sancionado.

Operación Galaxia

El 11 de noviembre de 1978, Tejero se reunió en la cafetería madrileña Galaxia con varios mandos militares y policiales: el capitán de la Policía Armada Ricardo Sáenz de Ynestrillas, los comandantes de infantería Manuel Vidal Francés y Joaquín Rodríguez Solano, y el capitán José Luis Alemán Artiles. Aquel encuentro, que pasaría a la historia como la 'Operación Galaxia', fue el primer intento serio de Tejero por frenar la consolidación de la democracia.

La conspiración retomaba planes que el propio Tejero había trazado un año antes en Xàtiva (Valencia). El objetivo era provocar un golpe de Estado que desmantelará el proceso de reformas impulsado por el Gobierno de Adolfo Suárez y detener la inminente aprobación de la Constitución, cuyo referéndum estaba previsto para el 6 de diciembre.

La fecha elegida era el 17 de noviembre de 1978, aprovechando el viaje oficial del rey Juan Carlos I a México y la presencia en Madrid de numerosos mandos militares por el aniversario de la muerte de Franco. El plan contemplaba la ocupación del Palacio de La Moncloa por unos 200 agentes de la Policía Armada y el secuestro del presidente del Gobierno.

Ese golpe, sin embargo, nunca llegó a ejecutarse. Uno de los participantes, el comandante Manuel Vidal Francés —según otras versiones, el coronel Federico Quintero Morente—, delató la conspiración, lo que provocó la inmediata detención de los implicados.

El fiscal solicitó penas de hasta seis años de prisión para Tejero, pero finalmente fue condenado a siete meses, mientras que Sáenz de Ynestrillas recibió seis meses y un día. Ninguno perdió su rango militar. Pocos meses después de recuperar la libertad, Tejero volvería a conspirar, esta vez en una operación de mucho mayor alcance: el intento de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981.

El 23-F

El 23 de febrero de 1981, Antonio Tejero se convirtió en el rostro visible del intento de frenar por la fuerza el avance democrático en el Estado español. A las seis y veintitrés de la tarde, el entonces teniente coronel de la Guardia Civil irrumpió armado en el Congreso de los Diputados con cerca de 200 agentes, interrumpiendo la votación de investidura de Leopoldo Calvo-Sotelo. Su voz, sus disparos al techo y su imagen pistola en mano dieron la vuelta al mundo.

El golpe contó con la complicidad de algunos mandos militares, como el capitán general Jaime Milans del Bosch, que llegó a sacar los tanques a las calles de Valencia. Sin embargo, el pronunciamiento se desmoronó cuando el Juan Carlos I, en un mensaje televisado de madrugada, reafirmó su apoyo al orden constitucional y ordenó a los golpistas volver a los cuarteles.

Inmediaciones del congreso diputados el día 24 de febrero de 1981. EP

El juicio se celebró en 1982 y concluyó con duras condenas para los principales responsables. Tejero recibió la pena más alta: 30 años de prisión por delito de rebelión militar consumada y agravada por reincidencia. Además, fue expulsado de la Guardia Civil y cumplió parte de su condena en diferentes prisiones. Tras más de quince años, obtuvo la libertad condicional el 3 de diciembre de 1996. Desde entonces, se mantuvo alejado de los medios.

¿Hubo realmente indultos?

En 1993, el Tribunal Supremo se mostró favorable a conceder el indulto a Antonio Tejero por razones de “conveniencia pública”. Sin embargo, el Gobierno de Felipe González rechazó la medida, al considerar que el ex teniente coronel no había expresado de forma clara su acatamiento a la Constitución. Según explicó entonces el ministro de la Presidencia, Alfredo Pérez Rubalcaba, el Ejecutivo entendía que no existía una voluntad explícita por parte de Tejero de asumir el orden constitucional.

Tras más de doce años en prisión, Tejero solicitó el indulto al adherirse a una petición promovida por una asociación de mujeres de militares, aunque hasta entonces se había negado a hacerlo por considerarlo una forma de pedir perdón.

Pese a los reiterados intentos, el indulto nunca fue concedido. Finalmente, obtuvo el tercer grado, y como se ha mencionado anteriormente, tras más de una década de cumplimiento efectivo de su condena salió en libertad.

Antonio Tejero se alejó de la vida pública y mantuvo un perfil discreto, aunque nunca mostró arrepentimiento por su papel en el 23-F. Su figura permanece como un símbolo del golpismo y de los últimos coletazos del franquismo dentro de las Fuerzas Armadas, recordándonos las dificultades que supuso para España consolidar plenamente su democracia.