La aldea global

Metamorfosis

06.03.2021 | 00:33
Txerra Diez Unzueta

la tele se come a sus hijos como el dios Saturno a los suyos, no hay más que contemplar la pintura de Goya devorando a sus retoños, que es una muestra de antropofagia devoradora. Algo similar ocurre en el mundo de la tele. Las parrillas de televisión se nutren de personajes que duran más o menos y que terminan sucumbiendo al paso del tiempo. En ocasiones se producen extraños ejercicios de metamorfosis, y algunos presentadores/as sirven lo mismo para un roto que para un descosido. Iker Jiménez es un típico animal televisivo que no tiene miedo ni a los platós ni a los diversos contenidos que pueden pasar por sus manos, y que sabe torear con mayor o menor facilidad, con mayor o menor acierto. El mencionado conductor acaba de dar un triple salto mortal sin red en el trapecio de la tele, y ha cambiado sus temas esotéricos, asuntos del más allá y fenómenos paranormales por sesudos contenidos donde desmenuza el panorama comercial de vacunas contra el covid-19 o las consecuencias de la llegada del ingenio mecánico al planeta Marte. Ha pegado un giro copernicano a su presencia televisiva y busca encandilarnos y hacer la competencia a Antonio Ferreras y Ana Pastor. Se ha convertido en fino analista de temas candentes de actualidad con desparpajo y maneras informativas de aparente factura. Son cosas del capo de Mediaset que ahora prueba capacidades informativas de este metamorfoseado Iker que ha pasado de parapsicólogo a periodista de investigación. El domingo por la noche Jordi Évole se enfrentó a José María Aznar en una entrevista solicitada hace años y que la perseverancia del periodista consiguió doblegar y colocar al tozudo político ante las cámaras. El expresidente se enfrentó al periodista a quien torció el brazo dialéctico en varias ocasiones, mostrando su manera particular de lidiar una entrevista con temple castellano y dominio de modernas técnicas comunicativas. Un viejo zorro de la política de antes, frente a un periodista mediático que juega a colocarse en terreno de cornada. Los dos saben lo que se traen entre manos.

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