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El Niño, “más leña al fuego del cambio climático”

En el último boletín de la Organización Meteorológica Mundial (OMM) publicado el pasado martes 2 de junio, hemos podido leer un informe que dice: “las condiciones atmosféricas y oceánicas observadas durante la primavera apuntan a un rápido desarrollo del fenómeno de El Niño, con una probabilidad del 80% de que se establezca entre junio y agosto de 2026”. Las previsiones aumentan incluso hasta cerca del 90% para los meses posteriores. Los firmantes del estudio creen que el Pacífico tropical entrará en una nueva “fase cálida” del llamado ciclo ENSO.

El ciclo ENSO (El Niño-Oscilación del Sur) es un fenómeno natural que acopla el océano y la atmósfera en el Pacífico Tropical. Su ciclo de 2 a 7 años alterna entre tres fases: El Niño (calentamiento), La Niña (enfriamiento) y una Fase Neutra, provocando alteraciones climáticas globales extremas como sequías y lluvias torrenciales.

Al proceso de calentamiento global que vive el planeta causado principalmente por la quema de combustibles fósiles se le unirá de forma inminente, según los científicos, un evento natural que puede complicar aún más la situación: la llegada de El Niño, un patrón climático caracterizado por el aumento del calor en la superficie del agua en las áreas tropicales del Pacífico que acaba teniendo efectos en todo el globo, intensificando fenómenos extremos.

Aunque sus consecuencias pueden variar, El Niño ha traído en anteriores ocasiones –la última vez que se dio fue entre 2023 y 2024 y se registraron temperaturas globales récord– cambios en “las pautas de temperatura y precipitación a escala mundial”, además de aumentar “el riesgo de fenómenos meteorológicos extremos”, según el informe de la OMM.

António Guterres, secretario general de la ONU, ha recurrido a otra comparación: “Las condiciones asociadas al episodio de El Niño echarán más leña al fuego de un mundo que se calienta”. Y ha añadido: “Las consecuencias se dejarán sentir con una intensidad todavía mayor y su alcance será aún más amplio, cruzando fronteras a una velocidad devastadora”.

Pero, más allá de este fenómeno natural, Guterres ha insistido en que la única respuesta “eficaz” para paliar los impactos es “una acción climática a la altura de la crisis”, que pase por “acabar con la adicción a los combustibles fósiles” y “acelerar la transición a las energías renovables”. Además, su receta la completa la protección de “los más vulnerables”.

El Niño es uno de los principales moduladores del clima de todo el planeta. La OMM recuerda que sus efectos no son iguales en todas las regiones ni dependen exclusivamente de la intensidad del fenómeno. Eso sí, “los episodios de El Niño han estado asociados a alteraciones significativas en los patrones de precipitación y temperatura en numerosos continentes, incrementando el riesgo de sequías en algunas zonas y de lluvias intensas e inundaciones en otras”.

El Niño, ¿cómo afectará a la península Ibérica y a Euskadi?

Distintos expertos han asegurado que “no hay una correlación clara y directa” entre el fenómeno y sus efectos en el Estado español porque los patrones atmosféricos en la península ibérica “son muy variados”. Sin embargo, en base a los estudios al respecto, “puede haber cierta correlación entre finales de otoño y comienzos de inviernos más lluviosos y ocurrencia de El Niño”.

En lo referente a las temperaturas de este verano, “lo más probable es que El Niño no tenga apenas influencia”, ha afirmado la Aemet, debido a que “estará en su fase incipiente”. No obstante, el fenómeno de El Niño afecta de forma indirecta, provocando un aumento anómalo de las temperaturas y un incremento en la frecuencia de eventos climáticos extremos, como olas de calor, sequías prolongadas o, alternativamente, precipitaciones torrenciales.

Cuando se desencadena El Niño, el planeta se recalienta más. Eso se suma a las temperaturas globales extras consecuencia del cambio climático provocado por los humanos. Calor sobre calor. De ahí se ha manejado la idea de que, si hay un Niño muy fuerte, el verano puede llegar a registros muy severos. Sin embargo, la Aemet ha querido matizar que cuando este fenómeno natural esté actuando a pleno rendimiento y genere más calor, habrá pasado el verano.

De todas formas, con el Niño o sin él, los veranos de 2022 y 2023, seguidos muy de cerca por 2025 y 2020, han sido los más calurosos en Euskadi desde que se tienen registros.

La temperatura es solo una de las variables climáticas que se ve alterada por el cambio climático. Los patrones de precipitación también están cambiando, y todos estos cambios se traducen en impactos en los ecosistemas, en la disponibilidad de recursos hídricos, en el nivel del mar, en la pérdida de la biodiversidad de los ecosistemas y en el aumento del riesgo de lluvias torrenciales.

Si bien reducir emisiones es muy importante en la lucha contra el cambio climático, y podemos hacer mucho más en Euskadi, prevenir y adaptarse ya no es una opción, es un imperativo y una acción inaplazable. Para ello, se requiere un análisis de riesgos climáticos relevantes en todos los sectores que conforman el sistema socioecológico y económico vasco: salud, agua, biodiversidad, sector forestal, agricultura, energía, movilidad, industria, turismo, sistema financiero, patrimonio cultural, cohesión social y municipios, que oriente la planificación de políticas públicas de adaptación y la integración de la variable climática en la toma de decisiones.

Pero, además, uno de los requisitos en las políticas de adaptación al cambio climático es contar con una adecuada dotación presupuestaria en los Presupuestos Generales de Euskadi. Actuar ahora no solo es más rentable económicamente, sino que salva vidas.

Experto en temas ambientales y Premio Nacional De Medio Ambiente