Mientras La 2 de TVE estrenaba el pasado sábado por la noche la versión Deluxe de Malas Lenguas, la enésima tertulia política con abandono de plató incluido, Antena 3 se ponía juguetona con Una fiesta de muerte, nuevo programa donde matan de mentirijillas a un famoso y otros seis tiene que adivinar quién fue. En la primera entrega asesinaron a Bertín Osborne delante de Marta Sánchez, Antonio Resines, Ana Peleteiro, Esperansa Grasia y los canteranos Alberto Chicote y Glòria Serra, que a través de pistas tenían que dar con el asesino.
Cosas de mi escasa comprensión lectora o del poco interés que le pongo a las notas de prensa que mandan las cadenas antes de un estreno, para que no me lo estropeen, pensaba que se cargaban a uno y que entre los otros seis sospechosos se encontraba el asesino, por lo que cada uno debía justificar sus motivos y sus coartadas, en plan novela de Agatha Christie o un capítulo cualquiera de Se ha escrito un crimen, por citar a los clásicos. O de Traitors España, si es usted más contemporáneo.
Pero no, en realidad aquí el asesino puede ser cualquier famoso ajeno al programa, incluso una amiga influencer de Marta Sánchez que nadie conoce salvo ella. El problema de todo esto es que, como no hay nada que argumentar, convierten a los otros seis famosos en meros investigadores, y, a falta de una trama que los implique en el suceso, el asesino va dejando pistas absurdas aquí y allá como sus gustos futboleros, que nos sacan de la historia porque hay que pensar en famosos que no están presentes.
Y así, un programa que podía ser la mar de chulo y resultón, con una trama novelesca, se queda en una torpe escenificación con unos invitados forzadísimos en la recreación de los guiones y un asesino enmascarado que tiene unas ganas locas de que lo pillen.
Lo más absurdo es que, en lugar de que ocurran las cosas con naturalidad, en mitad de la investigación te montan una yincana para que los famosos más jóvenes se pateen a la carrera el museo recogiendo las piezas de un puzle gigante.
Supongo que a alguien en Antena 3 le habrá parecido demasiado arriesgado que no hubiera movimiento en un espacio de prime time si hasta en La 2 abandonan ya los platós.
El programa, adaptación de un formato de los Países Bajos que aquí presenta Àngel Llàcer, se queda en un quiero y no puedo pese a lo original de su propuesta y que permita jugar desde casa con el móvil. Pero resulta especialmente decepcionante que al final detengan al asesino de casualidad sin la mediación siquiera de los investigadores famosos, que solo contrastan si es quienes ellos creían.
Y sí, me hubiera gustado más que el asesino fuera uno de los famosos presentes. Tenerlo delante de las narices desde el principio y ni olerlo.