califica Montoro de borrachera de gasto público las pretensiones de los contrarios a sus cuentas. Dice el ministro que con esas trompas que se cogieron los socialistas hemos vivido borrachos estos diez últimos años. Y que, como quiera que, según él, estamos superando la resaca, la idea es volver a irnos de copas ahora que tenemos más de una moneda en el bolsillo. Curiosa manera de describir la crisis y a los afectados por ella. Juerga y juergistas respectivamente. El Gobierno del PP ha sido algo así como nuestro ibuprofeno y lo que se desprende de la tan atinada metáfora es que la culpa de todo la tiene esa manía irresponsable de porfiar por la cosa social cuando lo que realmente importa es el balance anual de administraciones, bancos y grandes empresas, al fin y al cabo los únicos que tiran del carro. Que ya está bien de querer vivir por encima de nuestras posibilidades, joder, que así nos va por creernos los reyes del mambo. Así que más recortes en pensiones, educación, becas, infraestructuras, sanidad y cultura -las subidas previstas son inferiores al IPC y por tanto son bajadas-, apuesta redoblada por la precariedad laboral y salarial y ¡hala! a seguir presumiendo de locomotora europea. Luego se va Gran Bretaña y ganan Trump, Tsipras, ¿Le Pen? Mucho mejor, claro.
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