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Campaña

Sobrepasado el primer fin de semana y encarando ya el ecuador de la campaña electoral, el terreno de la pelea partidista en Catalunya comienza a confirmar los derroteros algo justitos del discurso político. Admitamos que esta campaña es peculiarísima y excepcional por muchas razones -muchas de ellas nada deseables y algunas poco comprensibles-, pero parece incluso algo frívolo que ante esa situación de gravedad y trascendencia el mensaje de los candidatos y líderes políticos se resuma en o yo o el caos. Varía el sujeto y, en función de él o ella, los colores del caos -el caos puede ser la independencia o el 155, por poner-, pero los argumentarios caminan por ahí. Y es cierto que a la canallesca probablemente este tipo de tonos de campaña nos molan más, nos dan más carnaza y tal, pero me pregunto si no sería de agradecer por parte del ciudadano, un ciudadano o una ciudadana medianamente inteligentes y comprometidos razonablemente con su sociedad, poder escuchar propuestas realistas, confrontación de ideas, debates apasionados pero constructivos, pros y contras con menos demagogia... Poder decidir el voto con tranquilidad y cierto fundamento. La Arcadia, todos los días helado de postre. Soy una ingenua, parece mentira.