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Al talo

Terminadas las reservas de perretxikos y caracoles de nuestro querido escanciador de cafés mañaneros (¡qué fiestas nos ha dado el amigo!), ahora ha decido que como le ha sobrado txistorra de una cena de un equipo de fútbol -de estos que se ponen a tocar la pelota un sábado a las cuatro y media de la tarde en el correspondiente centro cívico en vez de estar echando la siesta como es debido-, nos la piensa servir todas las mañanas con el cortado en sustitución de las galletitas que siempre le reclaman los más viejos del lugar. Y a pesar de que los periódicos de la barra están inundados de titulares sobre ETA, el verdadero conflicto es si talos sí o talos no, si con la txistorra o hay que traer chorizo y queso, y a qué precios, porque el condumio nos lo quiere dar gratis pero subiendo el precio del café a seis euros. Ni en Armentia, oiga. Y yo les miro extrañado porque todos los presentes han vivido, en parte o por completo, estos 60 años, pero la noticia no parece interesarles mucho. Uno de los más veteranos del lugar me lo explica pronto: “Esto en 2011 fue importante, lo más importante, yo lloré incluso; hoy, no. Así que déjate de leches y vamos a lo sustancial, al talo”. Ahí les he dejado, exigiendo una alternativa vegana a la txistorra. Faltaría.