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Tribuna abierta

Los WASP están de vuelta: la nueva supremacía blanca y van 250 años

La agencia de los EEUU, conocida como la Oficina del Censo, es la encargada de realizar el censo del país. Estos censos de población y vivienda se hacen cada diez años. Estos datos son esenciales para la distribución de los escaños del Congreso y para el diseño de los distritos electorales. Ese juego de truhanes en el que se ha metido el Partido Republicano desde hace años y en el que ha entrado también el Partido Demócrata. Basándose en este censo decenal, el gobierno federal usa la información para la distribución de fondos para los programas de salud, educación, transporte y todos los servicios que están bajo su responsabilidad; o los pocos que vayan quedando con los recortes presupuestarios de la nueva administración.

Una pregunta que se hace en la encuesta del censo es de qué raza se consideran los ciudadanos; EEUU es uno de los pocos países en los que se realiza este tipo de preguntas. Según los datos del último censo en 2020, un total de 331.449.281 personas vivían en el país. Y, según la Oficina del Censo, un 58% se consideraba blanco, un 19% hispano o latino, un 13,6% afroamericano, un 6,3% asiático y un 1,3% nativo americano, aunque un 4% se consideraba de dos o más razas. Según la misma oficina, el mayor crecimiento de población desde el último censo de 2010 lo protagonizaron las personas multirraciales, los latinos y los asiáticos. En contraste, la población blanca (no hispana) disminuyó por primera vez en la historia del censo, reduciéndose en un 8,6%.

Según las estimaciones más recientes de la Oficina del Censo, en 2023 había aproximadamente 46 millones de inmigrantes viviendo en los Estados Unidos, lo que representa alrededor del 13,9% de la población total. Los inmigrantes son mayormente latinoamericanos y caribeños, con una estimación de 10 a 11 millones de indocumentados, aunque otras fuentes elevan esta cifra hasta los 15-20 millones. Además, representan alrededor del 17% de la fuerza laboral en EEUU Con la caza al inmigrante desencadenada por el nuevo gobierno, estas cifras habrán sufrido un ligero descenso, ya que, según el ICE, se han realizado 676.873 deportaciones desde 2025.

Uno de la serie encadenada de decretos ha sido el que elimina los programas de diversidad del gobierno federal, algo que muchas empresas privadas han comenzado también a aplicar, excepto Apple, que se ha convertido en la nota discordante entre las grandes compañías tecnológicas. Otro decreto ha dado luz verde a la caza y captura del inmigrante irregular con recompensas de 1000 dólares por cabeza en algunos estados; solo se olvidaron de añadir “vivo o muerto”. La jauría humana a la caza del inmigrante. Ya lo hicieron durante la Segunda Guerra Mundial contra las personas de origen alemán o japonés, que fueron puestas en campos de concentración. Un bonito ejemplo de la estrategia utilizada por primera vez por los ingleses en las guerras contra los bóeres en Sudáfrica y que Israel quiere instalar en Gaza y Cisjordania. Las cosas no han cambiado tanto.

En EEUU, los WASP (del inglés White Anglo-Saxon Protestant) conforman el grupo de blancos anglosajones y protestantes de clase alta, de origen británico, que forman la élite del país y que han dominado la política, la economía y la cultura estadounidenses durante la mayor parte de su historia. Este término está asociado a los estadounidenses blancos que defienden los valores tradicionales (religión, orden, familia) y rechazan la influencia de cualquier grupo étnico o nacionalidad ajena a la suya. El presidente estadounidense JFK, católico y de origen irlandés, fue el primer presidente del país que no era un WASP.

Alexander Keyssar, profesor de historia y política social en Harvard, afirma en su libro Why Do We Still Have the Electoral College? (¿Por qué tenemos todavía los colegios electorales?) que la esclavitud desempeñó un papel crucial en el diseño original del sistema de elecciones presidenciales. La fórmula que da representación a los estados en el Congreso por las tres quintas partes de sus esclavos se transfirió a la asignación de votos electorales; el número de votos electorales otorgados a cada estado era (y sigue siendo) equivalente a la representación de ese estado en la Cámara y el Senado.

Este diseño constitucional dio a los sureños blancos una influencia desproporcionada en la elección de los presidentes, una ventaja que puede afectar el resultado de las elecciones. Los líderes de los estados del sur han resistido todos los intentos de reforma del sistema electoral, con más de 700 enmiendas rechazadas desde el siglo XIX. Los sureños blancos, en consecuencia, obtuvieron un beneficio aún mayor del Colegio Electoral que el que tenían antes de la Guerra de Secesión. Esa guerra civil que los norteños llaman de Secesión y los sureños Guerra de los Estados. En 1870, con la Decimoquinta Enmienda de la Constitución, se reconoció constitucionalmente el derecho al voto para los hombres afroamericanos, pero no quedó realmente protegido hasta 1965. Y fue la lucha por los derechos civiles en los años 60 la que consiguió acabar con la segregación racial.

Los americanos son muy aficionados a la genealogía y han creado grandes compañías para rastrear sus orígenes. Compañías como Ancestry, 23andMe y otras ofrecen tests de ADN. Un gran negocio: por unos pocos dólares te ofrecen, sin saber muy bien cómo, darte una información aproximada de tu origen racial, étnico y geográfico. A cambio, les has dado toda la información sobre tu persona. Y, como ocurre con las grandes compañías de la red, el secreto del negocio es la recogida masiva de información de millones de personas que luego venden en otros mercados para hacer negocios lucrativos. Es como vender tu alma por un plato de lentejas. Muchos de sus ciudadanos quieren poder demostrar que pertenecen a viejas generaciones.

Las fotos del gabinete de gobierno de D. Trump hablan por sí solas: los chicos WASP están de vuelta, con algunas rubias platinadas para dar la falsa impresión de que las mujeres también gobiernan. Es el prototipo de la mujer del movimiento MAGA: rubias de platino, con zapatos de tacón alto, labios y otras partes corporales moldeadas con silicona o bótox y, si puede ser, con pistola al cinto para demostrar su valentía, aunque su lugar preferente esté en el hogar, reproduciéndose y cuidando a los vástagos.

Hace unos meses, el gobierno de los EEUU acogió a un grupo de nacionales de Sudáfrica justificando que los blancos africanos sufrían discriminación y persecución por parte de su gobierno. La mayoría de ellos eran granjeros y acusaban al gobierno de persecución política. Entretanto, el gobierno de los EEUU expulsa a los inmigrantes haitianos, cubanos o de cualquier otra nacionalidad acogidos bajo las leyes de refugio de gobiernos anteriores. Ni a sus colaboradores en la guerra de Afganistán quieren; tienen a varios miles abandonados en Catar.

Recientemente, respecto a las nuevas directivas de la presidencia, el N.Y. Times informaba, citando a Bárbara L. Strack (exjefa de la división de asuntos de refugiados del Servicio de Ciudadanía e Inmigración durante las administraciones de Bush, Obama y Trump): “Refleja una idea preexistente entre algunos miembros de la administración Trump sobre quiénes son los verdaderos estadounidenses. Y ellos piensan que son los blancos y los cristianos”. El 47.º presidente, para atraer los votos de los cristianos, se ha opuesto al aborto y vende sus biblias a un buen precio: por 59,99 dólares más gastos de envío.

En la República Dominicana, durante la dictadura de Trujillo, el general favoreció la emigración de españoles otorgando propiedades agrícolas (en un acuerdo con Franco) con la intención, por un lado, de marcar el límite territorial de la RD con Haití y, por otro, de “blanquear” la raza. Los bóeres justificaron el apartheid en Sudáfrica basándose en su lectura bíblica. D. Trump no es nada original. Israel reclama seguridad y, creyéndose el pueblo elegido, pretende volver a sus orígenes bíblicos ocupando manu militari los territorios de Cisjordania y parte del Líbano.

Instituciones (think tanks, como les llaman), como The Heritage Foundation y su Proyecto 2025, o el Claremont Institute, reclaman la vuelta al American way of life y sirven como soporte ideológico para muchas –si no todas– de las decisiones políticas, sobre todo internas, del presidente Trump, con un camino claro hacia la autocracia. Sirvan como ejemplo los 217 decretos del primer año de su presidencia.

Ahora, este 4 de julio se celebran los 250 años de la proclamación de la independencia de las 13 colonias, apoyada por Francia y España por su rivalidad con Inglaterra. La aniquilación de los habitantes originales, las guerras contra México con la anexión de varios estados sureños o las compras a Francia de Luisiana, de Manhattan a los holandeses o de Alaska a los rusos fueron parte de las estrategias para que, dos siglos más tarde, con la incorporación de Hawái, alcanzaran los 50 estados. Su ambición expansionista no ha cesado y ya conocemos las aspiraciones del actual presidente. Pero los EEUU han pasado de ser el modelo de la democracia a ser una democracia en decadencia, con las tendencias totalitarias de su presidente y de su entorno. Han perdido toda la autoridad moral para gran parte de los habitantes de muchos países. Quieren volver a la supremacía blanca.

En la foto de la primera conferencia de prensa del gabinete de Trump se podía ver el predominio WASP, con el profeta de Tesla como orador, mientras el presi miraba en su móvil su última producción digital, en la que al escarnio y el asesinato de los palestinos en Gaza se añade la mofa y el insulto a los muertos y los supervivientes. La burla a sus opositores o cualquier otra ocurrencia de su mente de matón de patio de colegio. La crueldad de DT y su gabinete no conoce límites. Wasp también significa ‘avispa’ en inglés, por lo que está claro que estamos dentro del nido de un gran avispero que puede ser mortífero. Seguimos con la supremacía blanca del poder de los EEUU, a la que también aspiran algunos partidos de ultraderecha europeos como AfD o Vox, por citar solo dos.