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Entre el olvido, la costumbre y el asco

A expensas de una disección más pausada de los papeles del 23-F, en la morgue se acumulaba ayer suficiente material para afilar el bisturí sin trocear ese elefante

Entre el olvido, la costumbre y el ascoEFE

Dicen los que saben que el cerebro humano amortigua el impacto de lo terrible para soportarlo emocionalmente. Pues será verdad, porque motivos hay para estar más que asqueados. Ahí juegan su papel el olvido y la costumbre cuando el primero no es posible.

Hemos olvidado convenientemente a los palestinos de Gaza, por poner el caso, a la vista de que no podemos, no sabemos o no queremos poner freno a la política genocida y colonial de Benjamin Netanyahu y su fe sionista radical.

Nos hemos acostumbrado a que Vladímir Putin gane lentamente su guerra ilegítima contra Ucrania porque el régimen se sostiene con superávit en su balanza comercial con exportaciones por encima de los 400.000 millones de dólares anuales. Ahí se lo tenemos que agradecer, sobre todo, a Xi Jinping, que ha hecho de China el sostén económico del régimen ruso con un tercio de las compras, pero aún quedan unos 20.000 millones de dólares que compran Europa y Estados Unidos. Si la guerra es negocio, el negocio es una guerra.

La gota que colma

Vence el plazo de Yolanda Díaz

Liderazgo amortizado. El desgaste del poder venía girando facturas a crédito a la lideresa de Sumar, que no ha cumplido tres años como partido y ya está buscando el modo de subrogarse con su capital de votos. Una sucesión de empresas en toda regla, dicho sea de paso. Las deudas acumuladas pesan en el debe y a Yolanda Díaz le ha llegado la amortización. Anuncia que se descarta como candidata electoral de la próxima amalgama. Antes que ella se apartó Pablo Iglesias de Podemos y el proyecto se dividió en dos; y, mucho antes, venció la letra de Felipe González en el PSOE, aunque él aún no lo sepa.

Nos vamos a acostumbrar a una transición controlada en Venezuela que previsiblemente sostendrá la impunidad de los miembros más útiles del régimen madurista y los revestirá de un halo de legitimidad. Quizá en unos años sufran su propio 23-F por las purgas que se dejen de hacer en los centros del poder predemocrático. Memoria.

Pero, donde no llegan el olvido y la costumbre, se impone el asco. Es un asco catártico, que también apacigua. Tras la arcada, llega la calma engañosa. Un placebo. Lo produce saber que el tránsito de niño a hombre lo asocian cuatro adolescentes a la violación de una niña en tránsito a mujer. No parecen haber indicios previos que adviertan del desvío ético en el proceso de crecimiento. Eso, o no les prestamos atención. Ahora, nos indignamos, nos horrorizamos o, en algunos casos, ni nos enteramos. Mañana, llegará el olvido. Y el peligro de la costumbre por la repetición. Y ésta ya está aquí.